Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
22 Nacional LA LUCHA CONTRA LA INMIGRACIÓN ILEGAL DOMINGO 4 6 2006 ABC De su taller salen cada año unas cien piraguas, que construye con la misma maña artesanal desde hace más de medio siglo. Hoy es también un auténtico vendedor de ilusiones Maestro cayuquero TEXTO: LUIS DE VEGA. ENVIADO ESPECIAL RUFISQUE (SENEGAL) Bara Sarr mantiene vivo en la localidad de Rufisque, población pesquera a unos veinte kilómetros de Dakar, el oficio que aprendió de su abuelo. Hoy en su astillero trabajan una treintena de miembros de su familia que, por varios motivos, tienen más que asegurado la continuidad de esta tradición. Primero porque en Senegal el empleo es un bien cada vez más escaso. Y segundo porque en Senegal el cayuco es un servicio cada vez más demandado. Con madera que manda traer de Costa de Marfil o de la región senegalesa de Casamance- -asegura que esta última es la mejor- sesenta kilos de clavos galvanizados, unas cuantas barras de hierro como las empleadas para cimentar edificios, aislante y pintura de muchos colores Sarr y los suyos son capaces de construir un gran cayuco. La receta, dicha de corrido, parece sencilla, pero con la intervención de la mano de este maestro, el resultado es a la vez una auténtica obra de arte y de ingeniería náutica. Sarr, de 65 años, explica que lleva en esto desde los diez. ¿Quién le iba a decir entonces que sus barcas iban a ser las portadoras de sueños de la castigada población senegalesa? Hoy reconoce sin darse demasiada importancia que algunos de los grupos de vecinos que han abandonado en las últimas semanas Rufisque por mar han logrado llegar a Canarias en piraguas salidas de este astillero Hace años los miembros de la tribu lebu eran casi en exclusiva los principales clientes, ahora los encargos se han extendido hasta el sector turístico y el que podemos denominar de servicios migratorios Aunque aseguran que tienen épocas mejores y peores de trabajo, la media de encargos al año sólo para este taller ronda el centenar. La vida media de cada uno suele ser de unos diez años. Ndar es un carpintero de 40 años que ha acabado aprendiendo a pintar las piraguas de esa manera que tanto llama la atención a quien las ve por vez primera. Las figuras geométricas multicolores que adornan el casco no responden más que a una tradición local puramente estética. Es sólo decoración, como la de una casa Es como los coches tuneados en España, que el dueño quiere que estén más boni- tos apostilla Ousseinou, nuestro intérprete. Bara Sarr, el maestro cayuquero da todo tipo de detalles sentado bajo el sombrajo que sirve de porche a una chabola. Le rodean varias decenas de personas atraídas por la presencia de los periodistas blancos. La vida se ha detenido por unos minutos y sólo al fondo un grupo de siete u ocho hombres siguen con la faena al borde del mar. Descargan de una piragua las tablas recién traídas de Casamance que servirán para cumplir nuevos encargos. Se gritan al unísono unos a otros para darse ánimos y fuerza mientras acarrean las planchas a tierra firme. No hay ordenadores, ni electricidad, ni grúas, ni siquiera una oficina o un almacén de materiales como podemos Los encargos se han extendido hasta el sector de los servicios migratorios Es una delicia con la que flirtean los jóvenes que han participado en su construcción entenderlos la mayoría de nosotros. Todo son herramientas sencillas y toscas, puro músculo y años de experiencia. Es más, el visitante observa con asombro el enorme contraste que hay entre la mugre y la aparente improvisación que todo lo rodea en el astillero y el resultado final del trabajo. Es, sin duda, una delicia de proa a popa con la que flirtean los pensamientos de muchos de los jóvenes que han participado en su construcción. Los ojos de los chavales se posan en las excelsas barcas con la intención no tanto de salir a pescar como de poner agua de por medio en dirección a Europa. Preguntamos y prácticamente todos responden de manera efusiva que se quieren ir. Entre ellos toma la palabra Mamadou Damsek, un capitán de cayuco de 36 años. Llegar a España no es nada, es fácil con estas barcas si no se sobrecargan y llevan al timón a alguien que conozca el mar. En Rufisque se concentran muchos de los aproximadamente 12.000 cayucos que hay en las playas senegalesas. Son las embarcaciones con las que tradicionalmente la población local va de pesca, la principal fuente de ingresos de un país al que la riqueza del Atlántico no logra sacar de pobre. Pero en el astillero de Bara Sarr destaca por encima de los demás la impo- Las travesías de la miseria El cayuco es una embarcación utilizada por los pescadores originaria de Mauritania y Senegal. Desde finales del año pasado, la usan los inmigrantes para llegar a Canarias Usan motores diésel de unos 50 cv (suelen llevar otro motor de repuesto) Tablas transversales Refuerzo del casco con barras de hierro Diez garrafas de combustible- Fabricación: siete operarios. Tardan una semana- Coste: más de 15.000 euros (sin motor, que puede ser de varios precios) El casco es de construcción muy sólida de maderas tropicales Lona para cubrir víveres y agua potable Bichero Timón Ancla Suelen ir abarrotadas, con unos 70 ocupantes que realizan la travesía a la intemperie Pala del timón Eje Hélice Diferentes tipos de embarcación utilizadas Cayuco 40- 100 ocupantes Lancha neumática 40- 70 ocupantes Patera 40- 45 ocupantes Barca de pescadores 10- 15 ocupantes 18- 22 m 6- 9 m 6 m 5 m Foto: EFE