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ABC VIERNES 2 6 2006 Opinión 7 TRIBUNA ABIERTA POR ANTONIO HERNÁNDEZ ROCÍO, AY MI ROCÍO Dicen que ha sido la mejor y yo lo creo. Es más, lo sé. El talento es una magistratura- -alguien lo dijo- el genio, un sacerdocio. Yo esta tarde me voy a poner a escuchar a la diosa de Chipiona A filosofía del vitalismo tuvo siempre presente el hecho de la muerte como una consecuencia de la vida, y a la inmortalidad como algo que se paga muy caro, pues, para conseguirla, tiene uno que morir en vida muchas veces. Rocío Jurado, que acaba de decirnos su último adiós silenciosamente, subraya con esa forma de despedida la paradoja, y aún cuando el filósofo se refería a formas de padecimiento como contrariedades concretas, a la gran cantante de Chipiona se le ha ido haciendo día a día el funeral en papel cuché o en las pantallas de las televisiones. La suerte, la mala suerte, estaba echada, y por mucho que la ciencia ha alargado su mano, más la ha alargado la muerte, esa sombra de hielo que no distingue de condición ni de méritos cuando decide, tenebrosa, la presa. Sin embargo, algo hay que se toma venganza contra el hecho irrefutable de su verdad; algo que ha creado el hombre para que persevere su huella sobre esa ráfaga de luz que es la vida: el arte, es decir, dejar en los demás la sensación de que no estamos solos. Si con los lobos solamente se puede aprender a aullar, una canción casi sirve de vehículo en un viaje. Lo ha debido de decir algún poeta y nosotros hemos viajado mucho con Rocío, sobre la que casi es una obviedad decir que en lo que nos queda de viaje nos va a acompañar siempre. Porque ahí estriba el poder de su sobrevivencia: en que, tras la muerte, todavía puede hacer feliz a mucha gente. Algunos dirán que incluso más que viva, porque, como decía el torero, hay gente pa to y a Rocío, nadie es perfecto, era preferible oírla cantar que escucharla diciendo cosas que no venían a cuento. Estaban dichas con cierta mandanga cuando la mandanga es sinónimo de sosería. Cierto que dicha observación me la podía haber evitado, pero a ella ya no va a hacerle daño y, por otro lado, las hagiografías incondicionales deben quedar para los santos. Ella, y valga el lugar común, era una diosa que desde un pedestal de faralaes nos encantaba con su voz de vendaval envolvente o nos ponía los pelos de punta si se arrancaba por soleá o por bulería. Por algo le pusieron La más grande: porque era la más completa. Ese era su lenguaje, su idioma, el del pellizco. Lo demás, la cháchara, para los académicos y para los flamencólogos. Y a través de ese idioma de música y palabra nos ha llevado, meciéndola, por toda nuestra vida: por nuestra infancia de precariedades y radios de cretona, por nuestra adolescencia ya televisiva, por nuestra madurez de pantalla gigante. Y ha sido como un documental sobre Andalucía en el que no han faltado ni la alegría de un rato ni la pena de siglos. Lo curioso de los milagros es que, a veces, suceden, como escribió un inglés ateo. Rocío, que era creyente, los hacía tirando de su repertorio o de los que le dejaron Miguel de L AFP Molina, Concha Piquer y algunas menos grandes que ella. Los hacía y los va a seguir haciendo porque el tiempo, que destruye los cuerpos, ya no puede destruir lo que los cuerpos tienen de espíritu: la voz. Dicen que ha sido la mejor y yo lo creo. Es más, lo sé. El talento es una magistratura- -alguien lo dijo- y el genio, un sacerdocio. Yo esta tarde me voy a poner a escuchar a la diosa de Chipiona, la voy a ver por las dunas de Las tres piedras, por el oro caliente de la playa de Regla o más allá, donde el Guadalquivir quiere hacerse mayor, morir como Rocío. Y estoy seguro de que escuchándola midiéndose con el tiempo voy a ver también un retrato de mi país que no tiene derecho a ser feo, sobre todo después de que ella lo haya cantado con tanta fe y con tanta belleza. Poeta REVISTA DE PRENSA POR JUAN PEDRO QUIÑONERO ETA, QUEIPO DE LLANO, NEGRÍN... El eco internacional de la muerte de Rocío Jurado cubre con su oscuro velo el resto de una actualidad que va del gris oscuro al negro azabache. En Berlín, Der Tagesspiegel titula: Luto por la voz de España En México, Vanguardia afirma: Los músicos latinos lloran y dicen adiós a Rocío Jurado El resto de la actualidad española también se percibe en tonos de muy duros enfrentamientos. En Burdeos, Sud Ouest anuncia la nueva fase por la paz en el País Vasco, e ilustra su crónica con un manifestante que lleva una pancarta, con foto de Otegui, cruzada con dos frases: Otegui, asesino y Zapatero, traidor Le Figaro, en París, publica dos largos, matizados y sombríos artículos comentando el mismo proceso, destacando el embrollo jurídico de un partido (PSE) que negocia con una organización (Batasuna) perseguida judicialmente por sus relaciones terroristas En otro artículo, Le Figaro afirma Navarra se niega a ser anexionada al País Vasco y describe una situación balcánica una Navarra norte con lengua vasca oficial, una Navarra sur castellana y una Pamplona víctima de los más duros enfrentamientos fratricidas. En el terreno internacional, la crisis de la inmigración barre y alarma. En París, Nouvel Observateur escribe: Senegal ha suspendido su cooperación con España para protestar contra los malos tratos y las mentiras de las autoridades españolas sobre los inmigrantes senegaleses En Londres, la BBC afirma: La decisión de Senegal de rechazar la cooperación con España es un fracaso diplomático para Zapatero Por su parte, Afro News, que se distribuye en todo el continente, insiste: Senegal denuncia las condiciones humillantes de las repatriaciones españolas Desde el corazón geográfico de Europa, en Viena, Die Presse aporta otro matiz: En España crece la inquietud contra los extranjeros En un clima tan tenso, The Times Literary Supplement publica un artículo magistral de Felipe Fernández Armesto, comentando con entusiasmo el libro de Anthony Beevor, The battle for Spain que presenta como una obra maestra indispensable sobre la Guerra Civil. Fernández Armesto explica y razona esa trágica historia con incontables matices. Dos perlas. ¿Quién entraba militarmente en las ciudades gritando ¡Larga vida a la República... Queipo de Llano. ¿Quién decía En España sólo hay una nación, España Juan Negrín. Decíamos ayer...