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60 Cultura EN LA MUERTE DE ROCÍO JURADO LA VOZ DE LA CANCIÓN ESPAÑOLA VIERNES 2 6 2006 ABC Juan Peña el Lebrijano Cantaor Como Rocío Jurado no ha cantado nadie. Cuando ella empezaba a cantar había que descubrirse. Tenía templanza, genio, velocidad y claridad en la voz. Vocalizaba y respiraba bien Concha Velasco Actriz Perdemos a la artista más grande. Era la mejor amiga, una gran madre y esposa. Rocío tenía talento y valentía, y la costumbre de llamar a sus amigos por teléfono y cantarles una canción Sebastián Palomo Linares Torero Es una pérdida importantísima a nivel mundial, pues era una artista universal. Siento un gran dolor, porque la conocía desde hace más de cuarenta años y era admirador suyo La más grande nunca olvidó sus orígenes. Dominaba el cante por fandangos, cantiñas, tangos y otros estilos del género. Rocío Jurado ha unido a sus asombrosas cualidades interpretativas, inconmensurables, una capacidad de trabajo extraordinaria La cancionera más flamenca POR MANUEL RÍOS RUIZ Desde mayo de 1962, actuando en el Teatro Villamarta de Jerez de la Frontera, con motivo del Concurso de Arte Flamenco, en el que ganó el premio de fandangos de Huelva, el sendero seguido por Rocío Jurado fue yendo hacia arriba, imparablemente, hasta convertirse en la máxima estrella de la canción española. Y quien suscribe tiene el honor de haberle dado paso al escenario. Rocío Mohedano Jurado nació el 18 de septiembre de 1944, en el número 11 de la calle Calvo Sotelo de Chipiona (Cádiz) en una familia muy sentidora del cante. Su padre, Fernando, zapatero artesano, cantaba, aunque no profesionalmente, lo mismo que Rosario, su madre. Y desde niña quiso Rocío ser artista. Su primera canción, Nos conocimos de niños la dijo en una fiesta de su colegio de la Divina Pastora. En 1958, falleció su padre y ella viajó a Sevilla a casa de su tía, teniendo la oportunidad de tomar parte en un concurso de Radio Nacional, obteniendo el primer premio con la canción Mañana sale popularizada por Concha Piquer. Y continuando en Sevilla, asistió a las clases de la maestra Adelita Domingo y ganó también un concurso de saetas. En aquel tiempo, Rocío Jurado estaba centrando sus actuaciones en el campo de los estilos flamencos, por lo que su triunfo en Jerez, antes citado, supuso que su nombre apareciera en los periódicos nacionales. Un triunfo que le valdría ser contratada por Pastora Imperio y Gitanillo de Triana para actuar en el madrileño tablao El Duende importantísimo en aquellos años en el panorama flamenco de Madrid. Y, seguidamente, Manolo Caracol, en 1964, la presentó como figura de su tablao Los Canasteros. Una vez avecindada en Madrid, conoció al maestro Solano, que le escribió sus primeras canciones y entró a formar parte de los elencos del Príncipe Gitano, primero, y de Manolo Escobar, después, con quien había filmado Los guerrilleros La crítica comenzó a señalarla como una cancionista en ciernes, destacando sus cualidades, mientras los públicos apreciaban sus actuaciones con cerrados aplausos. Las giras las alternaba con nuevas películas: En Andalucía nació el amor con Manuel Benítez El Cordobés, y Proceso a una estrella junto al bailaor José Toledano. Su popularidad alcanzaba una cota importante y Radio Nacional le otorgó, en 1966, el título de Andaluza más popular del En un mano a mano con La Faraona ABC GRANDEZA DE ESPAÑA CARMEN SEVILLA C uando alguien se refería a ella como la más grande, no era necesario añadir nada más. Rocío Jurado era desde hace muchos años la más grande, y así se ha ido, sin tener que explicar con palabras en qué consistía su arte y su oficio. La conocí hace mucho tiempo, cuando Augusto Algue- ró le escribía canciones... Por entonces actuaba en los tablaos de Madrid, donde quienes la escuchamos quedamos sorprendidos por su empuje y su fuerza. Luego hizo teatro y también cine, aunque muy poco: su gran revelación fue la voz. Concha Piquer, con la que tantas veces la compararon y con quien mantuvo un pulso en lo más alto de la copla, fue una actriz con una voz muy especial, pero la garganta de Rocío Jurado era un fenómeno físico. Punto y aparte. Cuando cantaba Rocío Jurado se hundía el mundo. Copla, cante o canción: con todo podía porque no tenía fronteras. A esa mujer, fuerte hasta el final de su vida, no había manera de atarla. Como persona era cariñosa y espléndida; como artista tenía el carácter y el temperamento que hacen falta para mandar sobre el escenario y quedarse solo. Allí no había nadie más cuando cantaba Rocío. Sabía que era la más grande, y que no volvería a haber otra como ella, como tampoco habrá otra como Concha, o como Lola, o como Estrellita... Antes éramos de otra manera, quizá porque el público de aquella época nos obligaba a ser artistas de verdad, a ser muy grandes.