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ABC VIERNES 9 6 2006 Cultura 67 entrevista a ANA FERNÁNDEZ, actriz Las más grandes son generosas Ganadora del Goya a la Mejor Actriz Revelación por el filme de Zambrano Solas Ana Fernández ha sabido alternar en su carrera cinematográfica a todo tipo de personajes. Este viernes se estrena Amor en defensa propia que ella protagoniza JOSÉ E. ARENAS MADRID. Haga lo que haga delante de la cámara sobresale su delicada exquisitez física. Posee una mirada tierna que refleja mil vivencias utilizadas con destreza para añadir matices a sus personajes. Amor en defensa propia es la primera de las dos películas que va a estrenar este mes. Sin ti de Raimon Masllorens es la otra, y ambas tienen en común el que sus personajes son fuertes e intentan cambiar sus vidas. -Sin esperarlo han coincidido las dos cintas. La verdad es que me siento afortunada con lo que me ofrecen. Mujeres activas, que crecen tanto en una película como en la otra. No son personajes que apoyan al protagonista. Tienen vida y evolución propia. Lucía Sin ti está en la treintena y Adriana Amor en defensa propia se encuentra en los cuarenta. Las dos pasan por una etapa en la que se plantean qué han hecho con sus vidas, qué trenes ya no podrán coger y cuáles son los que no deben dejar pasar de largo. -No es fácil encontrar trabajos así. -Es cuestión de suerte. He trabajado con directores consagrados, pero también apuesto por otros nuevos. -Desde que intervino en Solas ha logrado compartir plano con actrices veteranas y sabias, e igualmente la han dirigido potentes mujeres, ¿Qué tal las experiencias? -Mi carrera está marcada así desde el principio. María Galiana, por ejemplo, es casi como mi madre. Después de Solas hicimos una miniserie para televisión y la adoro. Con las directoras, igual. Cuando Patricia Ferreira o Laura Mañá me llamen, vuelo a su lado... Me impresionó bastante coincidir con Carmen Maura en La promesa Es una mujer increíble y me fijo mucho en ella. Es admirable tener una trayectoria como la suya. Irene Gutiérrez Caba... ¡Ay! Las grandes, grandes, grandes, son generosas- ¿Y los hombres? -Es un placer sentirte dirigida por Garci, Almodóvar. Antonio Hernández, Sergio Renán... ¡Ah! Recuerdo haber sentido vértigo cuando supe que iba a trabajar con Miguel Ángel Solá. Mi segunda película y Solá. Bueno, pues fue un compañero estupendo, del que aprendí mucho. -Ya ha terminado Lola de Miguel Hermoso. ¿A quién interpreta en este filme? -A Rosario, un personaje del que he terminado enamorada, por la cantidad de matices que hay en él. ¿Cómo se las arregla para que no se le note el acento andaluz? Parece una muchachita de Valladolid. ¿Usted cree? Pregunte a Concha Velas y verá lo que le dice (ríe) Ana Fernández, en una escena de la película Amor en defensa propia ABC Amor en defensa propia Las vidas de nadie España, 100 m. Director: Rafa Russo Intérpretes: Ana Fernández, Gustavo Garzón, Manuel Morón FEDERICO MARÍN BELLÓN n embaucador argentino que pone el contador a cero cada mañana y una española que sólo guarda en la nevera dos divorcios, un hijo resentido y una botella de vino acaban unidos como dos piezas de puzle desgastadas: no encajan a la perfección, pero se adaptan. Ambos se cuelan en el tren con el mismo entusiasmo asustado, sin atreverse a abrir la maleta delante del otro. Rafa Russo descubre en estos personajes la oportunidad de contar muchas cosas con sencillez y buen gusto. Su guión no sólo está bien escrito y huye de la grandilocuencia, sino que además encuentra el modo de rematarlo lejos del tópico. Desde Lluvia en los zapatos y Aunque tú no lo sepas Russo ha demostrado que lo que sale de su teclado puede compaginar literatura y autenticidad. En su puesta de largo como director, no estropea algo tan trabajoso e inusual como un texto con alma y en la dirección de actores no pierde la cabeza. Disfrutando a Ana Fernández, uno no sabe si celebrar o lamentar su tardío descubrimiento, mientras que Manuel Morón es siempre una garantía. A Gustavo Garzón le toca cubrir el flanco más peligroso, el menos cercano al espectador y el más complejo. El porteño pierde alguna batalla en la colina de la empatía, pero gana la guerra. U