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ABC SÁBADO 3 6 2006 Cultura 59 LA HISTORIA DE ESPAÑA, NOVELA A NOVELA Mañana, con ABC, quinta entrega de la colección de novela histórica. Almanzor: El gran guerrero de Al- Andalus de Magdalena Lasala, por tan sólo 1,99 euros más El poder absoluto en primera persona TEXTO: LUIS CONDE- SALAZAR INFIESTA Pocos protagonistas de la Historia de España han creado tanta controversia como Mohamed Ibn Abdulá Ibn Abi Amir, llamado por aquellos que no querían perder literalmente la cabeza Al Mansur bi- llah (El victorioso de Alá) Almanzor (940- 1002) el caudillo que acaparó todo el poder de Al- Andalus. Corría por sus venas una sustancia explosiva compuesta a partes iguales por inteligencia, ambición, orgullo y crueldad. Su pasión tenaz por el poder absoluto, que pasaba por dominar la política, la religión y el ejército, no conocía límites, tanto que al no alcanzar a ser Dios, se hizo creer anticristo. Intentó fundar una estirpe pero lo que consiguió, tras su fallecimiento, fue producir una gran crisis económica que acabó con la luz de aquel curioso reino dominado por un dictador ilegítimo. Su obra murió con él. Y es en esos estertores de su vida donde Magdalena Lasala (Zaragoza, 1958) se centró para escribir Almanzor. El gran guerrero de Al- Andalus En once jornadas, postrado ya, se enfrenta a sus espectros, Corría por sus venas una sustancia explosiva mezcla de inteligencia, ambición, orgullo y crueldad haciendo testamento en primera persona, entre delirios de dolor. Lasala se adentra en los rasgos que perfilan la identidad de este personaje con el que se da por concluida una época a la que la autora ha dedicado buen número de páginas, novelando las vidas de algunos entre quienes construyeron ese mundo genuino. Así lo atestiguan sus obras La estirpe de la mariposa Abderramán III. El gran califa de Al- Andalus o Walläda la omeya Una afición que según comenta la escritora procede de la reminiscencia oriental. Al- Andalus fue el resultado de una amalgama de elementos diversos que se constituyó puente que comunicaba el viejo mundo de Oriente con el emergente de Occidente. En su esplendor Omeya, Al- Andalus conservó una impronta oriental en su estética, en su filosofía y en su cultura en general que actuó como simiente de saber indiscutible Para ello se ha servido de buena cantidad de testimonios, especialmente líricos: Llevo desde 1989 investigando sobre Al- Andalus y la cul- tura andalusí; mi estudio ha alcanzado en algunos momentos casi la obsesión, y las fuentes, obligatoriamente, son muy diversas y exhaustivas. Puedo decir que una de las cosas más reveladoras han sido las crónicas de los poetas. Quizá tengo una especial comunión con la poesía de aquella época, pero indudablemente aquellos poetas eran cronistas, filósofos, contadores, verdaderos transmisores de la historia y el pensamiento de su entorno En un ejercicio de método Stanislavski literario la autora, también actriz, confiesa haber tenido que superar algún reto curioso a la hora de escribir esta novela, mi enamoramiento del personaje no podía ser un obstáculo para la veracidad de su observación. Me interesaba sobre todo el acercamiento a su evolución psicológica, sus razones íntimas como ser humano, el enfrentamiento entre sus impulsos y su inteligencia, penetrar en su alma, ver con sus ojos, sentirme en su piel. Sólo así podría desprenderme de cualquier tentación de redención del personaje