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26 VIERNES 2 6 2006 ABC Internacional Las grandes potencias ofrecen a Irán parar las sanciones si suspende su programa nuclear Teherán acoge la oferta de diálogo de EE. UU. pero continuará enriqueciendo uranio b El paquete de incentivos aproba- do en Viena contempla la colaboración para construir un reactor civil de agua ligera, el suministro de combustible y ayuda económica ANTONIO SÁNCHEZ SOLÍS CORRESPONSAL VIENA. Las grandes potencias acordaron ayer dar un nuevo paso en la táctica del palo y la zanahoria para convencer a Irán de que suspenda su programa de enriquecimiento de uranio. Durante una reunión en Viena, los ministros de Asuntos Exteriores de Francia, Reino Unido, Rusia, China, Estados Unidos (miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU) y Alemania, junto al representante de la política exterior de la UE, Javier Solana, sentaron las bases de un acuerdo para ofrecer a Irán una serie de incentivos y compensaciones a cambio de que acepte negociar una salida a la crisis generada por su empeño de dotarse de un programa atómico completo. Aunque los diplomáticos anunciaron que no darán detalles antes de que sea presentada oficialmente a Irán, la propuesta podría recoger la colaboración para construir un reactor civil de agua ligera, el suministro de combustible nuclear y ayudas económicas. Además, las potencias se comprometen a suspender cualquier posible acción del Consejo de Seguridad contra Irán, según confirmó Margaret Beckett, ministra de Asuntos Exteriores del Reino Unido. Por el contrario, si Irán rechaza negociar, todas las potencias están de acuerdo en que se tendrán que dar nuevos pasos en el Consejo de Seguridad aseguró la diplomática británica en relación a la posibilidad de que la ONU decida sancionar a Teherán. La reunión de ayer vino precedida por el anuncio formulado el miércoles por Condoleezza Rice, secretaria de Estado de Estados Unidos, de que la Casa Blanca podría sumarse a las potencias europeas en una hipotética negociación con Teherán. Esta posibilidad, un importante giro en la estrategia de Washington hacía Irán, con quien rompió relaciones diplomáticas hace casi tres décadas, está condicionada a que el país asiático deje de enriquecer uranio, susceptible de ser usado tanto con fines civiles como militares. El golpe de timón de la Administración Bush parece responder a la evidencia de que, para poder reunir apoyos de cara a una eventual acción militar o la aplicación de sanciones, primero ha de agotar todas las opciones diplomáticas. El apoyo de Washington a la vía diplomática y la nueva oferta auspiciada por la UE (Irán ya rechazó en agosto pasado una propuesta de compensaciones económicas de Bruselas) se interpretan como una última oportunidad para que Irán muestre su disposición a aceptar una opción distinta a la que el régimen de los ayatolás ha mantenido hasta la fecha: su absoluta negativa a renunciar a una tecnología a la que tiene derecho y que, asegura, sólo empleará con fines energéticos. Margarita Beckett, ministra británica de Exteriores, entre Condoleezza Rice y Javier Solana Energía Atómica. La primera opción derivaría en grandes costes un mayor aislamiento internacional y la aplicación de sanciones económicas y políticas cada vez mayores. Es precisamente el asunto de las sanciones el que ha impedido hasta ahora que Bruselas y Washington aúnen posturas con Rusia y China. Mientras que Occidente insiste en que si Irán no cede habría que aplicar sanciones, desde la Casa Blanca no se descarta incluso una acción militar, Moscú y Pekín se han mostrado de la opinión de que castigar a Irán no serviría más que para alejar aún más la posibilidad de un acuerdo. Aunque el Gobierno chino insistía ayer mismo que su postura seguía siendo contraria al uso de sanciones, el acuerdo cerrado en Viena parece incluir la opción de recurrir a la mano dura en el caso de que Irán siga negán- Política de mínimos La propia Rice aseguró el miércoles que Irán tiene dos opciones: mantener su actual posición y desafiar a la comunidad internacional o detener todas las actividades relacionadas con el enriquecimiento de uranio y volver a abrir plenamente sus instalaciones nucleares a las inspecciones de los técnicos del Organismo Internacional de RAFAEL L. BARDAJÍ LA SONRISA DE AHMADINEYAD os Estados Unidos han anunciado por boca de su secretaria de Estado, Condoleezza Rice, una nueva política hacia Irán. Ahora aceptan incorporarse a una negociación multilateral para comprobar la buena voluntad del régimen de Teherán siempre y cuando Irán abandone previamente su ambición de desarrollar un programa nuclear de uso militar. Para la Administración norteamericana se trata de dar a la diplomacia una oportunidad más para resolver la crisis, pero también se admite que se trata de una apuesta arriesgada porque, al fin y al cabo, lo que importa no es lo que digan Washington y sus socios, sino lo que se perciba en Teherán. Y habida cuenta de la línea seguida por el actual presidente iraní, Mahamud Ahmadineyad, confirmada en L su reciente entrevista al periódico alemán Der Spiegel, lo que él y sus coadláteres van a ver es una prueba más de la debilidad americana. Diplomacia para ellos significa, de hecho, que no va a haber intervención militar que les vuele su ambición nuclear. Ahora bien, si esto es tan claro como lógico, ¿por qué el cambio de postura americano, particularmente ahora que Irán se enfrentaba a una condena del Consejo de Seguridad de la ONU? En Washington se explica por la sofisticación de la que hacen normalmente gala los diplomáticos: todo se reduciría a una estratagema para crear más tensiones internas entre los ayatolás y favorecer, así, que los moderados partidarios del compromiso con los EE. UU. echen al radical e incontrolable Ahmadineyad. Vamos, una ver- sión de cambio de régimen, limitado y desde dentro. Hay quien sugiere a su vez un pacto secreto para que Irán deje de interferir en Irak. Pero cabe otra explicación que también se oye por algunos pasillos de la capital americana: que el Departamento de Estado, como casi todos los ministerios de Asuntos Exteriores del mundo, juega a la contra de su presidente y que todo se reduce a un ataque preventivo contra la línea dura dentro de la Administración. De hecho, quien más ha aplaudido el giro de la diplomacia estadounidense, de momento, han sido los demócratas. Rice afirma que con este paso se consolida el frente internacional e Irán queda más aislada. Queda por ver que Teherán compre su interpretación. Con todo lo peor sería que ahora los ayatolás rechazasen la propuesta estadounidense porque vieran enfrente a una América débil. La iniciativa de Rice habría servido para bastante poco. Aún peor, habría creado la convicción en Ahmadineyad de que con América también se juega. Y es que con Irán no bastan los piadosos deseos.