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20 Nacional EL DEBATE SOBRE EL ESTADO DE LA NACIÓN EL AMBIENTE MIÉRCOLES 31 5 2006 ABC Ayer, en el Congreso, el ambiente no fue ni bueno ni malo, sino escaso. Sólo el presidente Manuel Marín estuvo un poco bicho con Rajoy y el reparto del tiempo, tanto que el popular acabó con la mosca (o la polilla) detrás de la oreja La plaga de los discursos apolillados TEXTO: MANUEL DE LA FUENTE FOTOS: IGNACIO GIL MADRID. Que no cunda el pánico, que aún no son necesarios los insecticidas de destrucción masiva. El edificio del Congreso sigue incólume. Ayer, repleto de señorías, aunque la mayoría, en jornadas como ésta, se vea obligada a quedarse con la palabra en la boca. Pleno al pleno y un montón de cuestiones y asuntos fundamentales aleteando y sobrevolando el hemiciclo. Pero, de momento, y no le demos alas a la imaginación, de la mariposa Autographa gamma, el último y alado fichaje que inunda media España, ni rastro. Las polillas no vienen ni en patera ni en cayuco, aunque también vengan sin papeles y también del África tropical. Eso no impide, no obstante, la plaga de los discursos apolillados que no llevan a ninguna parte, las reiteradas miradas a los respectivos ombligos, mientras afuera, en la calle, el efecto llamada ecuménico (Rajoy) amenaza con convertirse en un trompetazo (también Rajoy) y el efecto mariposa hace que cualquier aleteo en cualquier rincón del planeta le lleve a alguien a llamar a nuestras fronteras y a aporrear nuestra puerta. Y aquí, cuando alguien llama a una puerta de madrugada, nunca es el lechero, desde luego. En cualquier caso, el primer día dedicado al estado de la Nación siempre es día de idas y venidas. Van y vienen las taquígrafas, vienen y van los pacientes policías nacionales y van y vienen los veteranos ujieres del Palacio de la calle de San Jerónimo. Y también van y vienen los políticos, evidentemente. Ayer, casi como en la pasarela del Festival de Cannes, o en la entrega de los Oscar, con alfombra roja y carpa a la entrada, que por mayo era por mayo cuando hace la calor, y no es cuestión de que se chamusquen las ideas de nuestros próceres. Rajoy es apercibido por Manuel Marín, en uno de los momentos más tensos del debate de ayer Lo dicho, como en Cannes, pero sin Almodóvar ni Pe ni las demás. Sí madrugó bastante Solbes, aclaremos, con paso lento y cansino, que lleva el hombre todos nuestros números a cuestas, y que encima, ayer tuvo que echarse a la espalda el aumento del IPC. La ministra de Cultura, Carmen Calvo, no hizo ningún anuncio periodístico- sanitario, aunque lució una hermosa blusa de un verde castaño baronesa, el color progresista del verano. Aunque para color el de Fernando López Aguilar, ministro de Justicia, el ministro del eterno bronceado, como si tuviese el despacho en las playas de Jandía y no en la calle de San Bernardo. Alonso, señor, sí señor, y Rubalcaba con sus barbas que siempre parece que se las va a poner a remojar. El presidente Zapatero llegó por la derecha, por la puerta de la Carrera de San Jerónimo. Y don Mariano Rajoy llegó por la izquierda, munici- Manifestantes de Fórum y Afinsa, ante el Congreso palmente hablando, esto es, por la calle de Zorrilla. A don Mariano, como es habitual, le escoltaba en su entrada el dúo más dinámico de los populares españoles, los señores Acebes y Zaplana, siempre en pareja, como la Benemérita de hace años. Y por encima de todo la sonrisa de María San Gil. Arriba, en la tribuna, Sonsoles Espinosa, señora de Zapatero, y Elvira Fernández, señora de Rajoy. Ambas abandonaron la Cámara Baja con sus respectivos, camino de un reparador almuerzo, que en el caso del popular debió ser de enjundia. O comió lengua, o comió rabo, pero llegó al hemiciclo hecho un toro y con bastante peligro por el pitón centroderecho. Ése es Acebes y Zaplana salen del hemiciclosalen del hemiciclo los malos árbitros, convertirse en protagonista. Ayer, a cuenta de repetirle a don Mariano que está en la oposición (como si él no lo supiera) y que por eso le toca menos minutada. Y erre que erre, que tanto le tocó los segundos al líder popular, que se sintió víctima de una injustísima tarjeta roja. No le estoy expulsando- -le dijo Marín- sólo le ruego que termine Pues ya he terminado contestó Rajoy. Y parecía que más que un punto y seguido iba a poner un punto final y se iba a ir a casa a darle lo suyo a las polillas, que no han entrado por los Pirineos, afortunadamente, aunque entre el pueblo, a pie de bar, se siga creyendo que en la política hay demasiado bicho. siempre el punto en el que el debate toma cuerpo, y el verbo se hace carne parlamentaria. Es entonces el momento del sesteo en los escaños (ni con cafeína en vena es posible aguantar todo de un tirón) el momento de las réplicas, las dúplicas y de que el presidente de la Cámara, don Manuel Marín, muestre su tendencia a hacer lo que La entrada al hemiciclo, con una alfombra roja, parecía Cannes, pero al final ningún discurso se llevó la palma