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ABC LUNES 5 6 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA LA VERDAD DE LAS MENTIRAS P LLAMADLO PAZ, SI QUERÉIS D ECÍAMOS en un artículo reciente que quienes se llenan la boca con invocaciones al Estado de Derecho son los mismos que menos rebozo muestran en hacer gárgaras con él, antes de escupirlo al suelo. El informe del Ministerio Fiscal que aconsejaba al juez Grande- Marlaska amoldarse a la realidad social del momento y atribuía a los batasunos la misión de apoyar la situación actual de cese de la violencia y la consecución de la misma con carácter definitivo confirma nuestros peores presagios. La quiebra del imperio de la ley, su sometimiento a razones de índole coyuntural u oportunista, no constituye tan sólo un síntoma de claudicación indigna; establece también una ruptura de la confianza que el ciudadano deposita en la ley como garante del orden social. Cuando son las propias instituciones públicas las que utilizan la ley a conveniencia, forzando su interpretación JUAN o desplegando artificiosos instruMANUEL DE PRADA mentos que auspician la impunidad, al ciudadano ya sólo le resta poner pies en polvorosa. Algo está fallando cuando ves a las personas decentes escribía ayer Ignacio Camacho en esta misma página- -hablar de volver a la resistencia mientras los malos salen eufóricos en la tele para decir que esto va por buen camino Está fallando, nada más y nada menos, que el cimiento sobre el que se funda toda organización política. Está fallando ese vínculo de confianza que se establece entre gobernantes y gobernados a través de la ley. Sólo la enajenación colectiva de una sociedad dormida, ensimismada en el disfrute de su bienestar y engolosinada con la monserga de la solución del conflicto explica que las maniobras irresponsables o claudicantes de nuestros gobernantes no hayan causado mayor escándalo. Pero ya se sabe que las sociedades anestesiadas adoptan la estrategia del avestruz: creen que basta con ignorar los proble- mas para que éstos desaparezcan; creen que basta envolverlos en el papel de celofán del buenismo para que se esfume la zozobra que antes nos causaban; creen también que es preferible sobrellevar una existencia lacayuna con tal de vivir en paz En este sentido, puede afirmarse que cada sociedad tiene los gobernantes que merece; y, desde luego, una sociedad dispuesta a entregar su primogenitura a cambio de un mísero plato de lentejas merece gobernantes que hagan gárgaras con el Estado de Derecho. Cuando se analizan las razones que han empujado al actual Gobierno a rehabilitar una formación ilegalizada y legitimar el discurso político con el que los etarras han justificado sus crímenes, suele olvidarse un factor esencial. Para la izquierda gobernante los batasunos son, en el fondo, unos parientes descarriados, una rama desviada del próvido tronco común; puede contemplar con horror sus vindicaciones, puede disentir de sus métodos y condenar sus enormidades, pero sabe que, de algún modo enfermo y retorcido, allá en la noche de las ideologías, abrevaron de la misma savia. En cierto modo, la izquierda gobernante contempla a la izquierda abertzale como el Homo Sapiens podría contemplar al Pitecántropo: con conciencia de superioridad y vaga aprensión, pero también con la secreta condescendencia que se reserva a los parientes remotos. Como ese sentimiento de difusa familiaridad no lo comparte la derecha (que para la izquierda gobernante es la verdadera aberración de la naturaleza) se la arroja a las tinieblas exteriores y santas pascuas. No será la primera vez que escuchemos esa infamia; pero en los próximos meses la propaganda oficial se encargará de divulgar con renovados bríos que la derecha siempre ha deseado la perpetuación de ETA, porque le garantiza réditos electorales. La sociedad española, tan anestesiada y dimisionaria, inicia una nueva era genuflexa. Llamadlo paz, si queréis; para mí es degeneración de la especie. RONÚNCIESE con mucho engolamiento autosatisfecho, alargando ahuecadamente la zeta y acompañando la frase de una sonrisa complaciente: Primero la y después la política ¿A que suena bien? Solemne, rotunda, marmórea, tranquilizadora, terminante. Primero la y después la política Perentoria, tajante, firme, concluyente, categórica. Otra vez: Primero la y después la política Impecable, irrebatible, convincente, irrefutable, apodíctica. Sólo que... falsa. Engañosa, falaz, fullera. Un vulgar embuste, una descarada mentira. Primero la y después la política Y a continuación, el anuncio de apertura de un diálogo entre el Gobierno y ETA. IGNACIO Primero la y CAMACHO después la política Y de inmediato, el reconocimiento de Batasuna- ¡en un debate de las Cortes! -comointerlocutor político. Primero la y después la política Y un fiscal mandado por el Gobierno pone en negro sobre blanco, en un alegato procesal, la condición de pacificadores de Otegi y sus amigos. Primero la y después la política Y el citado Otegi declara aliviado que ahora es cuando el proceso va por buen camino mientras Batasuna comienza a mover los papeles para su legalización bajo otra marca. Primero la y después la política Y los proetarras proclaman con alborozo el comienzo de un proceso de negociaciones entre partidos. Todo estoen unasemana. Política, política, política. ¿Y la paz? La paz es ahora una cuestión técnica Así lo llama, significativamente, Arnaldo Otegi. Una cosilla secundaria a tratar entre sus amigos de la capucha y los enviados del Gobierno: el futuro de los presos y tal. Un asuntillo menor ante el que no hay que tener prisa. Sería un error histórico tener prisa Pero esto último no lo dijo Otegi, ni Permach, ni Barrena. Lo ha dicho, repetidamente, hasta casi antesdeayer, José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno de España. Sí, el de primero la etcétera Ése mismo. El mismo que ha engañado tres veces- -plan Ibarretxe, no tengo ningún compromiso con ETA pacto de silencio en el debate de la nación- -a Mariano Rajoy. El mismo que armó el embrollo del Estatuto catalán al comprometerse irresponsablemente a aceptar lo que salga del Parlamento de Cataluña El mismo que reiteró a las víctimas del terrorismo que jamás pagaría un preciopolítico a cambio del cese de la violencia. El mismo que dijo en sede parlamentaria que las palabras están al servicio de la política, y no al revés. El mismo que llegó al poder bajo el amparo de una frase- -pronunciada por quien hoy es su ministro del Interior- -de las que marcan un mandato: Merecemos un Gobierno que no nos mienta He aquí las dos simples proposiciones de un implacable silogismo. 1: Merecemos un Gobierno que no nos mienta 2: Primero la y después la política La elemental conclusión está al alcance de quien tenga oídos para oír, ojos para ver... y dignidad para no engañarse a sí mismo.