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30 Internacional VIERNES 2 6 2006 ABC El francotirador de Washington, condenado a seis cadenas perpetuas AP ROCKVILLE (MARYLAND. El francotirador que sembró el pánico en el área de Washington D. C. en 2002 con una serie de asesinatos por disparos fue condenado ayer a seis cadenas perpetuas consecutivas sin derecho a libertad condicional. Los fiscales de Maryland calificaron el fallo de John Allen Muhammad como un seguro en caso de que Virginia anule la pena de muerte que le impuso. Muhammad, de 45 años, fue declarado el pasado martes culpable de seis de los 10 ataques fatales de francotirador que aterrorizaron el área de Washington durante tres semanas en octubre de 2002. En esta ocasión, su joven cómplice Lee Boyd Malvo subió al estrado y relató cómo el acusado, otrora su mentor, le enseñó a disparar y le arrastró a un plan para matar a gente indiscriminadamente. En total, 10 personas murieron y tres resultaron heridas por los disparos de francotirador en octubre de 2002 en Virginia, Maryland y Washington, D. C. Muhammad ya había sido condenado a muerte en Virginia por uno de los asesinatos en dicho estado. Jóvenes palestinos durante una manifestación contra el bloqueo y la suspensión de contactos con la UE y Washington AFP Un hombre y una mujer de Nablus, amantes hace meses, fueron ejecutados por colaborar con Israel. Confesaron haber delatado a tres milicianos, uno era el marido de ella, más tarde asesinados por el Ejército hebreo De la desgracia de ser árabe un ensayo póstumo de Samir Kassir ABC MADRID. Hoy hace un año moría en Beirut, víctima de un atentado, Samir Kassir, periodista árabe, cristiano ortodoxo, miembro fundador del Movimiento Democrático de la Izquierda libanesa, al estallar una bomba colocada bajo su automóvil. Hoy, un año después, la editorial Almuzara, publica el trabajo póstumo de Samir, De la desgracia de ser árabe en la que el periodista reflexiona sobre el cómo y el por qué se llegó al marasmo actual, que hace creer a los árabes que no tienen más porvenir que el señalado por un milenarismo mórbido... ¿Cómo se logró despreciar una cultura viva y profesar el culto a la desgracia y la muerte? En Madrid, representantes del Parlamento Europeo, Reporteros sin Fronteras y la editorial Almuzara presentaron el libro de Kassir. A dicho acto asistieron Enrique Barón, portavoz del Grupo Parlamentario Socialista Europeo y Ramón Pérez- Maura, adjunto al director de ABC y vicepresidente segundo de Reporteros sin Fronteras. Crimen y castigo entre venganzas palestinas JUAN CIERCO. CORRESPONSAL JERUSALÉN. La noticia- -lo que demuestra dónde están, dónde estamos- -apenas mereció unas líneas al final de la crónica del día. Sucedió el martes. Fue escupida por las agencias informativas a última hora de la tarde. Una pareja de palestinos, un hombre y una mujer, habían sido ejecutados en el campo de refugiados de Nablus acusados de ser colaboracionistas de Israel, de haber delatado a tres milicianos de las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa abatidos hace dos meses por un comando especial del Ejército hebreo. Hasta ahí, por desgracia, lo que demuestra dónde están, dónde estamos, más de lo mismo. Han sido muchos los palestinos ajusticiados en público, ante los ojos de decenas de niños, por haber supuestamente colaborado con los servicios secretos israelíes. Sin juicio, sin derecho a una defensa justa, sin poder siquiera pronunciar más palabra que una súplica. Clanes familiares Pero esta vez, esa noticia que demuestra dónde están en Gaza y Cisjordania, dónde estamos, tenía su aquel. La ejecución tenía orígenes en los poderosos clanes familiares que dominan la sociedad palestina. Jafel Abu Srour, de 24 años, conoció a Widad Abu Mustafá, de 27, hace unos meses. Ella le estaba más que prohibida, casada y madre de 4 hijos, pero se enamoraron. Sabían que no podían verse, mucho menos rozarse, menos aún tocarse, acariciarse, besarse, pero lo hicieron. De ser descubiertos serían castigados. Sobre todo ella, potencial víctima en ese caso de los llamados crímenes de honor aquellos en los que se mira a otra parte si se tiene delante al asesino, convertido en tal por lavar ese maltrecho honor de su clan, de su familia. Widad, madre, en efecto, de 4 hijos estaba casada con Mohamed Abu Hamis, miembro destacado de las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa, y uno de los milicianos más buscados por Israel en la región de Nablus. Ni cortos ni perezosos, Widad y Jafel, tres años menor que ella, urdieron una estrategia que demuestra dónde están, dónde estamos. Delatarían a Mohamed y a otros dos de sus compañeros de armas a los servicios secretos israelíes. Y así lo hicieron. Y lo que vino después se desarrolló según lo que ellos habían planeado antes. En una operación llevada a cabo por sus comandos especiales, el Ejército de Israel acabó hace poco más de dos meses, en el campo de refugiados de Balata, con la vida de Mohamed y de otros dos activistas palestinos. Jafel y Widad creyeron tener vía li- bre para proseguir con su relación. Ni mucho menos. Su actitud levantó sospechas. Reaparecieron juntos en público muy poco después de los funerales. Los responsables de las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa en Nablus comenzaron a sospechar, y a investigar, y a preguntar. Hasta que el martes creyeron haber reunido las pruebas. Venganza en público Capturaron a los dos amantes y les interrogaron hasta que confesaron haber delatado a los tres milicianos. Jafel fue conducido a la plaza del campo de Balata, con las manos atadas y los ojos vendados, y fue tiroteado hasta la muerte en público, convertido en un colador. Decenas de muchachos patearon su cuerpo. La ambulancia se llevó media hora después un cadáver desmembrado. Mientras, Widad era llevada al patio del hospital de Radifiya, en Nablus, donde uno de sus cuñados, rodeado por otros 15 miembros de su familia y de su clan, le disparaba un tiro en la cabeza. La madre de Hamuda Shitawi, uno de los otros dos milicianos abatidos por Israel, repartía en la puerta de su casa dulces y caramelos tras vengar la muerte de su hijo. Así se escribe la historia que demuestra dónde están, dónde estamos.