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52 Sociedad VEINTICINCO AÑOS DE SIDA LUNES 5 6 2006 ABC En el año 2008 se necesitarán unos 16.000 millones de euros para respaldar la prevención y el tratamiento del sida en el mundo en desarrollo Un enfermo de sida duerme en un centro de beneficencia en Bangkok AFP EL SIDA: ¿GANANDO LA BATALLA PERO PERDIENDO LA GUERRA? PETER PIOT E ste verano se cumplirán 25 años desde que el mundo supo por primera vez de la existencia de una nueva enfermedad misteriosa que destrozaba el sistema inmune humano. En el breve periodo transcurrido desde entonces, el sida se ha convertido en la mayor regresión en la historia del desarrollo humano, al matar a 25 millones de personas, infectar a otros 40 millones y provocar 15 millones de huérfanos. Y la pandemia sigue creciendo. Los líderes mundiales todavía se están despertando a esta realidad. Durante años, y a pesar del trabajo heroico de numerosas personas, muchas de ellas contagiadas también de VIH, la ambigua respuesta que han dado al sida los dirigentes de la mayoría de los países, salvo unos cuantos, ha permitido que la pandemia se extendiera sin control. En 2000, cuando el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas declaró por primera vez al sida un riesgo para la estabilidad social y para la seguridad nacional, muchos arquearon las cejas. A escala internacional, la lucha contra la pandemia no se convirtió verdaderamente en una prioridad hasta 2001, cuando 189 países declararon el sida una emergencia mundial y se comprometieron a adoptar objetivos concretos para reducir la epidemia en un plazo de tiempo determinado. Del 31 de mayo al 2 de junio, la ONU se reunió para revisar el avance experimentado en los últimos cinco años. Continuamente me preguntan cómo nos va en la lucha contra el sida. La respuesta es mucho mejor, pero no tan bien como debería En el lado positivo, el dinero para luchar contra la epidemia en los países en vías de desarrollo ha aumentado de menos de 800.000 millones de euros en 1999 a 6.500 millones en 2005, y los esfuerzos contra el sida están dirigidos por presidentes, primeros ministros o altos cargos en más de 40 países en desarrollo. Las inversiones en estrategias probadas para reducir esta epidemia empiezan ahora a dar sus frutos. En la actualidad se proporcionan tratamientos antirretrovirales a casi millón y medio de personas en países en vías de desarrollo, lo cual permitió salvar sólo el año pasado 300.000 vidas. Seis de los países africanos más afectados han frenado drásticamente el contagio del VIH entre los jóvenes, y así se han unido a una lista pequeña, pero que no deja de crecer, de países en los que la epidemia empieza a retroceder. Es un verdadero avance, pero no basta. La epidemia sigue siendo mucho mayor que nuestros esfuerzos por atajarla, y crece con más rapidez que los intentos del mundo por pararla. De los objetivos de prevención y tratamiento del VIH acordados en 2001, son más los fallidos que los alcanzados. El problema esencial es que nuestro método para abordar el sida está desfasado. En los 25 años que dura esta epidemia, los países ricos y los pobres siguen pensando en ella desde una perspectiva de gestión de crisis con objetivos a corto plazo y remedios rápidos. Pero el sida no es una tormenta pasajera. Es un problema enorme y a largo plazo que sólo podremos solventar si le prestamos una atención constante y le damos esa misma respuesta de lo que haga falta que empleamos cuando se trata de impedir las recesiones económicas mundiales o controlar el armamento nuclear. Ahora mismo el sida mata a más adultos que todas las guerras y todos los conflictos armados juntos, pero todavía no genera una respuesta acorde. Los líderes se enfrentan a un reto claro. Pueden seguir el ritmo actual de respuesta al sida, el cual, aunque mejor que antes, sigue estando muy por debajo de la seria respuesta mundial necesaria para atajar la epidemia, o pueden adoptar un enfoque estratégico en el que se reconozca al sida como una prioridad de desarrollo a largo pla- Las naciones del mundo deben comprometerse por fin a abordar el sida con el planteamiento a largo plazo y previsor que reservan a los grandes retos zo y se establezcan planes de conformidad con ello. Los países dispuestos a dar este paso pueden empezar por proporcionar una financiación predecible y sostenida para responder al sida, por ejemplo apoyando al Fondo Mundial para la Lucha contra el Sida. En 2008 se necesitarán unos 16.000 millones de euros para respaldar la prevención y el tratamiento del sida en el mundo en desarrollo, una cifra que no hará más que aumentar si no avanzamos de manera significativa en la prevención de nuevas infecciones por VIH. Las empresas, los gobiernos, el sector filantrópico y las organizaciones no gubernamentales deberían trabajar juntos para acelerar la innovación tecnológica- -en particular en lo que respecta a los microbicidas, los medicamentos de nueva generación y las vacunas- -y al mismo tiempo garantizar que el comercio, los precios y los impuestos no bloquean el acceso universal a estos productos esenciales. Los gobiernos y los organismos internacionales deberían aumentar las inversiones en salud y eliminar los obstáculos burocráticos que impiden utilizar con más eficacia los nuevos recursos para ayudar a las personas sobre el terreno. Como parte de este nuevo planteamiento estratégico, también se deben tomar medidas reales contra las desigualdades que aceleran esta pandemia. Entre ellas se encuentran las cuestiones más espinosas a las que se enfrenta cualquier sociedad, como la desigualdad entre los sexos, los abusos sexuales, la homofobia, y el estigma y la discriminación relacionados con el sida. Todos nuestros esfuerzos por poner coto a esta enfermedad no servirán de mucho si no se avanza contra los factores que instigan la epidemia. La firma de la Declaración Mundial de Compromiso sobre el Sida en 2001 marcó el comienzo de un aumento espectacular en la acción mundial contra el sida. Ha sido un buen comienzo. Pero las naciones del mundo deben comprometerse por fin a abordar el sida con la clase de planteamiento a largo plazo y previsor que reservan a los grandes retos. Veinticinco años y 65 millones de infectados después, es hora de desarrollar un enfoque estratégico real y a largo plazo para controlar el sida. Podemos hacer que la epidemia retroceda, pero no de año fiscal en año fiscal. Peter Piot es Director Ejecutivo del Programa Conjunto de Naciones Unidas sobre el VIH SIDA (ONUSIDA)