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ABC MARTES 6 6 2006 63 Los Príncipes inauguraron la nueva sede del Instituto Cervantes en la ciudad italiana de Palermo Varios cientos de personas se manifiestan en Madrid para pedir la continuidad del teatro Albéniz Las hijas del genio, Paloma y Maya, y su nuera Christine, no se perdieron un solo detalle de la visita El arte todo lo puede: Gallardón y la baronesa Thyssen departieron amigablemente a lo largo de la visita durante la visita, a lo largo de todo el recorrido, aunque de hecho, el alcalde Gallardón y el presidente Zapatero sí que hicieron unos cuantos apartes durante la visita al Prado, en la que también resultaba impresionante e iluminadora la presencia de un lienzo como Idilio realizado por Picasso en 1917, en Italia, y que le muestra también capaz de viajar a la Antigüedad clásica. PICASSO, DIRECTOR DE MUSEOS DELFÍN RODRÍGUEZ En familia Muy cerca de nuestros Reyes, las hijas del genio, Paloma y Maya, no se perdían detalle y recababan continuamente información de los organizadores, al igual que su nuera, Christine RuizPicasso, quien, ya antes de que Sus Majestades llegaran a la pinacoteca madrileña, había comentado que se encontraba impresionada y que sentía una emoción sentimental muy grande, una emoción que tengo que asimilar No es para menos. Y del Prado al Reina Sofía, casi en el corazón del territorio (comanche) Thyssen. Y allí apareció la baronesa, con algo de retraso, pero directa al objetivo, porque enseguida, a la vuelta de una sala, casi visto y no visto, casi vista y no vista, se la pudo ver en amigable ¿arbórea? charla con el alcalde Gallardón. Y es que no hay frontera que el arte no sea capaz de superar. Por su parte, ante esa obra cumbre del arte denuncia, del arte comprometido que es el Guernica el presidente Rodríguez Zapatero se detuvo concienzuda y aplicadamente, quién sabe si con ideas más que pictóricas en su cabeza presidencial y negociadora, repleta de estatutos y de treguas. En frente del Guernica a unos quince metros de distancia, Los fusilamientos del 3 de mayo de 1808 en La Moncloa el grito patriótico, justiciero y pacifista de Francisco de Goya y, casi al lado, Masacre en Corea la réplica en clave picassiana del dramático lienzo del imprescindible aragonés. El artista, como portavoz de los perseguidos, de los inocentes. Bayonetas de Goya, bayonetas de Picasso. Y, mientras, la paz en escorzo, tan sólo. La exposición se abre hoy martes al público en general y permanecerá hasta el próximo 3 de septiembre. Tres meses para paladear buena parte de la obra de un genio, codo a codo con otros genios, todos con lámpara, tres meses en los que Pablo Picasso salva todas las distancias. Las de la tradición incluidas. Una antología de Picasso puede ser admirada en el Museo del Prado a doble exposición, con el común título de Picasso. Tradición y Vanguardia que se inaugura hoy en el Museo Nacional del Prado y en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía es, sin duda, un CHEMA BARROSO L acontecimiento de enorme alcance y que propicia lecturas paralelas e imbricadas, como debe ser y de hecho es, si no, no tendría sentido tamaño esfuerzo artístico, intelectual, historiográfico, político, cultural y económico y con un sentido nacional y europeo muy marcados. Las excusas mediáticas son varias: los 125 años del nacimiento del artista, los 25 años de la llegada simbólica y emocionante- -aún cargada de polémicas un poco absurdas en muchos casos- -del Guernica a España y, por fin, aunque pudiera parecer anecdótica, los 70 años del nombramiento de Picasso como director del Museo del Prado. Que presenciar en el Museo Nacional del Prado más de cuarenta obras magníficas y algunos documentos y dibujos pequeños enormemente significativos de Picasso, como en una extraordinaria antológica, es un lujo emocionante no puede discutirse. Aunque, como dijera hace no demasiados años Robert Rosenblum, Picasso era su mejor historiador del arte y es posible que hubiera elegido algunas otras obras, además de las que se ofrecen al contemplador de este imaginario coloquio entre lo antiguo y lo nuevo, a lo Malraux, del arte de la pintura entendida como arte de y para los museos, para medirse metafóricamente como pintor clásico con la memoria y las ruinas del pasado. Es decir, que Picasso, pintor e historiador del arte de su propia pintura y director del Museo del Prado, hubiera sido feliz, sin duda, con este despliegue. No lo fue del todo, como sabemos, por razones históricas, pero nunca renunció al cargo y este es el momento inolvidable en el que, póstumamente, ha podido ejercer su función e incluso tomar sutiles decisiones sobre el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. En este último, las obras reunidas, aún siendo muy interesantes, sin duda, conforman una muestra bastante menos emocionante, a pesar del corto y raro viaje de la pintura de Goya o del más largo de la de Manet. Es como si Picasso, director póstumo del Museo del Prado, no se sintiera a gusto con ese lugar del arte contemporáneo, como si, en realidad, estuviese insinuando que su Guernica volviese al museo histórico, al lugar que le corresponde, según muchos. Además, incluso en este espacio, recientemente renovado por Nouvel y que fue absurdamente destinado, dicen, para lo contemporáneo, Manet y Goya parecen antiguos y fuera de lugar. Los tres parecen sentirse incómodos. Es más, Jorge Semprún, en su texto para el espléndido catálogo de esta exposición, afirma que Picasso le dijo que quería que el Guernica tuviera como destino el Prado. Argumento tan científico como los del propio Picasso, cuando, como artista y jugando al escondite con los historiadores del arte, decía que nunca había estado en tal museo. Pero es que esta doble exposición posee un discurso doble, uno fascinante y otro propio de un estado nacional del siglo XIX y de sus museos como garantes de esa peculiar forma de entender la historia y la identidad, de España y de Europa, como estudiara ejemplarmente Jean- Louis Déotte en diferentes publicaciones.