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60 LUNES 5 6 2006 ABC Cultura y espectáculos Cada día miles de volúmenes suben hacia el molino de papel: deshechos en tiras luego serán pasta de papel y, finalmente, otra vez libros Se dice que 60.000 títulos anuales son demasiados. Coincidiendo con la Feria del Libro, los autores que firman en las casetas hablan de sus sentimientos ante la idea de que una guillotina triture ejemplares con destino a la pasta de papel... y tal vez a otro libro Los escritores y la guillotina de papel TEXTO: ANTONIO ASTORGA FOTOS: YOLANDA CARDO MADRID. La vida de un libro era más larga que la vida de los hombres. Una generación de libros veía antiguamente muchas generaciones de hombres y hoy es al revés. La terrible realidad del libro es su desalentadora guillotina, también conocida como el molino de papel donde el ejemplar que no se vendió y, años después, fue descatalogado, desemboca. La literatura está hecha de esta pasta: vida y muerte de papel. La trituradora de papel no cesa, se pone en marcha cada día. ¿Qué opinan los creadores de esta espada de Damocles? El primero que responde a ABC de un modo general es don Francisco Ayala, un ejemplo centenario, moral y ético: De todos los libros que se publican, suele quedar cuando menos un ejemplar custodiado por la Biblioteca Nacional u otra institución cultural- -dice don Francisco- Por otra parte, se publican demasiados volúmenes cuyo contenido no merece en manera alguna la consideración de tales libros. ¿Para qué preservar semejante basura? Es una cuestión de buen criterio. Y respecto a los aspectos económicos que plantea la destrucción o, alternativamente, conservación de libros excedentes al normal consumo, no estoy en condiciones de proponerle una solución ¿Qué supone para un escritor la existencia de la temible guillotina o molino de papel de los libros olvidados, ese lugar donde se desgajan y se destruyen miles de obras si dejan de vender? Armas Marcelo se sitúa al sur de la resurrección del libro y sostiene que tal como pasa con un libro, así ocurre con su autor: allí donde sus lectores lo sitúan, allí acaba estando. Eso, al menos, es lo que dice Peter Kramer. Pero la guillotina es, además, para un escritor y sus libros el infierno tan temido el peor destino del mundo, el peor destino del libro. Ningún libro merece la guillotina, ni siquiera los más odiosos El premio Cervantes José Jiménez Lozano sostiene que este asunto es comercial. Que en cuanto el libro se ha convertido en mera mercancía y en buena parte está escrito como tal mercancía, le ocurre lo que a todo producto excedente. Y claro está que, como el criterio es económico, es más seguro que se destruirán libros valiosos, porque son los que necesariamente agradan a un gran público homogéneo y cada vez más homogeneizado e ignorante de lo que es literatura, pensamiento y arte, y que ya ni siquiera puede saber lo que es un libro. Pero esto sí lo saben muy bien los editores, y ya guardan ejemplares de aquellos libros que valoran Luis Mateo Díez siente frustración y desgracia cuando se guillotina un libro: Liquidarlo, meterlo en el molino de papel es como yugular los dedos de la mano con que lo escribiste. Esto como sensación personal. Como suceso socio- cultural es terrible que los libros se destruyan. Yo haría una prohibición legal contra esta práctica. Siempre hay algún sitio donde los libros pueden ir Al poeta José Manuel Caballero Bonald le repele todo lo que suene a destrucción de un libro: Incluso no soporto a esos lectores presuntos que tratan a los libros de mala manera. Lo que pasa es que hay libros que no suscitan ninguna clase de respeto y merecen ser olvidados sin más. En cuanto a esa gestión editorial que tiende a destruir los libros que no se venden, siempre me ha producido una cierta forma de rechazo. Que no se venda un libro no significa que no sea aceptable. De sobra sabemos que la historia universal de la literatura está llena de injusticias El académico Manuel Seco lamenta que siempre es una pena que se destruyan libros, pero tenemos que resignarnos a la realidad de que una editorial es un negocio y que el mantenimiento de grandes depósitos es para ella una ruina. Lo más lamentable es que muchas veces los libros que se venden mal son los mejores Cementerio de libros olvidados ¿Plantearían la creación de un cementerio de los libros olvidados? Fernando Iwasaki dice que habiendo librerías de viejo no hay necesidad de cementerios para libros olvidados. Y hay libreros de viejo que se han convertido en verdaderos monosabios de la brava fiesta editorial. Abelardo Linares, por ejemplo, que ha salvado de la guillotina a varios libros condenados por los gerentes generales, quienes mandan más que los editores. A mí como lector- -ni siquiera como escritor- -me parece terrible que se guillotinen los libros Armas Marcelo, no: Sobre todo porque para enterrar a los libros cualquier lector sirve, cualquiera menos un editor o un librero Caballero Bonald, tampoco: No, en absoluto. Ya tenemos bastante con los cementerios de