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ABC VIERNES 9 6 2006 Cultura 61 MAÑANA, EN ABCD LAS ARTES Y LAS LETRAS Entrevista Confrontaciones Aires orientales www. abc. es abcd Electrónica Los superhéroes saltan de las páginas de los tebeos a las pantallas cinematográficas y los videojuegos. El Salón del Cómic de Barcelona, que se celebra estos días, es un buen escaparate de las tendencias últimas del noveno arte Lorenzo Meyer: Fox perdió una gran oportunidad Coordinador junto a Ilán Bizberg de Una historia contemporánea de México el historiador Lorenzo Meyer analiza la situación de su país a pocas semanas de las elecciones presidenciales El Museo del Prado se abre al genio de Pablo Picasso Picasso. Tradición y vanguardia con doble sede en el Museo del Prado y en el Reina Sofía, está llamada a ser una de las grandes superproducciones museísticas de los últimos años El despertar de Asia rompe moldes y abre nuevas puertas El desarrollo económico de los países aisiáticos va en paralelo con el auge de su cinematografía, un reflejo de la gran transformación estética y social que está experimentando su población más joven Citas de vanguardia: ¿Hay vida fuera del Sónar? El Sónar se ha afianzado como una cita ineludible entre las dedicadas a las músicas avanzadas pero se abren paso otras propuestas capaces de superar en actualidad e interés al festival barcelonés ÓPERA Diálogos de carmelitas Poulenc: Dialogos de carmelitas Int. Ch. Robertson (El marqués de La Force) A. Rost (Blanche) W. Burden (El caballero) R. Kabaivanska (Madame de Croissy) G. Séller (Madame Lidoine) B. Dever (Madre Marie) P. Petibon (Sor Constante) M. Obiol (Madre Jeanne) M. J. Suárez (Sor Matilde) Coro y Orq: Titular del Teatro Real. Dir. escena: R. Carsen. Esc. M. Levine. Fig. F. Bauer. Ilum. J. Kalman. Dir. musical: J. López Cobos. Lugar: Teatro Real. Fecha: 9- VI. ALIMENTO DE CORAZONES ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE jos, Madame de Croissy (Raina Kabaivanska) canta no es que quiera engañar a nadie... el mío fue otro tiempo y con semejante naturalidad representa su papel. Luego, dice vivir de ilusiones, y vuelve a tener razón, a pesar de que en el aire siempre queden detalles que lleven a refugiarse en esa peligrosa forma de recordar que se llama nostalgia y que unida a lo melancólico tan eficaz es en el teatro. Con estos argumentos se presenta, también, esta producción fabricada en Ámsterdam en 2002 y dirigida por Robert Carsen. Sensacional realización cabría decir por cuanto tiene la virtud de fundirse con la propia música y, al tiempo, poseer ritmo musical. Algún detalle: el comienzo sobre negro y la inmediata y transgresora entrada del pueblo revo- lucionario, el movimiento casi coreográfico de escenas tan singulares y peligrosas (por su cercanía a la banalidad) como la muerte de las religiosas en el patíbulo, una a una desmayándose y apagando su voz ante la amplificada caída de la hoja afilada, o el descubrimiento del cadáver de la superiora convertido en sepultura de flores. Y más aún el gusto por las disposiciones simétricas con toda la impresión de serenidad que de ellas se desprende, el acento intencionado de una iluminación irreprochable (Jean Kalman) y la sugerencia que del espacio vital en el que se desarrolla la acción apunta un vestuario tan digno y coherente (Falk Bauer) Pocas veces el escenario del Real ha estado más lleno de sustancia y más vacío de elementos, más cargado de carácter D iálogos de carmelitas tenía que llegar al Teatro Real, a Madrid. Lo reclamaba una ópera sincera, reflexiva, trazada, por Francis Poulenc, con la mano del oficio y el sentimiento del oído, fuera de toda especulación. Lo que no es tan evidente es si lo ha hecho en el momento ideal. Diálogos de carmelitas demanda reposo, serenidad, esa tranquilidad de espíritu que transmiten, por ejemplo, todas y cada una de las estupendas fotografías de Jean- Pierre Gilson incluidas en el libro- programa que ha editado el teatro para estas representaciones. Y está claro que no son estos, precisamente, tiempos de calma y sosiego. Por eso, el Real, tratando de cuidarse en salud, se ha visto en la necesidad de incluir un encarte en los programas donde, con un lenguaje de exquisito tacto, recuerda que las funciones comienzan puntualmente que esta ciudad es famosa por su incómoda movilidad, y que conviene tener una especial precaución a la hora de planificar la agenda. Sin duda, hace bien el Real en entregar este aviso que a más de uno distraerá durante la espera en el vestíbulo del teatro tras haber llegado tarde. Pero así son las cosas y ante la verdad sólo caben parabienes. En estos Diálogos de carmelitas sin ir más le- y más ligero de accesorios (Michael Levine) Con razón, en el estreno de anoche, se aplaudió este trabajo que entra por los ojos. Luego los triunfos se repartieron de forma más o menos equilibrada, lo cual es muy de agradecer en una obra que tiene algo de coral, que a base de sumar pláticas y oraciones ve transcurrir el tiempo... y que tanta importancia reserva a la expresión que sale desde el foso. Así lo hicieron comprender Jesús López Cobos y la orquesta titular, llevando la obra a más. De seguro que, en futuras representaciones, lo harán todavía de forma más sólida, enriqueciendo la ya de por sí rica textura orquestal, lo cual augura un mayor éxito. Lo importante es saber que todo, con muy estimable seguridad interpretativa está en su sitio y que frente a la irrealidad del escenario surge un plantel de voces con personalidad y definición. Blanche (Andrea Rost) quizá sea el papel más desarrollado. Esa es su dificultad y, también, su éxito, pues cualquier destemple ocasional se suple con la solidez de lo que crece en intensidad e intención. Del mismo modo las dificultades del papel de Madame Lidoine (Gwynne Geyer) perdonan cualquier tropiezo, así como las voluntariosas imprecaciones de la Madre Marie (Barbara Dever) que convencen por su especial solvencia en el terreno más dramático. Frente a ellas multitud de intervenciones. La más contrastada, sin duda, la de Sor Constante (Patricia Petibon) por la frescura que desprende y la fortuna a la hora de manifestarse de forma lírica y recogida. Luego, por traer a alguien del más escaso reparto masculino, está la buena realización del Caballero de La Force (William Burden) pues tiene a sus cargo uno de los momentos culminantes de la obra en el decisivo encuentro con su hermana en el convento, separados ambos por una reja de religiosas con la cabeza cubierta. Sobrio. Sereno. Intenso. Un detalle más para estos retratos de imágenes sugerentes que son Diálogos de carmelitas Por fin en Madrid.