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30 MARTES 6 6 2006 ABC Internacional Alan García pide perdón a los peruanos y propone un gobierno de unidad nacional Elegido con el 53,5 por ciento de los votos, dice que el Estado no será un botín del partido al dirigente venezolano, Hugo Chávez: El único derrotado es el que nos quiso llevar de las narices por la fuerza de su dinero negro CARMEN DE CARLOS ENVIADA ESPECIAL LIMA. Proclamada oficialmente la victoria de Alan García (53,5 por ciento de los votos) y asumida entre dientes la derrota por Ollanta Humala (46,4 por ciento) el presidente electo advirtió de que en su Gobierno, el Estado no volverá a ser un botín del partido. En esta segunda oportunidad moriremos en el empeño de no fallar ni defraudar a los peruanos garantizó. Aunque se deje la piel en el intento, Alan García pone a Dios por testigo de que hará lo posible y lo imposible para corregir los renglones torcidos de su historia. El jefe político y espiritual del Apra (Alianza Popular Revolucionaria Americana) se puso la venda sobre la herida- -cicatrizada el domingo con seis millones y medio de votos en las urnas- -para evitar que se repitan escenas como las que empañaron su gobierno (1985- 90) Nadie puede llegar al poder si no acepta los errores de los que es culpable... El pueblo ha votado b El vencedor fustigó Pérez de Cuéllar cedió las siglas Ollanta Humala y su mujer, Nadine Heredia, fundaron el Partido Nacionalista Peruano (PNP) en marzo del año pasado. Al no disponer de la cifra de afiliados que exige la legislación, no podían concurrir a las elecciones. El ex secretario general de la OEA, Javier Pérez de Cuellar, les cedió las siglas de Unión por el Perú (UPP) para que pudieran presentar la candidatura del ex golpista. Los tres se conocieron en París, Pérez de Cuéllar estaba de embajador y el por entonces teniente coronel, de agregado militar. por nosotros a pesar de los fallos y de las colas (durante su gestión) Que no se vea apetito desordenado, que no aprovechen los pseudoapristas para encaramarse en la Administración pública. El Apra no verá el Estado como un botín advirtió a sus compañeros de filas. Alan García, con sus seguidores en la sede del Apra, al conocer los primeros sondeos mensaje de las urnas. Como prueba de ello, realizó una lectura geográfica y política de los resultados que explica los motivos por los que ganó en nueve departamentos, mientras que Humala lo hizo en los doce restantes. Las zonas más ricas del Perú, como la sólida Lima que concentra un tercio del electorado, y los enclaves principales de la costa se alinearon con él. Los sectores más desprotegidos, centro y sur andino, buscaron, como en la primera vuelta de las elecciones, refugio en la candidatura de Ollanta Humala. A estos votantes, una bomba de relojería que se mira en el espejo boliviano, se dirigió García para prometer una especie de Plan Marshall, hay necesidad de terminar con las desigualdades dijo. Con triunfalismo contenido, con una humildad desconocida en el hombre que está convencido de que Dios ha ganado las elecciones en palabras del escritor Jaime Bayle, Alan García llamó a formar un frente de unidad nacional: Proponemos un Gobierno de concertación, coincidencia, diálogo y apertura prometió tras reconocer co- Lima y la costa, sus feudos En un discurso cargado de alusiones divinas- es un día de profunda contrición cristiana y política -y, por momentos, sobrado de misticismo, Alan Gabriel Ludwig García Pérez, de 57 años, dijo que había entendido el FLORENTINO PORTERO POR POCO lan García ha ganado las elecciones presidenciales en Perú y encima tenemos que estar contentos. García ya ejerció de presidente justo antes que el inefable Fujimori, dejando un rastro de desgobierno, ruina económica y corrupción. Ahora se dice arrepentido de todo aquello, ha pedido públicamente perdón por todos sus errores y, supuestamente regenerado, ha solicitado el voto para desarrollar una política socialdemócrata. En la segunda vuelta ha contado con los votos liberal conserva- A dores, ante la amenaza que suponía el radical Humala. García tiene razón cuando afirma que sólo ha habido un perdedor y que éste no es otro que Hugo Chávez. La descarada injerencia del venezolano en los asuntos internos peruanos, tras el penoso episodio boliviano, ha facilitado la formación de una mayoría en torno al dirigente del histórico APRA. En esta ocasión ha sido posible contener la ola de nacional- socialismo que, financiada por un petróleo por las nubes y subiendo, amenaza la estabilidad de varios Estados. Pero si el margen de opción es entre García y los amigos políticos de Chávez, mal andamos en Iberoamérica. Es la prueba de que el viejo cáncer del populismo asfixia a toda una región del planeta, precisamente cuando tras años de disciplina económica las cuentas mejoraban y el futuro parecía más halagüeño. Estados Unidos ha dado la espalda al Río Grande, preocupada como está por otros problemas y convencida de que nada se puede hacer con los latinoamericanos. Europa se divide, no deja de ser ese su estado natural, entre una derecha que quiere exigir el respeto a la libertad individual y la seguridad jurídica, y una izquierda que se ilusiona y rejuvenece con Hugo Chávez y Evo Morales. El espectáculo de los eurodiputados socialistas aplaudiendo a Morales, tras las nacionalizaciones, es para no olvidar. No dan más de sí tras la heca- tombe de la utopía comunista y la crisis económica del estado de bienestar. El triunfo de García es pan para hoy y hambre para mañana Ha servido para impedir un nuevo Evo, pero poco más. No es probable que lo haga peor que durante su primer mandato, pero no es sensato ilusionarse con él en la Presidencia de la república. La política peruana, como la de tantos otros Estados de la región, sigue presa de la demagogia populista y nacionalista. No consiguen salir de ese lodazal y, quizá con la sola excepción de Chile, encauzar su política desde una visión realista de lo que es el mundo en este comienzo de siglo XXI. Los socialistas chilenos han aportado un modelo de lo que puede ser una izquierda latinoamericana capaz de aunar prosperidad con solidaridad. Pero eso no es suficiente. Iberoamérica necesita de una derecha liberal más fuerte y con un discurso político atractivo.