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56 VIERNES 2 6 2006 ABC Cultura y espectáculos Más de veinte mil personas desfilaron ayer ante la capilla ardiente de la gran cantante. Morbo, cariño, llantos, canciones y flores acompañaron a la Jurado en último y triste estribillo En Madrid, lágrimas de agua como dos gotas de Rocío TEXTO: MANUEL DE LA FUENTE MADRID. Hay días, cada vez menos, en que, como cantaba Benito Moreno, España huele a pueblo. Ayer, Madrid olía a pueblo, a pueblo que se vino desde más allá de la M- 30, frontera natural entre las clases altas y medias, y las clases menos medias y más bajas, para rendir homenaje como se rendía a los toreros de antes, a las tonadilleras de entonces. Ayer, quiso el destino y también las autoridades, que en la Plaza de Colón, unos metros bajo tierra de esa gran bandera nacional que la preside, Rocío Jurado aguardara dormida al fin felizmente el cariño de miles de madrileños (más de veinte mil) embajado- res en el dolor de millones de españoles, y de sus muchos devotos de allende los mares. Las malas noticias no corren, vuelan, y ayer a las seis de la mañana los primeros informativos de la radio ya habían puesto el luto y el crespón negro en las ondas. La cantante descansaba en paz y cambiaba el escenario de la tierra, donde pisó con garbo, pisó morena, por el teatro de los cielos, donde a estas horas ya habrá revolucionado al bueno de San Pedro, que lo ha visto casi todo, menos a la chipionera arracándose por bulerías. Camino del Centro Cultural de la Vi- lla, el taxista hace el primer guiño cuando escucha aquello de ¡A Colón! Lo que ha sufrido esa familia dice, antes incluso de darle al taxímetro. Qué temperamento, y qué arte añade. Y con la voz de la más grande en Radio Olé hacemos camino al andar. Pasadas las nueve y media de la mañana, en la céntrica plaza madrileña, ya estamos todos (los medios) y un buen puñado de admiradores que en unos minutos serán multitud. Entre los primeros en llegar y ponerse en la fila perfectamente trazada con un vallado, hay mujeres mayores, y mujeres aún más mayores. Luisa y Juani son de ellas, y también son de Parla. Por ella, cualquier madrugón es poco aseguran. Luisa, antigua asistenta, tira de su particular madeja de recuerdos, salpicados ya por alguna lágrima. En cuanto mi señora salía de casa ponía en la casette una cinta de la Jurado. Siempre trabajaba oyéndola cantar Carne y carnaza Cantar, todo lo cantó esta mujer de Chipiona a cuya capilla ardiente el alcalde Ruiz- Gallardón, junto con su esposa, Mar Utrera, y la concejala de las Artes, fueron de los más madrugadores en acudir, en su ayer dolorosa tarea de anfitriones. A las 11.10 salían al exterior por la esquina de la calle de Jorge Juan. José Ortega Cano y Amador Mohedano, dos hombres de luto de los pies a la cabeza, de los calcañares al alma, recibían el saludo y el abrazo del alcalde. Ésta no es la carnaza que quiere la prensa rosa, ésta es la carne trémula de dos hombre hechos y derechos, sí, pero hechos pedazos. Arriba, al mediodía la cola va desde la entrada del Centro Cultural hasta la calle Serrano. Bajo el sol, alguien se pone un paraguas por montera para evitar el calor. Me han dicho que está tapá escucho a mi espalda. Con esa lógica aplastante de Mairena, su amiga le contesta: Qué va, ya verás cómo la han destapao Por un euro un clavel, siempre que no te pillen los muncipales. Que lo pillan, al primer avispado, al primer doctor en picardía hispánica, huésped aprovechado del velatorio. A pesar de las circunstancias, no hay quien evite el temido síndrome de la cola de la caja del híper, ése que consiste en colarse sea cómo sea. Entre el morbo y la tristeza, la gente también lleva en el corazón unos cuantos pétalos de alivio. Todos han sufrido al ver a esa familia destrozada en la tele, defendiéndose a pecho descubierto de la muerte en Houston y en La Moraleja. A la sombra de los pocos pinos de la Plaza del Descubrimiento muchos recuerdan que también estuvieron cuando lo de Lola. Era tan grande como ella A Josefa, de Pueblo Nuevo, no le queda ninguna duda. En la mano, dos claveles rojos y uno amarillo, porque ella era la voz de España Ni a Gladys, ecuatoriana. Ya la escuchaba en mi tierra, allí la adorábamos Mientras en la entrada de Claudio Coello hay quien ha improvisado un homenaje con un viejo radiocasette, como una ola, como una ola, tu amor llegó a mi vida, hay quien lleva fotos colgadas como un relicario, hay quien llora, y hay, incluso, quien quiere volver a entrar cuando ya ha salido. En la fila, Rocío Carrasco comparte su dolor con Carmen Morales, hija de Rocío Dúrcal POOL Claveles rojos y amarillos, porque ella era la voz de España explica una de sus fieles admiradoras en la fila Al alcalde Gallardón le correspondió ayer la triste tarea de anfitrión: recibió a Ortega Cano y Amador Mohedano Largas colas para despedir a Rocío Jurado en el Centro Cultural de la Villa JAIME GARCÍA