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ABC MIÉRCOLES 31 5 2006 Opinión 7 TRIBUNA ABIERTA POR JULIO JOSÉ ORDOVÁS EL CONTINENTE ASUSTADO Hemos sobrevivido al fascismo y al comunismo, ¿vamos a rendirnos ahora ante el integrismo? ¿Tan escaso valor tienen para nosotros las reglas del juego democrático que vamos a dejar de defenderlas porque nos asustan las fatwas? Si Europa se convierte en la madriguera del lobo, acabaremos todos como conejos ANTO el autor de las caricaturas de Mahoma, demonizado y perseguido por los fieles de Alá y abandonado a su suerte por los no menos intransigentes fieles de lo políticamente correcto, como Ayaan Hirsi Ali, la mujer que de manera más clamorosa y valiente ha alzado la voz contra los sometimientos y padecimientos de las mujeres dentro del mundo macho islámico, han expresado su voluntad de abandonar Europa y buscar refugio y trabajo en los Estados Unidos. Por distintos motivos quizá, pero por una misma razón: los EE. UU. les ofrecen lo que Europa ya no parece en disposición de ofrecerles, ni de garantizarles: seguridad y libertad. A la secular fuga de cerebros que en campos como el de la ciencia ha dejado en paños menores al Viejo Continente, habrá que añadir pronto, de seguir así, el recomienzo de otra fuga, una fuga bastante más alarmante. Entre otras cosas, porque nos hace recordar una época particularmente siniestra de nuestra historia reciente, en la que también fue el miedo lo que obligó a muchos a hacer las maletas, abandonar sus casas y atravesar el Atlántico en busca de libertad y seguridad. La Europa que cimentaron Voltaire y Goethe y Montesquieu y Kant, la Europa de las luces, se está desvaneciendo igual que se desvanece un sueño, quizá porque nunca ha sido otra cosa. Pues ¿qué ha sido Europa sino una idea, una entelequia, un sueño que únicamente ha adquirido consistencia, de adquirirla alguna vez, en las charlas de café, entre veladores de mármol, humo de puros, sofás raídos y espejos empañados? Soñar una Europa ilustrada ayudaba a digerir una realidad carnívora. Las hogueras del fanatismo religioso, étnico y político han podido dejar de arder, temporalmente, en tal o cual parte del continente, pero no se puede decir, sin faltar a la verdad, que haya habido un solo momento histórico en el que, desde el Golfo de Cádiz a los Urales, todas esas hogueras hayan permanecido apagadas. Y sin embargo, ¿qué hubiera sido de Europa sin ese sueño? El fantasma del miedo recorre de nuevo Europa, como si fuera una epidemia pestífera. Que el miedo es humano, demasiado humano, lo sabemos todos, pero eso no debería ser suficiente para justificar cuantos agravios se cometen en su nombre. El miedo, que vale por ejércitos, como decía Quevedo, está demostrando, otra vez, que puede más que la libertad de expresión, y más que la razón, esa diosa que, para desgracia nuestra, vuelve a revelarse vulnerable ante las llamas del oscurantismo. A los vecinos holandeses de Hirsi Ali les importaba un bledo la suerte que corriera su valerosa vecina. Ellos querían vivir en paz, y que ningún peligro salpicara su edénica urbanización. De ahí que no la quisieran entre ellos. No se les ha ocurrido plantearse que en un mundo en el que uno no puede decir lo que pien- T sa porque corre el riesgo de que le vuelen por ello la cabeza, eso de vivir en paz es, cuando menos, un espejismo. En su Traité sur la tolérance Voltaire escribió: El género humano se asemeja a un tropel de viajeros que van en un buque; unos están a popa, otros a proa, varios en la cala y en la sentina. El buque hace agua por todos lados; el huracán es continuo; miserables pasajeros que seremos sumergidos, ¿es preciso que en vez de darnos los socorros necesarios para endulzar nuestra situación, la hagamos más horrible? Pero éste es nestoriano, aquél judío, el otro cree en un picardo, el de más allá en un natural de Islebe; aquí hay una familia de ignícolas; allí son musulmanes; a cuatro pasos, anabaptistas. ¡Eh! ¿qué importan sus sectas? Es menester que trabajen todos en calafatear el buque, y que cada uno, al asegurar la vida de su vecino por algunos momentos, asegure la suya; pero empiezan a disputar y perecen Voltaire pedía algo tan sencillo y tan elemental como que, a las diferencias de credo que nos separan, antepusiéramos lo que nos une, que no es sino nuestra condición humana. Pero está visto que eso, tanto en su tiempo como en éste, es mucho pedir. Acongojada ante el imparable despegue económico chino; sobrepasada por el aluvión de inmigrantes que llegan por tierra, mar y aire; con la Constitución empantanada desde hace ya un año; padeciendo un sarpullido nacionalista que se extiende con renovada virulencia de una punta a otra del continente y sometida al corrosivo virus de lo políticamente correcto, Europa, la vieja Europa, tiembla, asustada. Decía Edmund Husserl que Europa se olvida de sí misma cuando olvida que nació de la idea de la razón y del espíritu de la filosofía, lo cual lleva aparejado el peligro de un gran cansancio. Y de ese cansancio, tan evidente hoy en día, se está aprovechando el fanatismo, que es el causante de la propagación del miedo. El problema es ¿cómo combatir el miedo? Faltan ideas. Falta valor. Y faltan, sobre todo, unas políticas y unas leyes comunes que, bajo el signo de la cultura democrática, pongan freno a las amenazas. Cautamente, sí, pero con convicción, sin tibiezas hipócritas. No podemos permitir que se desvanezca el sueño, la idea de Europa, y no sólo porque el futuro nos va en ello, sino porque ese sueño es lo que de verdad nos mantiene vivos. Hemos sobrevivido al fascismo y al comunismo, ¿vamos a rendirnos ahora ante el integrismo? ¿Tan poco creemos en nosotros mismos? ¿Tan escaso valor tienen para nosotros las reglas del juego democrático que vamos a dejar de defenderlas porque nos asustan las fatwas? Si Europa se convierte en una Wolfschanze, en la madriguera del lobo, tarde o temprano acabaremos todos como conejos. Escritor REVISTA DE PRENSA POR JUAN PEDRO QUIÑONERO ETA, AMENAZAS Y ESTRATEGIA ¿Cambian la realidad y las ideas cambiando de lengua? Sud- Ouest presenta con un sonoro ETA no está habilitada para hablar de política una entrevista con Juan José Ibarretxe en la que busco sin encontrar esa frase exacta, traducción francesa de las matizaciones que Ibarretxe avanza con una cautela a geometría variable: ¿Existe la nación vasca? No quiero perderme en batallas de vocabulario. Prefiero hablar del pueblo vasco ¿Autodeterminación de Euskadi? Algunos han querido equiparar interesadamente autodeterminación e independencia Me parece sensato hablar de derecho a decidir del pueblo vasco El pueblo vasco no podrá jamás construir nada contra España, Francia o Europa Etc. En realidad, ni siquiera escribiendo en la misma lengua se entiende siempre lo mismo. En Buenos Aires, Clarín y La Nación destacan las declaraciones con las que Zapatero insistía en el carácter estratégico de las relaciones de España con Mercosur. Evidencia madrileña de difícil traducción en Argentina, Chile, Lima, Perú, Venezuela o Colombia, donde nadie ignora que uno de los aliados estratégicos de España ha dinamitado Mercosur, precisamente, cuando La Nación describe la situación en otro país estratégico para España, Perú, de este modo: Denuncias de fraude, enfrentamientos a balazos, rumores de acciones armadas Sin olvidar que, ayer mismo, La Nación colombiana escribía: Hugo Chávez afirma que si Alan García triunfa, Venezuela romperá relaciones con Perú ¿Qué bando estratégico tomará La Moncloa ante tales conflictos? Por el contrario, es muy comprensible, en árabe marroquí o en francés, el mismo titular de Liberation, en París, y Yabiladi, en Marruecos: Los españoles son cada día más desconfiados hacia los inmigrantes Realidad dramática e inmediata que no sé si es sensato o demagógico relacionar con otro titular de Net Zeitung, en Berlín: Los servicios secretos europeos temen grandes atentados islamistas en Europa En terrenos mucho más amables y optimistas, Les Echos publica un artículo muy elogioso sobre Fernando Rodès Vila, presentado como un grande de España instalado a la cabeza de Havas, el gigante de la publicidad francesa. Por su parte, Le Monde destaca en su primera página un largo reportaje sobre Jordi Savall, Montserrat Figueras y sus hijos, convertidos en una familia estrella del gran arte y la música barroca universal. Chapeau, oiga, ¿cómo se dice en catalán?