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ABC VIERNES 9 6 2006 Cultura 65 Hugh Grant, en una imagen de la película American Dreamz que hoy llega a las pantallas españolas ABC American Dreamz El negocio del espectáculo Estados Unidos, 107 m. Director: Paul Weitz Intérpretes: Hugh Grant, Mandy Moore, Dennis Quaid, Willem Dafoe, Marcia Gay Harden ANTONIO WEINRICHTER P aul Weitz es conocido como originador de la popular franquicia de picores adolescentes American Pie y director de Un niño grande una de las mejores comedias de la escuela británica de Hugh Grant y, quizá, la primera que explotaba la ve- na oscura del simpático actor. En estos zueñoz americanoz amplía su paleta, por así decir, y se marca un número desorbitado de dianas para sus dardos satíricos. Se burla de los concursos de triunfitos que parece que también arrasan en la metrópoli americana; se burla de la propia televisión, con un clímax en directo tipo Network se burla (con la inestimable ayuda del propio actor) de la imagen de Grant, que aquí es el puro cinismo encarnado en vivo y en divo en un sujeto que se da asco a sí mismo; se burla de la presidencia, más o menos actual, de los Estados Unidos, con un fabuloso Dennis Quaid encarnando a un Bush (to) parlante que un día decide pensar por su cuenta; y se burla hasta del terrorismo islámico a través de la figura de un concursante cuyo fanatismo viene modulado por su pasión por el show business (idealista, nos tememos, símbolo de cómo la alianza cultural de civilizaciones podría salvarnos de un conflicto global) Son quizá demasiadas dianas para hacer pleno en todas ellas pero lo cierto es que la película resulta bastante agradable de ver gracias a cierta sutileza en su diseño paródico y al eficaz trabajo de su múltiple reparto. Además de los mencionados, está una Mandy Moore que clava su falsa ingenua, la primera dama Marcia Gay Hayden, la siempre excesiva Jennifer Coolidge y un sorprendente Willem Dafoe en su papel de ratuno jefe de Gabinete. No es Wilder (ni Sturges) pero ofrece un pasable retrato del gran carnaval mediático americano. del día o Sentido y sensibilidad Pero terminó aprovechando el humor de Cuatro bodas y un funeral y se convirtió en el rey de las comedias románticas. ¿Qué momento de su carrera recuerda con más melancolía? -Todavía conservo esperanzas de volverme tan loco como cuando tenía 20 años y hacía espectáculos de comedia en pubs de Londres. Me sentía un verdadero hombre al final del día. Era nuestro show, lo habíamos hecho nosotros... Y me sentía mejor que en cualquier otra superproducción de cine que haya hecho después. ¿Ya pasó por la crisis de la mediana edad? -No lo sé... Creo que sí. Fíjese en el Aston Martin que conduzco, supongo que contesta a su pregunta. Pasé por un período de seis meses en el que no estaba seguro sobre mi vida, pero hace cinco años. Supongo que ya pasé la crisis. El otro día lloré viendo Buscando a Nemo A lo mejor también tiene que ver con cierta crisis de mediana edad. ¿Llegó a pensar en dejar el cine? -Sí. Pensé que podía ser más creativo, quería escribir un guión o un libro, lo que fuera. Y me he sentado por horas frente al ordenador, pero es dificilísimo. Yo solía escribir para televisión o anuncios de radio, críticas de libros, pero lo terminaba en las últimas horas, cuando me quedaba poco tiempo, por pánico al incumplimiento. Pero ahora no tengo esa presión y no logro encontrar entusiasmo. ¿Le gustaría vol No me gus- ver a trabajar en petan los papa- lículas dramáticas? razzi, no los- -Pienso sinceramente que interpretar coapruebo, ni media es lo más difícreo que cil. Pero tampoco me sean justifica- molesta que todos los premios y las buenas bles críticas vayan automáticamente a los roles más tenebrosos. Me causa gracia. Tampoco me preocupa demasiado hacer otro estilo de cine. ¿Pero no le parece que hoy escasea la buena calidad en el cine o la televisión? -Tengo mi propia teoría. Todo tiene que ver con el capitalismo y la política del mercado libre. Hay que trabajar duro en los negocios, pensando lo que quiere la gente como el común denominador de la fuerza del mercado. Lo mismo con la comida. La gente no debería comer las rosquillas Krispy Kreme doughnuts, pero dicen: Vamos a crearlas porque son tan deliciosas que nadie va a poder resistirse Lo mismo con McDonalds e igual con la televisión. Se plantean crear, sin importar nada de calidad, siempre y cuando consigan buenas audiencias. Lo han hecho brillantemente y por eso hay programas como American Idol que son brillantes porquerías. Nos reímos cuando decimos que nos gusta, aunque no sé la razón. Pero una parte de mí cree que el mundo va directo al infierno por ese camino, con la comida basura, una basura política y una basura de cultura.