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62 MIÉRCOLES 7 6 2006 ABC Cultura y espectáculos El reconocido fotógrafo, ayer en Madrid, de espaldas a su obra más conocida STEVE McCURRY Fotógrafo Es posible que dentro de unos años vuelva a buscar a la mujer afgana MADRID. Vive en un apartamento de Nueva York, pero como si no lo hiciera. La vida de Steve McCurry (Filadelfia, 1950) está en Asia, donde pasa la mitad de su tiempo empapándose de sus colores: la gena oscura y el oro labrado, el curri y el azafrán, la suntuosa laca negra y la podredumbre cubierta de pintura. Allí, se encuentran, según él, la luz y las creencias que mueven la vida el motor de su inspiración para elaborar paisajes mágicos, pero, sobre todo, retratos profundos y misterioros, que parecen hechos con un pincel de fino trazo y que ha inmortalizado hasta convertir en auténticos clásicos con ese tercer ojo que es, en su caso, la cámara fotográfica. Con ella, este reputado y archipremiado fotorreportero- -varios World Press Photo y la medalla de oro Robert Capa, entre otros- -de National Geographic y de la prestigiosa agencia Magnum ha pasado a la historia con su retrato de la joven afgana de ojos verdes. Ayer, charló con ABC en Madrid, donde inauguró en Audi Fórum (Orense, 13) su particular Peregrinaje por las gentes, lugares, colores y formas que ha conocido en La India, Pakistán, Afganistán, Nepal, Camboya, Sri Lanka, el Tíbet o Tailandia. La exposición, que estará abierta en la capital hasta el 30 de junio, irá a Barcelona (L illa Diagonal, del 18 de septiembre al 14 de octubre) -Vaya paradoja: tiene casa en la gran urbe neoyorquina, pero su vida parece estar siempre en Asia. -Sí. Es cierto. Asia me fascina: es un El fotógrafo de National Geographic inauguró ayer Peregrinaje una antología en la que se incluye el retrato de la joven de ojos verdes, un clásico de la fotografía TEXTO J. HERNÁNDEZ FOTO: IGNACIO GIL mundo mucho más complejo que Nueva York o Europa, tiene un misticismo y unas connotaciones que la hacen muy especial. En el Tíbet, por ejemplo, he encontrado el diálogo, el entendimiento y la no violencia que, sin embargo, es díficil de encontrar en occidente. Es uno de mis sitios favoritos. -Y, sobre todo los colores, como en su famoso retrato de la joven Shabart Gula. -También tienen un significado muy distinto allí. Encuentro en esos colores, en Bombay, Calcuta o, por seguir con el Tíbet, algo que no hay en la iglesia de mi pueblo, Pensilvania, donde hay blanco por todas partes. Para plasmar lo que quiero decir no puedo utilizar el blanco y negro. ¿Volveremos a ver un nuevo retrato de esta mujer afgana con la que ya ha pasado a la posteridad de la fotografía? -Es posible que dentro de unos años vuelva a buscarla, como ya hice diecisiete años después de aquella primera imagen de 1984, que dio la vuelta al mundo. Ha sido increíble la cantidad de cartas y correos electrónicos que he recibido durante todos estos años. -Ese primer retrato ha quedado como una Gioconda moderna en la historia de la fotografía. -Es verdad que se parecen, pero no fue mi idea, aunque lo recibo como un halago, claro. Mi intención fue, pese a los años transcurridos entre una instántanea y la otra, reflejar cómo en realidad se ha detenido el tiempo, cómo no ha cambiado nada: allí siguen viviendo como hace 5.000 años. Siempre he entendido la fotografía como una exploración. -Sus nuevos retos estarán en este continente. -Tengo pendiente Mongolia y También Cuba. ¿No lo he dicho en la rueda de prensa? -Una pregunta de política: ¿Qué opinión le merece lo que está pasando con Irán? Mi intención con las dos fotos es reflejar cómo en realidad se ha detenido el tiempo, no ha cambiado nada -No me parece correcto como está actuando la comunidad internacional. Es como si estuvieran desviando la atención de lo que ocurre en otros lugares del planeta. En rueda de prensa, McCurry, muy reticente a hablar de sus retos más inmediatos, habló de su próximo viaje, Afganistán un proyecto muy grande del que no puedo hablar país que ha visitado 15 veces (lejos de las 85 ocasiones en las que ha estado en La India) y en el que volverá a buscar la vida, como hizo- -y se puede ver en Peregrinaje -con esos famosos ojos verdes, los burkas rojos, azules, marrones, grises o negros en Herat, de los pescadores, que subidos a unos bastones enganchan un pez tras otro en Sri Lanka, esas mujeres yemeníes que se visten de riguroso negro y se ponen extraños sobreros de paja con la copa alargada, ese vendedor que ofrece todos los días flores en el río principal de la dividida Cachemira, los colores rojos de los festivales religiosos de Bombay, las lluvias de los monzones la vida sigue: aunque se haya inundado todo el pueblo, el marido y su mujer tienen que ir a trabajar explica mientras enseña la diapositiva a los periodistas) o un hombre con el agua al cuello... En McCurry todo es peregrinaje fascinación pero siempre historias que contar y, en el caso de Asia, una conexión mística que no se puede explicar pero que recorre, como si fuera su segunda piel, el medio centenar de estas instántaneas, las más per-