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ABC MIÉRCOLES 31 5 2006 Cultura 67 Muere a los 80 años Shohei Imamura, el gran patriarca del cine japonés El cineasta obtuvo dos veces la Palma de Oro en Cannes b Era uno de los grandes supervi- La Fundación Albéniz presenta la primera escuela de música en la red ABC MADRID. El primer proyecto de escuela de música en internet, en el que se incluyen unas 3.000 horas de lecciones de más de 200 prestigiosos maestros de todo el mundo, nació ayer bajo el nombre de Magistermusicae. com de la mano de la Fundación Albéniz. Este nuevo catálogo de enseñanza musical digitalizada ofrece explicaciones de célebres músicos internacionales como András Schiff, Zakhar Bron, Bruno Canino o Tom Krause, a las que se podrá acceder mediante suscripciones individuales o mediante acuerdos con instituciones o centros de enseñanza. Según explicó en el acto de presentación la presidenta de la Fundación Albéniz, Paloma O Shea, Magistermusicae. com es una herramienta informática fruto del proyecto Harmos, financiado por la Comisión Europea, en el que han participado ocho de las escuelas de música más prestigiosas de Europa, informa Efe. Durante la presentación, a la que también acudió el secretario de Estado de Telecomunicaciones y para la Sociedad de la Información, Francisco Ros, Paloma O Shea aseguró que la iniciativa permitirá abrir las aulas de los mejores maestros Apuntó también que esta escuela virtual generalizará el privilegio puesto que llevará la mejor educación musical a todos los alumnos que lo deseen y sin que se reduzca la calidad del servicio El proyecto, según dijo Paloma O Shea, ha supuesto cinco años de trabajo. vientes de la denominada nueva ola japonesa. Su último trabajo fue la película colectiva 11 de septiembre en 2002 ANTONIO WEINRICHTER MADRID. Para los amantes de los titulares, Shohei Imamura pasará a la historia por ser uno de los raros cineastas con dos Palmas de Oro del festival de Cannes en su haber (honor sólo compartido por Bille August y Emir Kusturica) Desde un punto de vista histórico, su importancia radica en ser uno de los grandes supervivientes de aquella mítica y poco conocida- -pero perfectamente homologable con sus correlatos europeos- nueva ola japonesa de los años 60, habiéndose mantenido más activo en los últimos tiempos que sus coetáneos Yoshida y Oshima y conservando un grado de provocación temática y formal insuperado incluso por este último. Nacido en 1926, Imamura se inició en el cine a comienzos de los años 50 dentro del floreciente sistema de estudios japonés que empezaba a recuperarse de la pérdida de la guerra y de la censura impuesta por la ocupación americana. Fue ayudante de dirección del venerado Yasujiro Ozu, pero no comulgaba con su visión tradicional del país: en cuanto se convirtió en realizador, Imamura se empeñó en plasmar sobre la pantalla la dura realidad del Japón de posguerra y lo consiguió, convirtiéndose en lo que alguien llamó el entomólogo del Japón moderno No Imamura, en Tokio en 1997 AP era una forma de hablar: el rasgo más original e inquietante del cine de Imamura es su visión descarnada de la Humanidad y la frecuente equiparación entre animales y hombres que se hace explícita en películas como La balada de Narayama (1982) su celebrada primera Palma de Oro. Pero esta tendencia se inaugura con títulos primerizos como Cerdos y acorazados (1961) y Crónicas entomológicas de Japón (1963, también conocida como La mujer insecto Por otro lado, su trabajo en Desaparece un hombre (1967) y la perversa Historia del Japón de posguerra contada por una camarera (1970) obligó a reescribir la historia del documental, cuando fueron vistas tardíamente fuera de su país. La fase internacional de Imamura, marcada por su regreso al cine de ficción, se inicia con La venganza es mía (1979) insólito retrato de un asesino en serie (nada que ver con el psicokiller a la americana) Viene luego Eijanaika (1981) un ambicioso y libertino fresco histórico que se prolongará luego en Zegen, el señor de los burdeles (1987) Un caso aparte de sobriedad en su obra es Lluvia negra (1989) una obra maestra en blanco y negro que es uno de los grandes trabajos sobre los efectos de la bomba atómica. Convertido en un gran patriarca del cine japonés en el circuito de los festivales y el cine de arte y ensayo, entrega obras que siguen siendo audaces y excéntricas reflexiones sobre la naturaleza humana, que mezclan lo trágico y lo ridículo hasta niveles esperpénticos: La anguila (1997, su segunda Palma) Doctor Akagi (1998, uno de sus proyectos predilectos) y Agua tibia sobre un puente rojo (2001) En todas ellas, como en el segmento que aportó al film colectivo 11 de septiembre (2002) sigue siendo fiel a la filosofía que alimentaba la sorprendente visión antropológica de La balada de Narayama y que Imamura resumió una vez diciendo: Me interesa la relación entre la parte inferior del cuerpo humano y la parte inferior de la estructura social Una línea del vientre, orgánica y zoológica, que ningún cineasta supo dibujar como Shohei Imamura. Laia Marull protagoniza en el teatro Español el estreno de Nina de José Ramón Fernández JULIO BRAVO MADRID. Habría que secuestrarla y quedárnosla para siempre La frase es de José Ramón Fernández, autor de la obra teatral Nina -que ganó en 2003 el premio Lope de Vega y que hoy se estrena en el café del teatro Español- y se refiere a su protagonista, la actriz Laia Marull. El dramaturgo no podía ayer disimular su satisfacción ante el estreno, que significará el debut como director teatral de Salvador García Ruiz, centrado hasta ahora en el cine Mensaka El otro barrio y Las voces de la noche Para Fernández, uno de los creadores de la casi legendaria trilogía Las manos el trabajo del director y de los actores hará de este estreno un acontecimiento Nina toma su título del nombre de la protagonista de La gaviota de Chéjov. Contrariamente a lo que pudiera parecer, el autor ruso conecta con esa juventud desencantada que espera que ocurra algo. En la época en que escribí la obra, yo trabajaba con jóvenes, y me decían que las cosas que les ocurrían a los personajes de Chéjov les llegaban mucho Salvador García Ruiz salta con Nina a la escena; es un salto arriesgado, según él mismo lo define. No entraba en sus planes, pero la llamada de Mario Gas y el texto le convencieron: Avanzo profesionalmente con los empujones que me dan los demás Sobre el texto, dice que está lleno de sorpresas; aparentemente es muy sencillo, pero se ofrece al espectador a corazón abierto. Los actores han de entregarse porque el público debe sentir que los actores respiran, no que interpretan Nina cuenta el regreso a su pueblo de una joven actriz, y su encuentro, en la cafetería del hotel donde se aloja, con dos hombres: Blas y Esteban. Nin- guno de los dos ha salido del pueblo. Los tres son personajes desencantados, que se sienten fracasados por diversas razones. Tanto el autor como el director coinciden en señalar la idoneidad del espacio donde se va a representar, el café del Español. La función transcurre también en un café- -dice Salvador García Ruiz- y esa verdad del escenario es la que demandaba el texto. Durante los ensayos, los técnicos nos decían que era como si estuvieran fisgando las conversaciones de unos personajes, y eso es lo que queremos que perciba el público Laia Marull dice del texto que habla de personajes que están perdidos, bloqueados, que no saben cómo afrontar sus vidas, porque se les han hecho grandes, y se encuentran en una noche que resultará fundamental A la actriz le acompañan Juanjo Artero y Ricardo Moya. Laia Marull, en un ensayo ABC