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ABC LUNES 5 6 2006 Opinión 7 TRIBUNA ABIERTA POR ROBERT KAGAN SI EL PODER ESTADOUNIDENSE CAMBIA DE MANOS EN 2008 Si los demócratas ganaran en 2008, su forma de enfocar el mundo posterior al 11- S sería ligeramente distinta, pero no llamativamente distinta de la de Bush. 2008 sería otro 1952 ¿E STARÍA mejor Estados Unidos con un demócrata en la Casa Blanca en 2009? Éstas son un par de razones por las que la respuesta podría ser sí, aunque uno no sea demócrata. Los demócratas necesitan hacerse de nuevo con la política exterior de EE. UU. por su propio bien y por el del país. Los periodos largos en la oposición a veces llevan a los partidos al derrotismo, el utopismo, el aislacionismo o permutaciones de las tres cosas. Lo que empieza como un ataque legítimo contra los errores inevitables del partido en el poder puede derivar en un rechazo sistemático a los principios de política exterior del propio partido de la oposición. En los años noventa, después de apoyar un internacionalismo expansivo durante el gobierno de Ronald Reagan y el primer George Bush, los republicanos viraron hacia un semiaislacionismo para contrarrestar el semiinternacionalismo de la Administración de Clinton. Durante las dos legislaturas de Woodrow Wilson, el partido internacionalista de Theodore Roosevelt empezó a transformase en el partido aislacionista de William Borah. Durante los años de Nixon y Ford, el partido de John F. Kennedy se convirtió en el partido de George McGovern. Ocho años de Bill Clinton sacaron a los demócratas de su trauma posterior a Vietnam y revivieron el intervencionismo liberal. Pero los años de George W. Bush han echado a muchos atrás. Zarandeados por los fracasos de la Administración y los detractores de izquierdas de su partido, los seguidores de Clinton o bien se desdijeron de lo que habían creído en su día o mantuvieron la cabeza gacha. Últimamente han empezado a dar señales de vida y todavía pueden tomar las riendas si vence el demócrata adecuado en 2008. Eso no estaría tan mal. Ya nadie puede decir que el antiguo equipo de política exterior de Clinton sea menos competente que los republicanos que le sucedieron. Pero, ¿qué les ocurrirá a esos demócratas si su portaestandarte pierde en 2008? La razón para elegir a un demócrata no es sólo salvar el alma del partido, aunque ése es un cometido que merece la pena, sino unir al país para afrontar los tiempos difíciles que le esperan. La última vez que los demócratas estuvieron en el poder, el mundo parecía un lugar relativamente dócil. Todavía no han tenido que lidiar con el mundo posterior al 11- S. Dado que la única política exterior posterior al 11- S que conocen los estadounidenses es la de Bush, muchos creen- -en especial muchos demócratas- -que si Bush no fuera presidente, el mundo volvería a ser dócil. Sería fácil convocar a los aliados para luchar contra Al Qaida, ejercer presión sobre Irán o sustituir a los soldados estadounidenses destacados en Irak. Podrían proferirse amenazas sin recurrir a la fuerza, gracias a una diplomacia hábil y al poder blando. Tal vez algunas de las amenazas desaparecerían. Eso son fantasías. Puede que el próximo presidente, ya sea demócrata o republicano, trabaje mejor con los aliados y sea más listo a la hora de negociar con sus adversarios, pero las realidades del mundo son las que son, y los imperativos de la política exterior de EE. UU. también. Las difusas amenazas del mundo posterior a la Guerra Fría sencillamente no unen ni estimulan a nuestros aliados europeos como lo hacía la Unión Soviética, y ni siquiera un multilateralista entregado logrará que inviertan más dinero en defensa o que dejen de comprar petróleo a Irán. Tal vez una estrategia de negociación más inteligen- te con Irán influya en la interrupción de su programa armamentístico, o tal vez no. El poder blando no servirá de mucho para abordar problemas como los de Corea del Norte y Sudán. De hecho, las opciones abiertas a cualquier nueva Administración nunca son tan amplias como sus partidarios imaginan, motivo por el cual históricamente ha habido más continuidad que discontinuidad en la política exterior de EE. UU. Si los demócratas ganaran en 2008, su forma de enfocar el mundo posterior al 11- S sería ligeramente distinta, pero no llamativamente distinta de la de Bush. Y tendrían que vender esa serie de políticas no tan llamativamente distintas a su electorado. En ese sentido, 2009 sería otro 1952. Cuando Dwight Eisenhower ganó las elecciones, el Partido Republicano llevaba alejado del poder dos décadas, que incluyeron Múnich, la Segunda Guerra Mundial y los primeros años de la Guerra Fría. Muchos republicanos imaginaban que todo lo que había ido mal en el mundo durante aquellos veinte años era culpa de Franklin Roosevelt y los demócratas. Roosevelt nos engañó para que entráramos en guerra con Japón. Más tarde, cedió Europa del Este en Yalta, y luego Harry Truman adoptó la desastrosa estrategia de contención. Fueron los años en los que prosperaron Joe McCarthy, Robert Taft y los realistas contrarios a la contención, como Walter Lippmann. Pero cuando Ike y los republicanos por fin se hicieron con la gestión de la Guerra Fría, los años de recriminaciones contra la contención cobarde dieron paso a una aceptación generalizada, aunque a regañadientes. El país podría beneficiarse de una entrega similar del testigo en las elecciones presidenciales de 2008. Naturalmente, en última instancia, las cualidades personales de un presidente y su visión del mundo normalmente son más importantes que el partido al que representa. Los demócratas, al igual que los republicanos, podrían nombrar a un candidato al que nadie en su sano juicio confiaría la política exterior estadounidense. Y ya puestos, los republicanos podrían nombrar a alguien capaz de cosechar un amplio apoyo democrático, lo cual resolvería en parte la debilitadora división nacional en política exterior. Pero, en definitiva, la política exterior de EE. UU. posterior al 11- S probablemente será mejor si ambos partidos tienen oportunidad de moldearla. Miembro de la Fundación Carnegie para la Paz REVISTA DE PRENSA POR JUAN PEDRO QUIÑONERO COOPERACIONES PERVERSAS Las decisiones ideológicas más libres y soberanas no siempre favorecen ni la cooperación antiterrorista, ni la prosperidad de los pobres de misericordia que buscan pan y libertad en Europa. El New York Times destaca unas declaraciones del juez Baltasar Garzón pidiendo el cierre de la prisión de Guantánamo y afirmando que Washington retiene información sensible sobre uno de los presuntos estrategas terroristas del 11- M, Mustafa Setmarian Nasar, quien, según el Washington Post, hace meses que fue entregado por Pakistán a los Estados Unidos. No parece exagerado pensar que la mala o nula cooperación antiterrorista denunciada por Garzón, en el New York Times, pudiera estar relacionada con el malo o nulo diálogo Madrid- Washington en materia tan sensible como la seguridad nacional, indisociable de la seguridad internacional. Ante las elecciones peruanas, el apoyo oficioso del Gobierno español a Alan García contrasta con la extrema prudencia y reservas de fondo de las capitales americanas. En Lima, El Comercio afirma: Con García, no queremos un mandón. Con Humala no queremos un comandón En Chile, El Mercurio da la palabra a un especialista, Carlos Reyna, que declara: Mucha gente no hubiera votado nunca por García, conociendo su experiencia. Pero votarán con él con la nariz tapadita La metáfora de la nariz tapada también está presente en El Tiempo colombiano, que afirma: En las capas populares todavía está presente el desprestigio del partido de García En Buenos Aires, La Nación estima que García se percibe como un mal menor, ya que nadie olvida que él precipitó a su país en una de las peores crisis económicas de su historia En Quito, La Hora afirma que Ecuador quiere mejorar sus relaciones con España por esta razón: El medio millón de ecuatorianos que residen en España son un factor humano que obliga a replantearse las relaciones diplomáticas En ese terreno, en Londres, Daily Telegraph publica un comentario feroz sobre España, Europa y África, afirmando que, a su juicio, las subvenciones de la UE a las flotas pesqueras europeas arruinan a países como Senegal, Malí y Mauritania, agregando: La flota pesquera española es la más destructora de Europa Sentencia el Telegraph: Bruselas paga sumas astronómicas para permitir que se destruyan las aguas territoriales de los países del Tercer mundo