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ABC DOMINGO 4 6 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA BALADA DEL ESCÉPTICO RAÍAS de la Feria el libro de Rosa Díez, Porque tengo hijos y venías del Retiro conmovido por su sonrisa amarga de desengaño y por la firme mirada luminosa de Maite Pagaza que has visto clavarse más allá de los árboles, como si quisiera superar con la vistaun horizonte de tristezas y de incertidumbres. Te dejaste caer en una silla junto al velador acariciado por el sol ya cálido de junio, y cuando el camarero te servía el café has observado la calle con aire ausente, sin ver apenas el trasiego de gente de compras, los niños de paseo, el runrún apacible del tráfico y de la vida. Tráigame un whisky has pedido, y luego conun gesto como de excusa ante la pregunta que no te he hecho: Creo que neIGNACIO cesito un trago CAMACHO Porque es que, mira, algo está fallando aquí cuando ves a las personas decentes hablar de volver a la resistencia mientras los malos salen eufóricos en la tele para decir que esto va por buen camino. ¿Por buen camino para quién? Yo lo tengo claro: todo lo que sea bueno para ellos es negativo para los demás. Ya, ya, sí, latranquilidad para los amenazados, para los que llevan escolta, eso es objetivamente positivo pero... ¿tú crees de verdad que toda esa gente, los que han visto morir a sus hijos, a sus hermanos, a sus compañeros, van a estar contentos sintiendo que su sacrificio ha fracasado, rumiando en silencio una derrota? ¿Tú crees que va a valer cualquier cosa, que esta sociedad se va a conformar con que dejen de matar sin pedir perdón y se pongan a hacer política como si no hubierapasado nada? ¿Tú crees que la paz, bueno, eso que llaman la paz, es un valor objetivo por encima del modo en que se logre? Si todo esto se veía venir... Que ni dejan las armas ni prometen hacerlo siquiera. Que ni condenan la violencia ni se les ve asomo de arrepentimiento. Que están cada vez más crecidos y más arrogantes, y nosotros tragando. Qué digo tragando, humillando la cerviz mientras el presidente se salta sus propias promesas porque sólo le importa ya salvar su compromiso, que porotra parte nadie le pidió. La paz como sea a costa de lo que sea. Una declaración, una foto para ir a las elecciones, eso es lo único que parece que importa. ¿Y veremos en coche oficial a esos tíos que hace poco brindaban después de cada atentado, a los que señalaban a las víctimas, como dice Rosa Díez, y apuntaban sus horarios para que fuesen a matarlos? ¿Eso va a ser la paz? Venga ya... Mira, yo no voy a ir a ninguna manifestación, ni me opondré a nada que signifique que no haya más muertos. Pero yo no vivo en el País Vasco; yo no me voy a cruzar con los asesinos de mi hermano o de mi padre. Ahora, desde luego, lo que no voy a hacer es alegrarme de una infamia, ni premiarla con mi voto. Y cada vez encuentro más gente que piensa igual. Estábamos esperanzados, pero ahora lo que nos queda es este desasosiego moral de estar asistiendo a una ignominia... ¿Escépticos? Amargados, diría yo, con una amargura espesa aquí en la boca del estómago... ¿me trae otro whisky, por favor? T EL PANDERO DEL TOMASA N O se me quita de la cabeza que ya no pueda marcar un teléfono y me llegue la alegría de la ancha risa de Rocío: que si aquella chirigota de a ti, Felipe, a ti no te digo ná que si los hay más falsos que los zarcillos de La Contenta, que eran dos serpentinas; que si Juani Vázquez, qué arte, ha vuelto a ganar el campeonato de parchís en La Caleta. Ya no oiré más su risa comentando las cosas de nuestra tierra. Así que comprenderán ustedes que no voy a ponerme a hablar de Otegui y su partida. Aquí se le guarda el luto a Rocío. Y no como los que no acaban de cerrar su tumba cuando ya están cobrando calumnias de peaje. ¡Qué canallerío! No hay mejor luto que revivir su alegría. Evocaba en el artículo de ayer el crujido de la Cruz de la Mar cuando el doblón de oro del sol se mete en la alcancía del horizonte. Por mar, tierra y aire hay allí gracia. La fuerza de Rocío era la de su propia tierra. Ese sentiANTONIO miento que le dijo a Manolo Molés el BURGOS mítico Pepe Luis Vázquez (ay, ciego como un Homero del toreo) que entra por las plantas de los pies y sube hasta los pulsos de las muñecas. Acabábamos de enterrar a Rocío y me contaron una historia tartésica de la fuerza de su tierra. Seguro que ella la habrá ya escuchado. Como que estoy esperando que de un momento a otro me llame para decirme: -Lo de José el de la Tomasa es de arte... A veces hace falta diccionario para traducir la gracia de Andalucía. La presente es una de ella. Explicaré que pandero en Sevilla, no es el cervantino pellejo de cuando Preciosa su pandero toca El pandero de Sevilla es el barrilete de Cádiz. Vamos, la pandorga. O sea, la cometa con la que en Castilla juegan los niños, remontándola al cielo. Cuando enterrábamos a Rocío, en el cementerio de Chipiona estaban los buenos vahídos de todos los Grandes de la Gracia. Estaba El Beni. Estaba El Cojo Peroche. Estaba Ignacio Ezpeleta. Estaba Agustín el Melu. Estaba por descontado Picoco, que Vicente Pantoja hasta vivía allí, en Chipiona, junto a donde Peña hace arte de las ortiguillas de mar y de la sobriedad de la lechuga de huerta, casi franciscana de Regla. Aquel Picoco que decía: Mira, yo, cantar, no canto. Bailar, tampoco bailo. Y sin embargo, he vivido siempre de las fiestas. ¡Como que lo mío es más difícil que barrer una escalera para arriba! Aquel Picoco de: Mira, yo es que me veo por la mañana en el espejo y me pido mil duros. El patio del cementerio, cuando le estaban dando tierra a Rocío, era el cuarto de los cabales. Los que tenían que estar y como tenían que estar. Ni una cámara. Un silencio de Maestranza. O un silencio de Las Ventas, de aquella tarde de la corrida de la Prensa de 1981 en que Ortega Cano indultó al toro Belador de Victorino Martín. Ese silencio único: si allí del gozo, aquí de la pena. Roto por dos puñeteros helicópteros, no se sabe si de la Policía o de la televisión, venga a pegar vueltas y más vueltas sobre el cementerio, como si cubrieran las aglomeraciones, ay, de la Operación Retorno de Rocío a su mar, a su tierra, a su gente. En ese impresionante silencio de negras camisas de los flamencos, José el de la Tomasa está junto a otro cantaor, a Pepe Peregil. José mira y mira los jodidos helicópteros que con sus aspas destrozan la intimidad y el silencio. Está por mentarle sus castas todas, como Caracol el del Bulto a la aviación de Franco. Pero en esto que llega Picoco. O llega El Beni. O llega El Cojito Peroche. O todos juntos. Y se encarnan en El Tomasa. Quien le dice al Peregil: -Pepe, mira si será grande Rocío, que hasta hay dos helicópteros. Y cuando me entierren a mí, no va a haber ni dos panderos... Óle. Seguro que ese óle al Tomasa se lo estará dando Rocío. No en eso que dicen, qué tontería más grande, desde donde quiera que esté Sé donde está: junto a la Virgen de Regla. Pegándose chocazos por las esquinas del cielo con las historias de gracia que le están contando los suyos de arte, El Beni, Picoco, El Brillantina, El Gasolina, El Cojito Peroche.