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3 6 06 La selectividad e todos los exámenes que he hecho en la vida no recuerdo ninguno como el de la selectividad. Ahora que mi hijo va a examinarse, contemplo otra vez de cerca los vilanos que flotaban en el aire ese día, el calor y el bochorno, la frescura y el eco de la clase en la que me examinaron, mi mano escribiendo, el callo en el dedo del corazón teñido de tinta azul. La prueba en la que más y mejor me explayé fue en la del comentario de texto. Si alguna vez he tenido algún reconocimiento literario ahora me doy cuenta que fue cuando la madre María de la Vega leía mis comentarios de texto en clase. Entonces no le daba importancia. Tampoco se la he dado después, ignoro la razón, y así transcurre mi vida, rehuyendo hablar de lo que escribo. Y aún más con mis hijos. Como si se tratara de una actividad peligrosa, mantengo a mis hijos férreamente alejados de cualquier trabajo que realice por escrito. En mi casa, es como si no escribiera. Pero ahora me encuentro preparando, porque yo se lo he pedido, los comentarios de texto con mi hijo mayor, quizá para recordar aquello que tanto me gustaba y también para saber si han cambiado. Y han cambiado. Ahora los comentarios de texto de selectividad se hacen en su mayoría no sobre poesías o textos clásicos, sino sobre pedazos de un periódico, ya sea un editorial, un artículo de opinión, o una pequeña noticia sin importancia. Y hete aquí que me encuentro que casi todos los textos están escritos por personas a las que conozco, y con esas cosas que tiene el azar, empiezo a barruntar que podría caerle a mi hijo alguno de estos artículos o articulillos, como me dicen cuando alguien se refiere a ellos, y que jamás le enseñé, ni comenté, ni leí, ni quise compartir con él. Bueno, hijo, como ves esto es un artículo de opinión en el que la autora emplea una modalidad textual narrativa de carácter autobiográfico y cuya estructura está llena de oraciones compuestas con la oración principal y sus subordinadas. El título, te lo he escrito arriba. Aunque un poco tarde, qué no hace una madre por su hijo. D Mónica F. Aceytuno Una de las naves de las Bodegas Tradición, donde se muestra parte de la colección privada de pintura española, de Joaquín Rivero. La zona está rehabilitada para este fin. Debajo, Helena Rivero, hija del propietario y directora de la colección, delante del cuadro de Velázquez El almuerzo de los movimientos esenciales. Él quería enseñar lo que había en el siglo XVI en las iglesias, lo que en el XVIII se puso de moda en los palacios, lo que hay de verdad, no tanto en las obras maestras de los grandes artistas, sino en la historia de la pintura. Cuando empecé a estudiar la colección aprendí muchísimo porque están representados todos los movimientos y pintores que han tenido un nombre, con lo que se hace un recorrido por la historia de la pintura muy real. Yo mantengo esta línea y la hago crecer, pero siguiendo siempre las directrices de mi padre A la hora de comprar, Helena confía también en el criterio de su padre porque compra a su gusto, aunque la firma tenga su importancia. No es fácil adquirir pintura española buena. Ahora estamos mirando también fuera de España, lo que le ilusiona porque recupera parte de nuestro patrimonio. Ya hemos encontrado cuatro cuadros en París y Londres. Son magníficos ABC Ambiente insólito El público se va a encontrar con una sala insólita, entre los muros de una bodega del XIX perfectamente acondicionada para este fin pero con todos los elementos típicos de las antiguas bodegas. Hemos tenido que hacer trabajos importantes de acondicionamiento, pero nuestra intención es ampliar, y el Ayuntamiento de Jerez y la gerencia de urbanismo se están volcado en sus ayudas. Queremos ampliar la zona de exposición para poder abrir un gran centro cultural y de estudio con biblioteca, realizar intercambios de exposiciones, cursos de restauración, talleres de grabado. Darle vida, que es lo importante. Si tuviera que elegir una pieza, Helena se vería en un compromiso: le gustan todas. Le apasiona el Velázquez o el Bodegón de uvas de Juan Fernández, El Labrador Habla con verdadero embeleso del carreño, y de los goyas poco conocidos, de una cabeza de niño, de Fortuny, o de la joven de Pradilla. Es que es una suerte y todo un lujo para formar una colección, partir con estas piezas. En el ambiente de unas bodegas del siglo XIX, la exposición irá rotando sus magníficas piezas hasta que termine la ampliación de este museo insólito