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62 Cultura DOMINGO 4 6 2006 ABC En Los Nobel del fútbol (Meteora) el periodista, escritor y traductor Jorge Omar Pérez reúne veinticinco testimonios literarios sobre la pasión balompédica: de Albert Camus a Camilo José Cela, pasando por Kenzaburo Oé o Gabriel García Márquez CLÁSICA Concierto proyección Marisa Manchado: La pasión de Juana de Arco Intérpretes: Victoria Marchante, soprano. Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid. Director: Carlos Cuesta. Lugar: Teatro de la Zarzuela, Madrid Los escritores se ponen las botas TEXTO: SERGI DORIA BARCELONA. Shakespeare ya hablaba de football en La comedia de los errores Veinticinco escritores descubrieron que la tierra es redonda porque se parece a un balón. No todos son Nobeles, pero dicen del fútbol palabras mayores. Para empezar, Albert Camus. Premio Nobel de 1957, no se sintió extranjero en el estadio. En el luminoso Argel jugaba de guardameta y su abuela vigilaba el desgaste de sus zapatos. Para no recibir una tunda por cargarse las suelas correteando, optó por la portería. Aguantaba el disparo del delantero sin moverse de su sitio hasta el último segundo. Clavado en la hierba y sin inmutarse, sorprendía a los delanteros rivales por su sangre fría explica Jorge O. Pérez. El arquero futbolístico, tan literario como un arquero de friso persa. En la final de la Copa de España de 1928, el Barcelona disputó en Santander un partido dramático con la Real Sociedad. Su portero húngaro, Franz Platko, recibe un golpe en la cabeza que le deja exánime... Reparece luego con un aparatoso vendaje en la ensangrentada testa. Aguanta las embestidas donostiarras con serenidad de gigante e inspira una Oda a Alberti: Nadie se olvida, Platko no, nadie, nadie, nadie, oso rubio de Hungría... El futbolista como héroe se reencarna en Maradona: Aquel gol que le hizo a los ingleses, con la ayuda de la mano divina, es por ahora la única prueba fiable de la existencia de Dios proclama Mario Benedetti. La magia de Cruyff y la naranja mecánica en el Mundial del 74 apasiona a la feminista François Giroud: Era soberbio, como todas las demostraciones donde se conjugan el dominio del cuerpo y del espíritu... LOS OJOS DEL ALMA ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE P Camilo José Cela hace el saque de honor antes de un partido de fútbol ABC Nobeles tras el balón Albert Camus (1957) Porque, después de muchos años en que el mundo me ha permitido variadas experiencias, lo que más sé, a la larga, acerca de la moral y de las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol... Gabriel García Márquez (1982) No sé si mi matrícula de hincha está todavía demasiado fresca, para permitirme ciertas observaciones del partido de ayer, pero como ya hemos quedado de acuerdo en que una de las condiciones esenciales del hinchaje es la pérdida absoluta del sentido del ridícculo, voy a decir lo que vi... Camilo José Cela (1989) Es raro, pero no imposible, que la muerte esté agazapada en el córner. Günter Grass (1999) Lentamente ascendió el balón en el cielo. Entonces se vio que estaban llenas las tribunas. Habían dejado solo al poeta bajo el arco, pero el árbitro pitó: Fuera de juego. Kenzaburo Oé (1994) Bajo un vendaval que azotaba el valle en todas direcciones, bajo el cielo despejado, los jóvenes, en silencio, daban patadas al balón con una seriedad sobrecogedora Naguib Mahfouz (1988) Aunque mi vista es muy mala y apenas puede ver televisión, no estaba dispuesto a perderme el Mundial Nabókov, de portero Más escritores que se pusieron las botas... Miguel Hernández jugaba de extremo y le llamaban el Barbacha (caracol pequeño) porque era lento corriendo la banda. El portero del Orihuela, Lolo, le inspiró la Elegía del guardameta Te sorprendió el fotógrafo el momento más bello de tu historia deportiva, tumbándote en el viento para evitar la victoria y un ventalle de palma te aireó la gloria. También jugó de portero Nabókov, posición adecuada a su espíritu independiente. En Habla memoria describe un campo embarrado de Cambridge: El balón tan resbaladizo como un budín de ciruela, y mi cabeza despistada por la neuralgia, tras una noche de versificación... Otro Miguel, Delibes, jugó al fútbol 34 años. Simpatizante del Real Valladolid, disputó los últimos partidos de su carrera, de los 35 a los 45 años, como portero del Sedano FC. Como jugador de campo, dice que le sobró un respe- to excesivo a la defensa contraria y siempre se preguntó por qué los árbitros son más tolerantes con los defensas que con los delanteros García Márquiez comprobó que era un hincha el día en que perdió el sentido del ridículo y Vázquez Montalbán metió a su detective Carvalho a investigar por qué el delantero fue asesinado al atardecer Jugar al fútbol es jugarse la vida. El escritor uruguayo Eduardo Galeano escribe que el árbitro es arbitrario por definición La vida es ansí y el fútbol es así. A veces despierta demonios familiares: Günter Grass sintió el resurgir de una Alemania apagada por la derrota cuando su selección vence a la de Hungría en la Copa del Mundo de 1954. Hincha del Arsenal, Nick Hornby tiene una pesadilla: su hijo decide ser del Tottenham. Ernesto Sábato reconoció que lo único que quería llevarse de Rosario era una camiseta del Rosario Central Vargas Llosa prefiere idolatrar a un futbolista que a un militar. No todo son loores: Umberto Eco no odia el fútbol, pero abomina del forofismo: Yo abrigo por los hinchas los mismos sentimientos que un partido ultranacionalista o la Liga Lombarda abrigan por los inmigrantes: No soy racista, con tal de que se queden en su casa Si la Cibeles y Canaletas hablaran... or paradójico que parezca a La pasión de Juana de Arco se le ha añadido un nuevo punto de vista. La empresa era difícil, pues si de algo puede presumir la película de Dreyer es de acumular planos imposibles, imágenes saturadas de expresividad e irrespetuosas cercanías. Todo para indagar en la psicología de la santa francesa durante su proceso y posterior condena a la hoguera. Pero había que intentarlo, de manera que el proyecto concierto- proyección que anualmente promueven el Teatro de la Zarzuela y la Orquesta de la Comunidad de Madrid, ha querido unir tan frenética visión a un espíritu excesivo como el de la compositora Marisa Manchado. El resultado se ha visto ahora en el Teatro de la Zarzuela, en las impecables condiciones que reclaman las cosas bien hechas. Buena proyección, acompañada de los subtítulos fuera de la pantalla, y muy estimable interpretación musical desde el foso, a cargo de la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid dirigidos por Carlos Cuesta. Y sobre todo ello la música de la compositora madrileña, quien confiesa admirar la película y haber preferido expresarse a través de un sentimiento general antes que mediante la figuración musical de cada gesto o de cada acción. Aunque luego se escape, como si se tratase de un reactivo para volver a la realidad, un largo redoble antes de la salida hacia el patíbulo o un lacerante ostinato previo a la ejecución. Obviamente, en casi hora y media de cine música esto es una anécdota. Porque Marisa Manchado ha acertado al convertir en sonidos su deseo de hacer una partitura que discurra sin que se escuche Es una opción posible ante una película de ritmo impecable, musical, difícil de traducir desde la estricta narración, y que ha encontrado la réplica en un amable estilo musical, de clara textura, sutil en la tensión y cuidada tímbrica. Que transforma en sonidos, no ya la historia, sino la naturaleza reflexiva y orante de la protagonista, a través de las intervenciones homofónicas del coro, que surgen por entre los instrumentos a la manera de himno en honor de la sufrimiente Doncella de Orleans Hacía falta valor para semejante empresa y Manchado ha demostrado con razones por qué lo tiene.