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112 VIERNES 9 6 2006 ABC Deportes Saques y voleas, últimos escollos para Rafael Nadal DOMINGO PÉREZ, ENVIADO ESPECIAL PARÍS. Hoy se desarrollará la penúltima batalla antes de la gran final. A la una de la tarde saltarán a la pista Roger Federer y David Nalbandian, con el suizo como gran favorito. Les seguirán Rafael Nadal e Ivan Ljubicic. Está claro que la organización no va a ayudar al español en nada. Pese a que el suizo lleva un día más descanso, no han dudado en situarle en el primer turno, una ventaja inicial interesante pues asegura unas pocas horas más de reposo, que podrían ser muchas más porque existe el riesgo de que el partido del español no acabe y deba continuarse el sábado si el choque inicial se prolonga más de lo previsto. A Ivan Ljubicic nadie lo esperaba en estas semifinales. Ni siquiera es un habitual en estos estadios de un Grand Slam pese a ser el número cuatro del mundo y un top ten más o menos consolidado. La verdad es que fue en el pasado Australia Open cuando alcanzó sus primeros cuartos en un grande. Lo cierto es que su juego no es el más indicado para la tierra batida. Jamás había superado la tercera ronda en París y acumulaba en sus seis participaciones anteriores cuatro eliminaciones en primera. Lo suyo ha sido siempre y sigue siéndolo el saque (43 aces por 13 del español) la subidas a la red (153 por 68) y los puntos ganados en la misma (100 por 48) El circuito de Silverstone, un nuevo obstáculo en el camino de Fernando Alonso hacia el Mundial de Fórmula 1 IVAN LJUBICIC Semifinalista, rival de Nadal Hijo de croata y musulmana bosnia, se libró por poco de la limpieza étnica Se cruza hoy en semifinales de París con un especialista de pista rápida El hombre que esquivó el infierno D. P. El paseo del croata La explicación de su presencia en el penúltimo partido se puede encontrar en una serie numérica: 82, 131, 103, 79 y 95. No es la clave de ninguna caja fuerte, sino el ranking de sus cinco rivales anteriores. Un paseo, vamos. Contra sus servicios- -no tiene muchos problemas para lanzar la bola ni siquiera en arcilla por encima de los 210 km. h. -y sus voleas, Nadal opone la solidez de su juego de fondo y la tranquilidad que concede el saber que le ha ganado las dos últimas veces en que se han enfrentado, y eso que era en pista dura, incluso cubierta, como en la final del pasado Masters Series de Madrid, donde levantó dos sets en contra. Pero hay más asideros para la confianza. Nadal lleva 12 triunfos consecutivos en Roland Garros- -58 seguidos en tierra- -y desde hace año y medio el mallorquín no ha perdido con ningún jugador clasificado entre los diez mejores, destacando cuatro enormes victorias ante el número uno. Y encima el de Manacor se siente a gusto: Mis sensaciones son buenas. He ido a más en el torneo y creo que llego a la semifinal en el mejor momento posible Nadal firmó ayer múltiples autógrafos en París EFE Henin, a revalidar su título La final femenina quedó ayer lista para ser servida. Mañana lucharán por el título la actual campeona, la belga Justine Henin, y la rusa criada en Barcelona Svetlana Kutznesova D. P. PARÍS. Andaba todo el mundo pendiente del duelo belga entre Henin y Clijsters, pero la emoción se refugió en la otra semifinal, la que medía a Kutznesova contra Vaidisova. La campeona en ejercicio se deshizo de su compatriota con una facilidad pasmosa. Un 6- 3, 6- 2 en una horas y 12 minutos y una sensación de superioridad absoluta. Henin confirmó que es la mejor jugadora del mundo sobre la tierra batida y la gran candidata a sumar el tercer Roland Ga- rros de su carrera e igualar, entre otras, a Arantxa Sánchez Vicario en el palmarés. Su rival de mañana salió de una intensa batalla entre una rusa de 21 años y una checa de 17. Era un duelo poco amigo de los tópicos. La hermosa, longilínea y seductora Vaidisova posee un tenis salvaje, duro y repleto de golpes ganadores. La rocosa Kutznesova, pese a su aspecto, es mucho más sutil. Su tenis es más de toque y más artístico. Se vio sorprendida por la rudeza del tenis de la bella. Se encontró con un set en contra, después de haber tenido 5- 3 y saque. Y tuvo que remontar para ganar por 5- 7, 7- 6 (5) 6- 2, y colarse en la segunda final de Grand Slam de su carrera. La primera, que ganó, fue en el US Open de 2004. Ivan Ljubicic tenía 13 años cuando su apacible vida en Banja Luka sufrió una convulsión increíble. La guerra se adueñaba de Yugoslavia en 1992 e irrumpía en su ciudad con inusitada virulencia y salvajismo. Hijo de Marko, ingeniero electrónico, y de Hazira, ama de casa de religión musulmana, se vio obligado a abandonar precipitadamente su casa. Recuerda aquel infierno con dolor: En aquella época, familias enteras desaparecían de la noche a la mañana. Mi hermano, Vlado, mi madre y yo conseguimos tomar el último avión que dejaron despegar Ese día se cerró el espacio aéreo y todos los que salieron después fueron bombardeados sistemáticamente. No sé hasta qué punto salvamos la vida, pero quedarse no era lo más seguro Aterrizaron en Belgrado: Estuvimos 15 horas esperando el autobús en la estación, una situación difícil para unos bosniocroatas en medio de serbios. Y luego otras 40 horas de viaje. No pudimos entrar en Croacia al primer intento porque el autobús tenía matrícula serbia. Pasamos caminando al otro lado de la aduana para coger otro autocar. Fue un viaje muy duro Tanto que acabó en un campo de concentración. Y por medio, la incertidumbre de lo que le podría haber ocurrido a su padre: Ni lo vi ni hablé con él durante seis meses. No sabía si vivía o no, hasta que un buen día nos telefoneó. Unas semanas después, nos reencontramos en Croacia Fue entonces cuando aquel espigado muchacho, que ahora mide 1,93 y posee uno de los servicios más terribles del circuito, se aferró al tenis para salir adelante: Jugaba desde los nueve años a un nivel muy bajo porque sólo pensaba en hacer deporte para crecer sano Pero de golpe la raqueta se convertía en un pasaporte hacia la prosperidad. Aceptó la beca de un club turinés para pulir sus habilidades tenísticas. Allí vivió tres años con 50 dólares mensuales preparando su salto definitivo al profesionalismo.