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6 Opinión LUNES 5 6 2006 ABC EL OBSERVATORIO EN FIN NUNCA ANTES... LO QUE NOS JUGAMOS EN CATALUÑA D ICEN ahora sus ilustres exegetas que esta emoción pacificadora del presidente Rodríguez Zapatero le viene de antiguo y que a ello dedica varias horas al día, como si se tratara de una ardua tarea de escolar, desde que, el primer verano de su legislatura, le llegaran los iniciales mensajes de la banda proponiendo el diálogo Algo que todos sus antecesores hicieron antes- -insisten los comentaristas oficiales- -cuando entrevieron de un modo u otro la oportunidad del fin de la violencia. Puestos a justificar el presente con el proceder de anteriores presidentes, habría que subrayar que Felipe González, escaldado, fue también un presidente que se negó a la negociación con la banda en Santo Domingo, iniciando un proceso de GERMÁN tolerancia cero que ratifiYANKE có y extendió a todos los resquicios de la legislación José María Aznar. Incluso en las reuniones de Zúrich, un tanto esperpénticas a la luz de las actas redactadas por los terroristas, los representantes del Gobierno del PP se vieron obligados a repetir esa doctrina. Esa línea de actuación, y de concepción del Estado de Derecho, es la que ahora se ha roto. Y esa ruptura refleja mejor la situación actual que la reproducción ocasional de los encuentros con la banda. Invitaciones al diálogo (que luego se convirtió, en la terminología nacionalista, en resolutivo han recibido todos los gobiernos españoles posteriores a la dictadura. Lo que nunca antes habían encontrado como respuesta es un plan gubernamental, esbozado y trabajado desde el principio, para construir lo que se ha dado en llamar la pista de aterrizaje de ETA y Batasuna en el sistema, aún a riesgo de cambiar éste para hacer posible aquél. Nunca antes se había tratado de modificar la arquitectura constitucional sin el consenso con el que se edificó, nunca antes se había propiciado un concepto de España que no es otra cosa que una atrabiliaria suma de comunidades hipotéticamente precedentes. Nunca antes se había presentado la convivencia sustituyendo la soberanía de los ciudadanos por fórmulas que dieran satisfacción a los nacionalismos, incluso los de raíz étnica, nunca antes se había desplegado tanta propaganda y tanta iniciativa legislativa para presentar a los disidentes- -al menos, de forma activa, la mitad de los españoles- -como inmovilistas defensores del autoritarismo del pasado, nunca antes se quiso forzar como ahora a la Justicia a sumarse a un proyecto político por encima de la ley que está obligada a hacer cumplir. Nunca antes se había puesto manos a la obra con tanto fanatismo, arrumbando el sentido común, las llamadas de atención de los propios y las protestas de los ajenos. Y nunca antes, además, el Estado- -ahora a través de la Fiscalía- -había considerado a los terroristas y sus colaboradores necesarios (incluso a los que se quería tratar con paradójica generosidad) hombres de paz. Aunque las palabras, a veces, son traicioneras y dicen lo que se quiere sugerir: que la paz a la que nos dirigimos vertiginosamente es la de ellos. N pongamos de las mismas oportunidades. No otra cosa es O me siento transportado por ningún repentino el Estado. Suma de voluntades, que no voluntad única. arrebato de amor hacia Cataluña. Ni me con ¿Por qué razón el pueblo al que pertenezco por pura caumueve de manera especial que determinados salidad va a disponer de una voluntad colectiva si a mí actos o conductas tengan por objetivo, o no, el bien de no se me ha permitido ejercer la más elemental volunCataluña Esas pulsiones me dejan frío. Lo aclaro portad de pertenecer a él? que, cuando el proyecto de estatuto está a punto de romEl romanticismo embutió la mística nacionalista denper aguas, se ha establecido una especie de subasta de tro del estado moderno. Pero el error fundamenafectos en virtud de la cual unos y otros, los que tal de esta doctrina (la del estado nacional) seapoyanel no y los que defienden el sí, dicen hacergún recordaba Karl Popper, es la suposición de lo por el bien de Cataluña y del pueblo catalán que los pueblos o naciones existen antes de los Nada de lo que yo pueda expresar sobre el menestados... La realidad es la contraria: son los puecionado estatuto obedecerá, pues, a ese tipo de blos o naciones los creados por los estados De emociones. tal forma que el concepto de nación sin estado Lo anteriormente escrito no significa que me al que se agarra el nacionalismo catalán, no sería deje indiferente lo que ocurra en la jornada del 18 EDUARDO sino una especie de logomaquia para consuelo de de junio. Al contrario; me importa, y mucho. Y SAN MARTÍN irredentos. Como el de nación de naciones aún me importaporque lo que allí suceda me va aafecmás extravagante. Pero algunos siguen ahí, sin querer tar muy directamente. Y no sólo a mí, sino también a los admitir que, doscientos años después, en el mundo glomíos. Y a muchos millones más como yo y como los bal del siglo XXI, todo ese discurso es pura calderilla. míos. Y por supuesto, antes que a nadie, a los catalanes. Calderilla, sin embargo, que puede hacer bingo (o líRepito, a los catalanes; tomados así, de uno en uno, que nea, al menos) en el referéndum del estatuto catalán. Y es como contamos a los pueblos quienes sentimos un por eso nos preocupa. Porque de la eventualidad de que auténtico repelús por las identidades colectivas y por el prosperen algunas de las supuestas reformas allí conteantropomorfismo de los territorios; por esa perversión nidas, muchas de ellas con un considerable potencial de que convierte los espacios físicos en sujetos de derepropagación, dependerá en gran medida que España chos. El trágico legado que nos dejó el siglo XX, el más avance en la dirección que marcan las grandes tendensangriento que recuerda la humanidad, tiene mucho cias ecuménicas de nuestro tiempo, en el que las fronteque ver con esas desviaciones. ras y las distancias se desvanecen, o nos empeñamos en Los catalanes, y todos aquéllos a quienes el mero azar trazar otras fronteras interiores que pueden condenardel nacimiento nos ha obligado a compartir un tiempo y nos a la pequeñez y la irrelevancia. unas tierras, nos jugamos bastante el 18- J. Subrayo lo De los nacionalistas de CiU cabe esperar al menos un del azar. Mi sentido de la pertenencia nada tiene que ver sentido pragmático de la política que atempere lo rancio con destinos comunes o con historias compartidas ¿se de su discurso. Pero los socialistas catalanes, que depuede compartir algo que ha dejado de existir? sino bían ser el dique de contención frente a esa marea, han con la necesidad: lo que haga o deje de hacer quien cosacrificado su identidad enel altar de los territorios. Proexiste conmigo en ese espacio y ese tiempo tendrá un duce sonrojo oír a un dirigente del PSC cuando pregona efecto sobre mi vida más directo que el que pueda produque un determinado partido está realmente en contra cir quien se sitúa fuera de ese entorno. Luego me interede Cataluña ¿Contra quién en Cataluña? ¿Contra todo sa compartir fines con él dentro de un marco jurídico- pobicho viviente en Cataluña? Qué disparate. lítico donde ambos tengamos los mismos derechos y dis- -Qué necesidad tenemos de repudiar la violencia, si a los del Gobierno os parece normal negociar con quienes no condenamos el terrorismo.