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ABC VIERNES 9 6 2006 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC EUROPA UN AÑO DESPUÉS DEL NO FRANCÉS Y HOLANDÉS La cuestión decisiva lanzada a Europa se basa en sus finalidades, que deben ser redefinidas a la luz de la posguerra fría y de la mundialización... U N año después del rechazo por parte de los electores franceses y holandeses al proyecto de Constitución, Europa está en un punto muerto, y se afirma como el eslabón débil del mundo desarrollado en la globalización. Y Francia, que está atravesando una crisis nacional sin precedentes desde el fin de la IV República, se ha convertido en el eslabón débil de Europa. Desde el referéndum se han sucedido los fracasos y reveses: desde la victoria de Londres en la organización de los Juegos Olímpicos de 2012, hasta el escándalo Clearstream, pasando por las revueltas urbanas; el descenso al sexto puesto de las economías mundiales detrás de China; la nueva crisis social de las manifestaciones contra el CPE. Y está en juego la marginación de Francia en el mundo y su aislamiento creciente en Europa. Para Europa, igual que para Francia, el referéndum del 29 de mayo de 2005 marca seguramente una ruptura mayor, a la vez que sirve de revelador y acelerador de contradicciones fundamentales que hasta ahora no han encontrado soluciones. cias y de la recuperación en materia de competitividad estructural. El crecimiento sigue teniendo su límite en el 1,5 por ciento en la Unión y el 1,3 por ciento en la zona euro, mientras que se sitúa en un 4,6 por ciento en el mundo, lo que hace de Europa el continente del paro estructural y de la pobreza. El gran mercado retrocede bajo el efecto de un nuevo período de patriotismo económico, que se reduce a un puro proteccionismo, cuya primera consecuencia es obstaculizar la aparición de un capitalismo europeo, como demuestran la renacionalización de las políticas energéticas y la prima a las fusiones fuera de Europa. La ausencia de una política común de inmigración y de una vigilancia de las fronteras alimenta la explosión de los flujos clandestinos, lo cual refuerza las pasiones xenófobas. Los populismos y los extremismos prosperan en las nuevas democracias. En resumen, el movimiento de integración del continente se ha invertido claramente desde 2005, con la vuelta de los nacionalismos, proteccionismos y populismos. l proyecto de Constitución ha liberado y desencadenado tensiones que llevaban acumulándose dos décadas en torno a la Unión, en lugar de ayudar a resolverlas. Tensiones sobre la identidad, las fronteras y los objetivos de la construcción europea, que consistían en la pacificación de las relaciones franco- alemanas, la resistencia a la Unión Soviética y la supresión de las barreras a los intercambios en el interior del mercado común. Estos objetivos desaparecieron con la caída del muro de Berlín y nunca han sido redefinidos. Tensiones sobre el método comunitario, que eludía lo político por lo económico, lo que se ha vuelto imposible con la moneda única: la creación del euro ha hecho insostenible e insoportable el desequilibrio entre la potencia de una Europa monetaria plenamente federal, por un lado, y el vacío de la Europa económica y política, por otro. Tensiones sobre el modo de regular el gran mercado por la sola competencia o las políticas comunes, lo cual nos devuelve a la oposición entre dos concepciones irreconciliables: la primera, liberal y nacional, favorece la aparición de una zona de libre intercambio situada bajo la égida del derecho y del mercado, unida a cooperaciones concretas entre estados; la segunda, más política, pretende buscar la integración efectiva del continente. Es obligado señalar que la paralización de la Unión es hoy total. El proyecto de Constitución, adoptado por 16 países de 25, nació muerto debido a su rechazo por parte de los electores franceses y holandeses, así como por la suspensión de la ratificación por parte de Reino Unido, Irlanda, Polonia y Dinamarca. Sólo se ha logrado un acuerdo mínimo sobre el presupuesto para 2007- 2013 a costa de una reducción drástica a 864 millones de euros, lo que ha llevado a sacrificar los dos objetivos prioritarios de la convergencia de las nuevas democra- E L a regresión europea tiene su origen en el hecho de que la Unión es desde 1990 rehén de los problemas que afectan a tres de sus fundadores principales: Alemania, obnubilada por su reunificación y prisionera de un modelo económico obsoleto hasta la puesta en marcha de la Agenda 2010; Francia, implicada en una espiral de declive debido a su obstinación suicida en rechazar el nuevo mundo de después de la Guerra Fría y de la mundialización; e Italia, donde la debilidad de las instituciones y del sistema político prohíbe las reformas que el euro hace indispensables. La recuperación de Alemania es hoy efectiva y debería acelerarse en 2006. Hasta entonces, es vital reconciliar a la Unión con sus ciudadanos. Y para ello se necesita tanta pedagogía como reforma. La cuestión decisiva lanzada a Europa se basa en sus finalidades, que deben ser redefinidas a la luz de la posguerra fría y de la mundialización. La huida hacia adelante en las sucesivas ampliaciones ha contribuido en gran medida a la falta de una identidad europea y a la disensión de las opiniones. Además, conviene hacer una pausa y conseguir que cualquier nueva adhesión esté precedida por una aclaración de las finalidades y las fronteras de la Unión, así como suspender las negociaciones sobre la adhesión de Turquía para reorientarlas hacia una colaboración privilegiada de la que se beneficien también los estados del Magreb. En el plano institucional, la Unión debe poner en marcha las disposiciones previstas en el Tratado de Niza más que buscar la aplicación forzosa del proyecto de Constitución, con vistas a preparar un tratado con ambiciones más modestas. En el ámbito económico, Europa debe movilizar los márgenes de maniobra de que dispone para dinamizar el crecimiento y el empleo. Reformar los estatutos del Banco Central Europeo para poner fin a una política deflacionista que se traduce en una sobrevaloración del euro del 20 al 25 por ciento. Mejorar la coordinación de las políticas económicas en lugar de privilegiar las estrategias nacionales. Acelerar la terminación del gran mercado, sobre todo en los servicios. Sostener la economía del conocimiento llevando a cabo la estrategia de Lisboa para la reorientación de los presupuestos hacia la financiación de la investigación y la innovación. n el ámbito educativo y cultural, es imprescindible rehabilitar el ideal europeo entre los jóvenes. Por último, el 82 por ciento de los ciudadanos europeos aprueban el principio de una defensa europea centrada en la protección del territorio de la Unión, la lucha contra el terrorismo y la prevención del riesgo de catástrofes. Por lo tanto, debería definirse una estrategia europea de seguridad en torno a cuatro ejes: la vigilancia de las fronteras y los movimientos de población, la permanencia de las infraestructuras esenciales, la prevención y represión del terrorismo, la estabilización de la periferia inmediata de la Unión, y concretamente los protectorados de los Balcanes. Los referendos francés y holandés han puesto en peligro a la Unión, al quebrar el movimiento de su integración en plena fase de mundialización, y a los dos países, al legitimar los impulsos proteccionistas y xenófobos y bloquear su modernidad. Sin embargo, no habrán sido inútiles si favorecen la toma de conciencia de que Europa no se ha hecho y concebido para Europa, sino para los europeos. E NICOLÁS BAVEREZ Historiador y economista