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ABC VIERNES 2 6 2006 Cultura EN LA MUERTE DE ROCÍO JURADO REINA DE CORAZONES 63 Marifé de Triana Cantaora No sólo hay que ser estrella, sino también persona, y ella lo era. Si grande era para echarle valor y resistir con una enfermedad grave, igual de grande era a nivel personal Jesús López Cobos Director de orquesta Grabé con ella la banda sonora de El amor brujo porque Falla pedía para su partitura una voz con acento popular Resultó estupendo, no era fácil encontrar voces como la suya María Dolores Pradera Cantante Ha sido una artista maravillosa; tenía una voz magistral. Hemos sido muy amigas. Siempre ha estado ahí para todo. Tengo un recuerdo de ella extraordinario Con la Reina y la condesa de Barcelona Gracia de Mónaco, con Rocío Jurado en Estoril CHEMA BARROSO vitados. Rocío era feliz y, como prueba de su amor, adoptaron a dos niños colombianos que han sido su luz y su ilusión. Porque a pesar de todo lo vivido y sufrido, la suya era una familia feliz. Su hija mayor volvía a encontrar la estabilidad sentimental al lado de Fidel Albiac, su esposo había dejado los ruedos para dedicarse a otros negocios... Había llegado el momento de recoger los frutos de toda una vida volcada en el trabajo y disfrutar de una tranquilidad que su profesión apenas le había permitido. Por eso, la muerte ha sido tan injusta con Rocío. Porque se la ha llevado cuando estaba empezando a vivir, cuando tenía que sacar adelante a sus hijos, cuando se merecía disfrutar del amor de su esposo... Hasta en el final de sus días Rocío se ha despedido a lo grande. La manera en la que se enfrentó al cáncer ha sido ejemplar desde el día que se reunió con los periodistas para decirles a viva voz cuál era su dolencia. Sincera y más humana que nunca, dio el titular más difícil de su vida, consciente de que la artista se debía a su público incluso en los momentos en los que la mujer, esposa y madre sólo necesitaba del calor de los suyos. Pero así era. Por algo la llamaban la más grande Rocío Jurado y Rocío Dúrcal nos han dejado este año Con Reagan en la Casa Blanca ORTEGA CANO EN LA ARENA ZABALA DE LA SERNA hora que Rocío ha emprendido el paseíllo definitivo, un reguero de sombras y de hombres y relinchos de caballos (Almudena Guzmán contextualizada) José Ortega Cano se queda más solo que nunca, Ortega Cano en la arena. Así le cantaba a José el pasodoble con su voz torrencial, conocedora de la soledad del hombre frente al toro, del hombre frente al público, del A hombre frente al torero. De las dos caras de la misma moneda se enamoró Rocío Jurado. La copla eterna del torero y la tonadillera se reeditaba. El arte llamaba al arte. Ortega Cano, figura del toreo, recosido a cornadas, tatuaba en su cuerpo la voz de la Jurado en el atardecer de su carrera, como un bálsamo. La Voz. Demasiados éxitos sumaban para que la España de la envidia los pudiera digerir. Amantes de la bravura, Rocío y José adquirieron una finca en Castilblanco de los Arroyos y una punta de ganadería de origen Pedraja que completaron con sangre Domecq. La llamaron Yerbabuena A la ganadería, al campo, a la tierra. José tentaba y Rocío seleccionaba con un bloc de notas en las manos, a la vieja usanza. Rocío mandaba: Va vaca Y las palomas levantaban vuelo a la orden de la Paloma Brava. José tentaba. Y si la izquierda se explayaba a gusto, canturreaba una melodía cristalina desde el tendido al oído de la becerra: Ortega Cano en la arena. El año pasado un novillo extraordinario galopó sobre el ruedo de Madrid. Traía en sus venas aquellas elevadas notas de casta oídas por su madre en baja voz. Se llamaba Jardín Un Jardín de Yerbabuena, titulamos la crónica isidril, mayo de primavera. Rocío ya duerme sin fin junto al Guadalquivir de las estrellas. José se ha quedado solo, Ortega Cano en la arena.