Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC LUNES 5 6 2006 61 La Academia de Cine cambia su sistema de votación para los Goya y renueva su Junta Directiva Iwasaki opina que habiendo librerías de viejo no hay necesidad de crear cementerios para libros olvidados automóviles. Un cementerio de libros sería una imagen feroz de la incultura. Además, eso igualaría en un mismo olvido a los libros detestables y a los que disponen de algún mérito aunque no se vendan ¿A qué destinarían esos libros olvidados? Luis Mateo Díez crearía una especie de bolsa universal, gestionada por algún organismo cultural internacional, para ofrecer y atender esos fondos y destinaría esos libros a las bibliotecas públicas de cualquier país interesado. Para Manuel Seco, los libros se deberían ofrecer (no imponer) a las bibliotecas públicas a través del Ministerio de Cultura, y en segundo término regalar a otros países de lengua española Si tiene hondura nada va a destruirlo Jiménez Lozano le desea larga vida al libro: En principio, lo primero que tiene que hacer un libro es existir, como del poema dice Robert Frost; es decir, que esté ahí en la realidad y nos demos con él de bruces, no que se nos construya desde las valoraciones de oficio, que son puro valor añadido, pero no ayudan más que a un éxito o a un fracaso, que no tienen que ver nada con la realidad de ser del libro. Pero, si el libro es, y tiene su hondura y su grosor y belleza, nada va a destruirlo, como pensaba el señor Nietzsche. Pasará cuando pase el mundo, y, en cualquier caso, muchísimo tiempo después que quienes lo desconozcan, lo olviden, o lo entierren. Libros olvidados, dice usted. ¿Por quién o por quiénes? Por la industria cultural y sus imposiciones, me supongo. Pero da la casualidad de que los libros que me importan quizás no tengan todos dos mil años o más, como decía el profesor Gadamer, pero sí son siempre los de los amigos que uno tiene entre los vivos y los muertos. Los olvidos de la industria cultural, o, más bien sus enterramientos y soterramientos, no me importan absolutamente nada. Y no hay que olvidar tampoco que ciertos momentos históricos Inmensas torres de balas de papel que fueron libros y tal vez vuelvan a serlo, fotografiadas en Barcelona, capital editorial de España de envilecimieto y barbarie no son dignos de ciertos libros. Quizás ni pueden ser entendidos, y, desde luego, son odiados o despreciados; así que no es que esos libros sean olvidados o declarados muertos y enterrados, sino que son ellos los que resultan incompatibles con esas situaciones de barbarie o envilecimiento. Quizás se podían regalar a escuelas, colegios, prisiones etc. pero es también un asunto económico, asunto de producción excedente, como le decía; y se resuelven como se resuelven estas cosas Dice Armas Marcelo que seguramente habría que inventarse un limbo que, tal vez, sin saberlo nosotros ya existe. Hay pueblos enteros sin bibliotecas. Llega internet y la televisión, pero no tienen biblioteca. Y a veces nos piden a gritos que les enviemos incluso los libros que no quiere nadie El mundo marginado es bueno para resucitar libros que creíamos muertos A juicio de Caballero Bonald, mejor que eliminar esos libros invendidos sería saldarlos de algún modo o regalarlos a bibliotecas pobres de nuestro ámbito lingüístico. Pero quizá convendría hacer una purga previa, eliminando para siempre a los libros incorregiblemente ilegibles. Tampoco me parece mal que estos últimos libros sean reciclados para obtener una nueva pasta de papel cubo de la basura. De esos libros de inferior calidad tengo una lista que se va engrosando por días A Jiménez Lozano no se le ocurriría condenar a la guillotina un libro, ni con la peor basura en forma de libro Luis Mateo Díez coincide con el premio Cervantes: La verdad es que no, ni el más perverso de todos los libros merece su liquidación. A un libro sólo puede condenársele con el olvido Y Manuel Seco apunta: Hay muchísimos libros que no me interesan, pero eso no quiere decir que los odie. La vida de los libros es para mí casi tan respetable como la vida humana Y Fernando Iwasaki remata: Nunca he sentido un deseo así. Ni siquiera con los libros de matemáticas que utilicé en el colegio. Al contrario, ahora los conservo y se los enseño a mis hijas para que les conste que alguna vez tuve una cierta intimidad con los polinomios ¿Destruiría algún libro? ¿Hay algún libro sobre el que hayan sentido la inercia de condenarlo a la guillotina o al molino de papel? Armas Marcelo subraya que ningún libro merece la guillotina, pero tal vez Mein Kampf y todos los libros que defienden la mentira del racismo Caballero Bonald asegura: Por supuesto que he condenado a bastantes libros, pero no a la guillotina, que suena a brutalidad y terror, pero sí al