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ABC JUEVES 1 6 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA PLÁTICAS DE FAMILIA D ENTRE SENEGAL Y CANARIAS M IENTRAS los subsaharianos desembarcan por miles, un dirigente canario anuncia su petición al Gobierno: que la escuadra blinde las costas del archipiélago. ¿Qué quiere, que disparen misiles contra las embarcaciones senegalesas? Algunas enormidades no deberían siquiera insinuarse. Por otra parte, blindar siete islas (y algunas menores) obligaría a desplegar 15 o 20 buques de guerra. La armada tiene nuevas funciones: desde Marruecos a Guinea Conakry, desde el Estrecho a Libia... además de sus deberes en la OTAN y la protección de la Península, con sus 3.000 kilómetros de costas. Tenemos una armada moderna, muy competente al parecer. Pero modesta, con sus efectivos a tope: con medios técnicos limitados por la dimensión pequeña del presupuesto de Defensa. Cuando surgen grandes problemas, vuelve lo que temíamos tiempo atrás: ninguna de las partes tiene la verdad, DARÍO tantas veces divisible, huidiza. La verVALCÁRCEL dad está al tiempo en Madrid y Dakar, con los canarios y los subsaharianos (algunas voces: ¡eso es eclecticismo, cobardía, gobernar es decidir! etcétera) ¿Por qué se admite en la UE el libre tráfico de mercancías, capitales y servicios y no el de personas? ¿No hay una gran inconsecuencia en ello? Hay migraciones desde que el hombre echó a andar. Millares de caldeos, 6.000 años antes del petróleo, precedieron a Abraham hacia el Mediterráneo. Millones de bárbaros, llamados germanos, migraban en los siglos IV y V desde el Báltico congelado hacia las penínsulas sanas y templadas, Grecia, Italia, Hispania. Millones de gallegos, asturianos, vascos, emigraban en el siglo XIX a América del Sur. Los irlandeses, escoceses, polacos fueron a América del Norte. España ha colocado al frente de la operación migratoria a uno de sus mejores diplomáticos, Bernardino León, secretario de Estado. León va y viene a Dakar, Bamako, Conakry. Vuelve sobre Bruselas, París. Sabe que nada se construirá firmemente sin el respaldo activo de 450 millones de europeos, un PIB comparable al de Estados Unidos. La sequía castiga por tercer año consecutivo al Sahel. Mauritania, Malí, Níger, Chad, están en plena catástrofe. Muchas gentes del semidesierto (el Sáhara está despoblado) viven del cultivo del mijo, pasta que se tritura y fermenta, y de la escasa ganadería. Uno y otra han sido arrasados por la casi total falta de lluvias, pronto 36 meses. Algunos millares de supervivientes, jóvenes, tratan de llegar a Tenerife o Fuerteventura, tierra de promisión. ¿Disparar contra ellos? La bestialidad se mezcla aquí con el arrogante simplismo. Y sin embargo la razón la monopolizan los africanos. Canarias puede hundirse en el Atlántico. El camino opuesto, el de la paciente complejidad, nos podrá llevar a la solución menos mala. Inversiones a largo plazo en África: editoriales, escuelas, universidades, centros de investigación. Compañías privadas, europeas, estadounidenses, canadienses... lo cual requiere garantías jurídicas, fiabilidad de los registros públicos, del poder judicial. Años y voluntad. La Unión Europea exigirá la aceptación de cupos. Tratará de negociar con Senegal, Mauritania, Malí, Níger... Pero la UE debe acuñar primero su política y sus leyes comunes. Ha de haber un portavoz, una sola voz de los 25 estados, es decir, de la Unión. Sin ella nada será viable. Hemos escrito esto decenas de veces: el filisteísmo y el corto plazo son métodos seguros de perder el tiempo. No hacemos europeísmo de manual: repetimos lo evidente. Sólo unidas, España, Francia, Italia, pero también Alemania, Reino Unido, Holanda, sumarán fuerza bastante para mantenerse en la corriente global. Casi todas las aguas son encauzables, véase el Yangtzé. Por lo demás, el problema permanecerá en su colosal dimensión durante décadas, hasta que África se acerque, un poquito, a niveles europeos. La UE habrá de encarar las migraciones con ingentes recursos, superiores quizá a lo que invierte hoy en la política agrícola común. A un poco de grima ver cómo se vacía el Congreso en cuanto acaba el debate entre Zapatero y Rajoy. Se van los diputados- -algunos incluso obstruían el paso al siguiente orador, que era Duran i Lleida- los periodistas, los invitados, con evidente falta de respeto al resto de los grupos parlamentarios. Pero es que, en puridad, el debate propiamente dicho acaba en ese instante. Lo que viene después es una charla de amiguetes, un sedoso contraste de pareceres, un afable intercambio de cortesías con leves discrepancias, un cariñoso sobeteo de alianzas, recordatorios y puntualizaciones, en plan me- alegroque- me- haga- esa- pregunta y no- se- lo- tome- a- mal- señor- presidente. Un dulce mamoneo, que dicen en mi IGNACIO tierra. CAMACHO Pocas situaciones reflejan mejor el estado de cosas de la política española, en la que la oposiciónestá representada por un único partido. El resto es una liga de minorías esponjosas y rampantes por el favor del Gobierno, como CiU, discretamente despechadas, como ERC, o circunstancialmente cabreadas con la boquita chica, como Coalición Canaria. Todos tratan a Zapatero con delicadeza cómplice, con talante comprensivo, con cálida distancia, tan diferente y lejana de la bronca aspereza perceptible cuando se enfrentan los líderes de los dos grandes partidos. A veces, incluso, se da la circunstancia de que los portavoces minoritarios dirigen hacia el PP sus dardos críticos, y si no lo hacen de manera más nítida es para no dar pie a réplicas por alusiones. Pero la coalición anti- PP en que se ha convertido la Cámara merecería un doble debate, en el que Rajoy se midiese con los socios activos o pasivos de un Gobierno insólitamente cómodo en su corta mayoría. Claro que, puesto por pasiva, este panorama evidencia la principal dificultad política del PP, que es la de encontrar aliados con los que oponerse a esta especie de federación social- nacionalista- -al revés no, por favor- Tarea difícil no sólo por su empeño en articular un discurso unitario en una escena dominada por el auge de los particularismos, sino por la decidida y contundente estrategia gubernamental de aislar al único partido que puede disputarle el poder de manera efectiva. El Pacto del Tinell, denunciado con firmeza por Rajoy desde el ambón, ha devenido el eje de una estrategia cuyo principal error, que como tal admiten los socialistas, consiste en haber puesto negro sobre blanco, con descarnada crudeza, lo que de hecho constituye el verdadero programa, la agenda oculta, de este Gobierno. El debate sobre el estado de la Nación muere, así, cuando el presidente concluye su último turno frente al líder de la oposición. El resto es plática de familia, que diría el Tenorio. ZP y sus amigos, como esos partidillos benéficos que organizan Ronaldo, Ronaldinho o Zidane. Teóricamente, enfrente deberían estar Rajoy y sus amigos. Y de hecho lo están. Los amigos de Rajoy son los diez millones de votantes que sostienen una alternativa de gobierno condenada a una durísima opción de mayoría o nada. Cero o infinito.