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36 Internacional MARTES 6 6 2006 ABC Después de dos décadas de exilio en Etiopía, dos mil refugiados sudaneses reconstruyen su aldea animados por el acuerdo de paz firmado hace un año, que puso fin a veinte años de guerra con el Gobierno militar e islamista de Jartum Primavera de tukules en el Nilo Azul TEXTO ALFONSO ARMADA. ENVIADO ESPECIAL CHALI (SUDÁN) El helicóptero Puma de patente española pilotado por surafricanos remonta el vuelo en Damazin, una de las principales ciudades de la provincia sudanesa del Nilo Azul, y convierte en polvo la disputa entre el comisionado de la antigua guerrilla negra cristiana y el delegado del gobierno militar e islamista de Jartum, que han estado veinte años partiéndose la madre. Tras sobrevolar tierras bajas que la estación de las lluvias anega, y que poco tienen que ver con el árido norte del gigante africano (Sudán abarca casi 18 paralelos) aterriza una hora más tarde en Chali, ante el jolgorio de centenares de niños que han aparecido como por ensalmo. Hace apenas tres meses, en este lugar sólo se alzaban ruinas de lo que fueran la escuela, la comisaría, el hospital... No sorprende que la mezquita fuera el edificio menos castigado ya que la mayor potencia aérea y artillera siempre estuvo del lado de los seguidores de Alá. Ahora son tukules (la tradicional choza de paja de los pueblos negros, como los uduk, mayoritarios en el valle de Chali) los que han brotado como hongos esta primavera. La guerra obligó a que más de 20.000 nativos de este distrito de Blue Nile buscaran refugio en Etiopía. Los primeros 2.000 originarios de Chali (son todavía casi 80.000 los refugiados sudaneses en Etiopía) acaban de cruzar la frontera con la ayuda de Acnur- -agencia de la ONU para los refugiados- El resto esperarán a que escampe. La temporada de lluvias no ha hecho más que comenzar y ha enlodado los caminos. Antiguos refugiados en Etiopía reconstruyen sus tukules (chozas) en el poblado de Chali, en la región sudanesa del Nilo Azul JFMD imperio de Jartum- -el acuerdo de paz ha fijado un poder compartido y un ejército mixto- el almacén de semillas de maíz, tomate, calabaza y sandía de la Organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación está bien provisto para proporcionar a cada familia lo imprescindible. Sera Yesua tiene 27 años y cuatro hijos, todos nacidos en Etiopía, donde sigue su marido, aunque ella dice que volverá. Como a muchos uduk, sobre todo a las mujeres, que son las que más trabajan, cualquier pregunta la hace reír. Tienen la potestad de rechazar al marido y volver a casarse si su hombre las maltrata o no es un buen proveedor A diferencia de los nuer o los dinka, los uluk, cristianos en su inmensa mayoría, no son belicosos. Hace diez años que Sera Yesua huyó al otro lado de la frontera y prefiere no recordar la guerra porque en ella murieron sus padres: Mi memoria no es buena. Y si recuerdo, tengo miedo Está a punto de empezar la construcción de su tukul con la ayuda de parientes y de la comunidad. Lleva dos bidones de plástico: uno de veinte litros y otro de diez, que cuesta lo indecible levantar. Es trabajo duro, que suelen realizar, como casi todas la tareas de África, las mujeres. Cuando en Chali reinaba Amna, obligaba a sus siervos a traerle a diario comida de Etiopía: si llegaba fría, los ejecutaba. Le gustaban buenos mancebos para el lecho: cuando no cumplían, les cortaba la cabeza. De un vistazo se descubre quién es el más rico de Chali: viste de blanco in- Sudán EGIPTO Río Nilo S U D A N ERITREA Jartum CHAD Borrados del mapa Bajo un sol abrasador que agrieta la tierra recién bañada por el chubasco (en lontananza, el tambor del trueno anuncia otra tormenta) los retornados han emprendido con buen ánimo la reconstrucción de un poblado que- -como muchos del sur, como muchos de Darfur- -habían sido borrados del mapa. Con una media de entre ocho y diez hijos por familia, casi todos nacidos en Etiopía, no es de extrañar que cerca del 80 por ciento de la población del nuevo Chali sean niños. Están por todas partes: jugando entre las sombras y los ecos de la mezquita, junto al pozo hidráulico que las mujeres atizan, al pie del viejo árbol lleno de heridas que sabe todo lo que ocurrió aquí, pero calla. Como los centenares de baobabs del bosque de Kúrmuk, condado del mismo nombre, al que pertenece el valle de Chali. En muchas aldeas de las que no quedó rastro, los árboles más viejos sirvieron para que los ancianos localizaran el lugar de sus ancestros y reanudaran una historia interrumpida por el exilio. A pesar de que la paz es todavía más que frágil en Sudán, y de que muchos hijos del sur preferirían desgajarse del Damazin Kúrmuk Chali ETIOPIA merciante, dice que si el gobierno mata a sus súbtidos no es un buen gobierno Huyó a Damazin en 1997, cuando la guerra acabó de desventrar el lugar. Acaso sea cálculo, pero asegura que si el sur se independizara del norte, aquí se quedaría. En cuanto el bosque de tukules sea más tupido se traerá de Damazin a su esposa- tengo sólo una y no quiero más -y a sus siete hijos. Confía en el porvenir. REPÚBLICA CENTROAFRICANA 200 km R. D. del CONGO Limpio de minas Como Habiba, de 18 años, y Letea Nayib, de diez. Las dos quieren ser maestras. Se nota la influencia etíope. En Bonga, donde sigue el marido de Sera Yesua, recibían una educación de la que de momento carecen aquí. Lo dicen ante las ruinas de la escuela, donde se lee algo pintado a brochazos: CLEAR 29 01 2006 Hace cuatro meses que se limpió de minas. Habiba es cristiana y lleva escaras en el pecho: dibujos geométricos, rectos y ondulados, que asoman por el escote de su vestido anaranjado. Dice que se los hicieron sus amigos con una piedra muy afilada: Son bonitas Fue doloroso, pero está orgullosa de ellas. Marcas indelebles, signo de belleza entre los uduk. ¿Quiénes son? Somos negros Francis Shadrach, de 35 años, que trabaja para la ONU y hace de traductor, lo explica en términos políticos: El Gobierno de Sudán pretendía extender la religión islámica a todo el país, quedarse con las tierras y acabar con la cultura de los africanos. Por eso comenzó la guerra en el sur. La misma estrategia que en Darfur UGANDA KENYA El almacén de semillas de la FAO está bien provisto para que cada familia pueda empezar de nuevo maculado, forma parte de la minoría musulmana (apenas un dos por ciento) y tiene uno de los mejores tukules rodeado de una bien trenzada empalizada de cañizo. Se llama Mustafá Nimir, tiene 40 años y es el dueño de la única tienda del lugar, fundada en 1939 por un comerciante árabe llamado Nur alBachir. Mientras un sastre hace cantar a la máquina de coser moviendo el pedal con sus pies calzados con chancletas, Mustafá Nimir, sabio por co-