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28 Internacional VIERNES 2 6 2006 ABC Uno de los hospitales, que cuenta con 250 camas, ha atendido en los últimos días a más de 2.000 personas Los pacientes curados no quieren abandonar el hospital pues allí se les asegura dos platos de comida al día llas con ancianos agonizantes, Pawiro Suwarto, una mujer de 70 años, intenta ocultar con las manos su rostro desfigurado. Cuando ocurrió el temblor, a eso de las seis de la mañana, Pawiro estaba friendo el tempe que vendía cada día en el mercado de Sewon, por lo que le salpicó el aceite hirviendo y le quemó la cara, el pecho y buena parte del brazo derecho. Además, quedé atrapada entre los escombros al derrumbarse el tejado de mi casa, que ha quedado totalmente destrozada se lamenta la mujer mientras sus dos hijas tratan de reconfortarla. Al menos, ella tiene a alguien a su lado, no como la anciana entubada que, envuelta hasta la cabeza en una sábana, permanece inconsciente mientras se debate entre la vida y la muerte. Kismo Sujono, de 65 años, entubado sobre un colchón en el suelo tras sufrir graves heridas durante el terremoto PABLO DÍEZ Los médicos indonesios hacen una desesperada petición de ayuda Falta material quirúrgico, medicinas, vendas y ortopedias de la Salud reclama 10.000 aparatos ortopédicos para atender a los numerosos heridos que han sufrido fractura de huesos PABLO M. DÍEZ. ENVIADO ESPECIAL YOGYAKARTA (INDONESIA) El Hospital Muhammadiyah de Yogyakarta tiene 250 camas, pero en los últimos días ha atendido a más de 2.000 pacientes, todos ellos víctimas del brutal terremoto que sacudió a la isla de Java el sábado. Debido a la magnitud de este nuevo desastre natural que ha azotado a Indonesia, los 300 médicos y enfermeras del centro se han visto desbordados, ya que han atendido 1.269 ingresos de urgencia y a 958 personas con fractura de huesos. En menos de una semana, sus facultativos han realizado más de un centenar de intervenciones quirúrgicas y han visto cómo se les morían 70 enfermos. Pero lo peor de todo no es eso, sino que los heridos siguen llegando a un hospital que, al igual que el resto de recintos médicos de la zona afectada por el seísmo, está al límite de sus posibilidades. En la misma puerta del dispensario, junto al mostrador de admisiones, se agolpan los pacientes que no han podido ser trasladados a una habitación. Son decenas de personas de todas las edades, desde niños pequeños hasta anb La Organización Mundial Necesitan auxilio Para evitar que los pacientes se mueran en los pasillos, la doctora Pipiet hace un desesperado llamamiento de auxilio. Necesitamos material quirúrgico, medicinas, vendas y, sobre todo, ortopedias para poder atender todas las fracturas de huesos que tenemos resume a toda prisa antes de salir disparada por el pasillo en dirección a la sala de operaciones. En este sentido, la Organización Mundial de la Salud ya ha reclamado 10.000 aparatos ortopédicos para este tipo de lesiones, que capitalizan el grueso de los ingresos hospitalarios. No en vano, de las 22.000 personas que han resultado heridas como consecuencia del seísmo, 7.519 revisten bastante gravedad, según los últimos datos facilitados por el Ministerio de Asuntos Sociales de Indonesia. Por su parte, ya han sido curados 3.000 pacientes leves, pero la mayoría de éstos se niega a abandonar los centros médicos porque, a pesar de dormir en el suelo, al menos allí tienen un par de platos de comida caliente al día. Un auténtico lujo en comparación con las precarias condiciones de los miles de damnificados que siguen viviendo entre las ruinas de sus casas o que se han trasladado a los campamentos de desplazados. Junto a la acuciante necesidad de medicinas en los hospitales, otra de las prioridades es la mejora de las condiciones higiénicas en los pueblos de las zonas dañadas. Para ello, son necesarias plantas potabilizadoras de agua como las dos de la Cruz Roja Española que ya están operativas. Sin ellas, aparecerán infecciones y proliferarán enfermedades que seguirán cobrándose la vida de los sufridos habitantes de Java. cianos moribundos, que yacen sobre la alfombra de colchones que recorre los congestionados pasillos del edificio. Conectado a una bolsa de suero que cuelga junto a la entrada, Kismo Sujono, de 65 años, apenas puede resistir los fuertes dolores que sufre en la cabeza, que tiene vendada, y en la espalda, donde los médicos le han colocado un corsé. Mi casa se derrumbó durante el terremoto y a mí me cayó encima un muro explica a duras penas a ABC para, a continuación, preguntar si alguien ha visto a su esposa. Kismo aún no lo sabe, pero su mujer pereció sepultada en el desplome de la vivienda, que estaba junto a una plantación de arroz en la aldea de Sulan Patalan, perteneciente a la devastada ciudad de Bantul. Aparte de reunirse con ella, aclara que lo primero que quiero hacer tras ser dado de alta es ir corriendo a mi granjita para comprobar cómo ha quedado después del temblor Sin embargo, los doctores dudan de que Kismo pueda volver a andar, puesto que la pared le aplastó la columna vertebral. A unos cuantos metros de distancia, al lado de una sala de cuidados intensivos donde se amontonan varias cami-