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ABC VIERNES 2 6 2006 Espectáculos 71 Hustle Flow La profecía El sueño americano EE. UU. 114 m. Director: Craig Brewer Intérpretes: Terrence Howard, Anthony Anderson, Taryn Manning A. W. El puñetero niño de las narices EE. UU. 110 m. Director: John Moore Intérpretes: Julia Stiles, Liev Schreiber, Mia Farrow JOSÉ MANUEL CUÉLLAR E sta película actualiza un viejo subgénero del cine musical, aquél que muestra a los protagonistas preparando una función que les hará saborear las mieles de la fama: Mickey Rooney y Judy Garland lo hicieron mil veces. El entorno de esta nueva versión del sueño americano del éxito es ligeramente más sórdido. El artista es un camello- chulo de Memphis con una oscura aspiración a salir del pozo negro en el que ha vivido toda su vida, los coros los pone una prostituta embarazada y la canción con la que triunfa es un áspero rap titulado Es duro ser un chuloputas el machismo tantas veces criticado de la cultura hip- hop se da aquí por sentado, pese a que el círculo vicioso en el que vive el protagonista no impide que la película nos lo presente como un buen tipo que quiere cambiar el trapicheo (el hustle del título) por la poesía rítmica (el flow o flujo verbal del rap) Con esta premisa de partida, hay varios elementos que elevan el resultado por encima de los tópicos genéricos del musical y el video- clip: la interpretación de Terrence Howard, el chulo titular, y de Taraji Henson, su pupila blanca, ambos sorprendentemente vulnerables; las sesiones de grabación casera del rap, que transmiten la emoción de la creación artística con más verismo que muchos musicales clásicos; y el tono general de la pieza, que modula los clichés del proletario que se desclasa (el efecto Rocky, para entendernos) para ofrecer un eficaz relato de redención en el último minuto. Una escena de La leyenda del tiempo La leyenda del tiempo Voces cercanas España, 115 minutos. Documental Director: Iñaki Lacuesta ANTONIO WEINRICHTER ñaki Lacuesta sorprendió hace unos años con su debut Cravan vs. Cravan en donde confirmaba la vitalidad del documental español y la libertad con la que puede moverse uno dentro del género pese a su compromiso con lo real. Las mismas virtudes, considerablemente aumentadas, y el mismo compromiso exhibe esta historia de personajes reales que encarnan una versión escenificada de sí mismos. El proyecto surge cuando Lacuesta visita Cádiz en busca del fantasma de Camarón: no consta si lo encuentra pero sí se topa con Israel y Makiko. El niño gitano que deja de I cantar, rompiendo una tradición familiar, a la muerte de su padre y la joven japonesa que viene de lejos, dejando a su padre enfermo, para aprender el cante flamenco son los protagonistas de las dos historias que se entrelazan en la película creando un emocionante efecto de resonancia. Más espontánea la historia de Israel el niño que no quería cantar, que incluye una soberbia escena en la que pasea con la guapísima niña Saray, más reflexiva la peripecia de la animosa Makiko la chica que quería cantar (contra toda lógica) y de su amistad con un viejo pescador de atún también japonés, la película entera es un modelo de observación. Su aparente modestia (sólo de medios) no debería ocultar el hecho de que propone un modelo de realismo poético- -por llamarlo de algún modo- -que está a años luz del prosaico costumbrismo tan desgraciadamente habitual en nuestro cine. tro remake, con el mismo nombre pero sin Gregory Peck, que es una ausencia más que notable, sobre todo porque pocas veces estuvo mejor que en esa película. Claro que para buena actuación la del niñato de las narices (Harvey Stephens) que daba miedo hasta de intuirlo. Se le salía la maldad por todos los poros del cuerpo al puñetero niño, más malo que pegar a un padre con un calcetín sudado. Ninguno de los dos es superado por los actores de este intento de John Moore, un trabajo que, sin embargo, es digno y fiel al original. Cierto es que no hay nada nuevo bajo el sol, apenas ligeras variaciones argumentales y técnicas, pero la factura es correcta. Ya sabemos que en esta película (como en muchas otras) lo terrorífico es más lo que se intuye que lo que se ve. La amenaza permanente que supone la mirada del enano repelente, la composición de lugar de los factores externos: música in crescendo a medida que se acelera la escena, la atmósfera creada, la sonrisa malvada de los implicados, el fanatismo ciego de los servidores del mal... Todo se logra aquí con gran profesionalidad, pero con un desarrollo algo frío y distante. Desde luego muy lejos de la versión original, un horno al rojo vivo propiciado por la originalidad de la historia y el excelente trabajo realizado por Richard Donner. Lo que vino luego, las posteriores secuelas y este remake, quedan bastante lejos de Gregory, de la gran Lee Remick y del resto en general. O