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ABC VIERNES 9 6 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA LA ENCERRONA N EL BOGAVANTE APÓSTATA M ENUDO derroche de sensibilidad el de la Casa de América de Madrid renunciando a la representación en sus salas de la obra de teatro Accidens (Matar para comer) por sacrificarse en ésta un bogavante como parte elemental del argumento. Se ve que el actor autor director- -que viene de representar la obra en diversos festivales de teatro vanguardista de Francia y Alemania- -se permite cruzar la delgada línea roja que separa el buen gusto del malo y comerse nada menos que un bogavante después de haberlo cocido y troceado. Poco más o menos lo mismo que hacen los de la Casa de América, o usted, o yo mismo, cuando comemos bogavante; lo mismo, pero en un escenario. Los ecologistas más excitados celebran que se haya tomado esta decisión- -si es que es tal, ya que, habiendo conocido a los señores y señoras de la Casa de América y sienCARLOS do éstos personas de trato afable e HERRERA inteligente, me cuesta creerlo- -y que se haya librado a un miembro del reino animal de una tortura tan insoportable como la del toro en la plaza. Ese bogavante tendría bogavantitos y bogavantitas- -piensen qué sería de ellos- y sería merecedor de una vida digna, de una pecera con sus roquitas y sus plantitas, de una vida en libertad o, en su caso, de una muerte aséptica en el agua hirviendo de un cocedero. Jamás, en cualquier caso, en un escenario. Los escenarios están para que Leire Pajín y nuestra Embajada en Lisboa patrocinen, en la medida de sus posibilidades, esa obra capital de la dramaturgia europea de título blasfemo con el que un dramaturgo cósmico exhibe su descomunal talento. No, en cualquier caso, para otras vanguardias marisqueras. No se extrañen: son tiempos en los que los simios obtienen el derecho a que el Congreso de los Diputados dedique la sesión de una tarde a debatir sobre los derechos humanos que por lo visto merecen y que no seré yo quien discuta. Ese día sus señorías no tenían otra labor más urgente que instaurar una declaración reivindicativa de tal alcance que pueda permitirle a la vicepresidenta uno de sus célebres golpes de pecho en defensa de los desfavorecidos. El mismo lince que promovió la moción y que no es otro que Francisco Garrido, el diputado oficialmente verde del PSOE, trabaja ahora en otro asunto que no acabo de concebir por qué razón no se ha abordado antes que las listas de espera en los hospitales o las materias evaluables en los colegios públicos: la apostasía. No crean ustedes que a la ciudadanía le preocupa básicamente ser operada antes de que les coma el mal o de que se queden ciegos del todo o de que no puedan apoyar el pie en el suelo; no crean que sienten inquietud por saber si sus hijos van a gozar de las mismas oportunidades que los nacidos en otras partes del territorio nacional o si lo que van a estudiar les va a servir de algo algún día; no, ni mucho menos. Cada día a más ciudadanos y ciudadanas les preocupan las enormes dificultades, o la imposibilidad, para obtener la apostasía Son palabras de este fenómeno. ¿No lo nota usted en la calle? ¿No ve cómo la gente camina inquieta por no haber obtenido de su cura párroco un documento que garantice que le han borrado de la Iglesia? Los fenómenos de Izquierda Unida ya se han apresurado a presentar una proposición no de ley en ese sentido. Junto con la propuesta de que policías homosexuales atiendan una línea de atención a homosexuales maltratados- -ocurrencia del mismo Garrido- -se completa un lote de extravagancias maravillosas que hace la mar de agradable pertenecer a una sociedad tan avanzada. Ahora que caigo: lo mismo han liberado al bogavante porque se han enterado de que es apóstata. No lo descarten. www. carlosherrera. com UNCA hagas lo que tus enemigos esperan le decía Al Pacino a Andy García en El Padrino III cuando el impulsivo heredero de la famiglia proponía una vendetta inmediata tras el ataque de una banda rival. He aquí una máxima estratégica esencial para esos momentos críticos en que no se controla la iniciativa; lo primero que conviene es intuir las intenciones del adversario. Resulta fácil aplaudir o criticar desde fuera a Rajoy por su decisión de romper con el Gobierno por su acercamiento a BatasunaETA, pero los efectos de esa decisión crucial los va a afrontar en solitario el líder del PP, colocado en una tesitura trascendental para el futuro de la derecha española. Aunque Zapatero se haya embarcado en una deriva indigna que de algún moIGNACIO do absuelve moralmente CAMACHO a los asesinos de su terrible culpa histórica, quizá la cuestión clave consista en adivinar si la ruptura era exactamente la réplica que deseaba el presidente para envolver su apuesta en una estrategia de aislamiento de la única alternativa posible. Zapatero está convencido de que va a sacar adelante su plan, de que el final del proceso está blindado de contingencias, y no parece inclinado a compartir el objetivo más que con sus propios aliados. Su principal problema es convencer a los ciudadanos de que el fin justifica los medios, esto es, del precio a pagar por el cese de la violencia. Como teme que fragüe en la opinión pública un hondo sentimiento de ignominia, trata de presentar a la oposición como un irreductible bastión de intransigencia y envidia que no desea el éxito del Gobierno por intereses electorales. Y ahí es donde hay que calibrar si el movimiento de Rajoy encaja en las previsiones de sus adversarios. La palabra ruptura satisface a los más radicales, a los entusiastas del choque de trenes y a los fanáticos, pero provoca en los decisivos votantes moderados un crujido de zozobra y desasosiego fáciles de manipular por un poder experto en las técnicas de propaganda. Tan experto que está logrando eludir las consecuencias del incumplimiento de su propia palabra. Un aspecto éste, el del engaño manifiesto, la mentira persistente y la traición gubernamental al compromiso adquirido, en el que el PP no insiste con la necesaria eficacia. El papel de Rajoy es sumamente delicado, porque Zapatero le engaña, le chulea, le provoca con situaciones límite buscando que se enroque para presentarlo como un resentido adalid del fracaso. El PP está en medio de una encerrona sibilina cuya iniciativa no puede controlar, y no se va a salir de ella a tirones ni cabezazos, sino con maña y ajuste fino. Cuenta con la fuerza moral de las víctimas- -su voz inobjetable volverá a oírse mañana en Madrid- -y un peso social que lo hace necesario, pero necesita hacer ver que no se opone a un desenlace feliz, sino a una renuncia indecorosa. En democracia no basta con tener razón objetiva: hay que lograr que esa razón sintonice con la percepción de una mayoría que no sólo no sale en los periódicos, sino que ni siquiera los lee.