Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC MIÉRCOLES 31 5 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA MALDITOS ASESINOS A frase retumbó a media mañana entre la prosa rutinaria sobre la que brincaba el discurso del presidente del Gobierno. Se cumplían tres años del último atentado mortal de ETA, Zapatero había anunciado hace diez días la apertura de negociaciones directas con los terroristas y el guión teórico del debate parlamentario había excluido, de acuerdo con la oposición y en desacuerdo con el sentido común, la refriega sobre el llamado proceso de paz De repente, la expresión tronó en los labios presidenciales hasta provocar un sobresalto entre la parroquia amodorrada del Congreso y la distraída audiencia de la televisión. Malditos asesinos Cielos, ¿habría vuelto Zapatero a esas improvisaciones IGNACIO a las que parece tan procliCAMACHO ve? ¿Se había roto de golpe alguna de esas barajas secretas con las que se viene jugando desde hace meses en la timba de las cañerías del Estado? Falsa alarma. Estaba hablando de los maltratadores domésticos, infame lacra social que, por cierto, ha crecido en los últimos tiempos- -en espantoso número dijo Rajoy, con la misma solemnidad tétrica- -pese a las leyes específicas tendentes a su erradicación. Y el presidente prometió, en consonancia con su enfático designio, multiplicar los esfuerzos para acabar con esta miserable plaga. Del mismo modo ofreció luego todo su compromiso en el combate sin cuartel contra las nuevas mafias de violentos asaltantes de domicilios y familias. Lógico: a los asesinos, a los secuestradores, a los maltratadores, a los extorsionadores, ni pizca de compasión, ni un ápice de tregua, ni un respiro de lucha. ¿Qué ocurriría, sin embargo, si los delincuentes eslavosque azotan las periferias residencialesde Cataluña, Levante, Madrid o Andalucía decidiesen de pronto ofrecerle al Gobierno un cese de su actividad criminal a cambio de beneficios penitenciarios y de papeles para integrarse regularmente en España? ¿O si los asesinos y agresores de mujeres prometiesen colectivamente su inmediata reinserción social previo tratamiento benévolo de sus causas penales? Absurda hipótesis ante la que, llegado el inverosímil caso, el ministro del Interior comparecería con su expresión más pétrea y rigurosa para instarles primero al cumplimiento de sus penas, aborrecer su deleznable conducta y ofrecerles la vía legal de integración que el Derecho ofrece a sus infractores tras la correspondiente punición de sus delitos. Absurda hipótesis, repito. Pero una banda de malhechores que carga a sus espaldas con casiun millar de muertes a lo largo de treinta años ha planteado al Gobierno una negociación a cambio del abandono de la violencia, y la ha obtenido: el presidente lo reiteró ayer durante un breve minuto de su larga comparecencia parlamentaria. Y a nadie le extrañó que la frase malditos asesinos se refiriese solamente a los sin duda malditos- -cien veces lo sean- -individuos capaces de matar a sus mujeres. Quizá lo absurdo sea la perversa normalidad con que podemos llegar a asumir la inversión de nuestros valores más comunes. Contexto, le llaman los semiólogos. L DEBATE CON CARNERO DE LA LEGIÓN UANDO escribo no sé si el asunto ha sido tratado en el debate del estado de la Nación. Pero, como miles de españoles, ya he visto el más realista y descarnado debate del estado de la nación y del propio concepto de España, en sus más sagrados símbolos. Debate itinerante con calor sofocante, que rima. Me lo trajeron el domingo a casa, de puerta a puerta. El más desesperanzador debate del estado moral de España fue el desfile del Día de las Fuerzas Armadas. Más que una parada fue un parón: un parón a todo lo que pudiera significar culto colectivo a los conceptos de Patria, de bandera, de Ejército o de la misma España. Las más altas instancias del Estado en debate dejaron más solos que a los de Tudela al Rey y a las constitucionales Fuerzas Armadas. La propaganda decía que se trataba de la unión del Ejército y el pueblo. Lo hicieron directamente, sin intermeANTONIO diarios, a pelo, ¡hala! el españolísiBURGOS mo, por andaluz, pueblo de Sevilla, aplaudiendo directamente al carnero de la Legión y a ese oficial de Caballería de la Guardia Civil que lo ves y te parece contemplar La carga de Ramón Casas... como portada de un manual de Historia Contemporánea de España. Lo del domingo en Sevilla fue un debate con carnero de la Legión. Madelón que demuestra que a la Legión le gustan las mujeres, pero que a Zapatero no le gusta en absoluto la Legión. Seguramente tiene alergia a los carneros, de ahí la causa de su ausencia junto a los Reyes, como representante democrático de todos los españoles, en el homenaje de la nación a sus, repito, constitucionales Fuerzas Armadas. -Sí, venga, repita lo de constitucionales referido a las Fuerzas Armadas, que el paquete del teniente general Mena se va a quedar chico al lado del puro que le van a meter a usted... C Otros, en el fernandino Día de las Fuerzas Armadas, oyeron el xilofón de la banda de Aviación tocando lo de banderita tú eres roja, cuando todos sabemos que la que hay que sacar cuando está el Príncipe de Asturias es una que tiene una franja morada. No escuché ese xilofón. Pero sí los cencerros tapados con que este Gobierno tan progre y tan antimilitarista celebró la fecha de guardar honor y memoria a los Ejércitos y a los que, sirviéndola en ellos, dieron su vida por la Patria. Cencerros tapados en una parada jibarizada, minimalista, invención del círculo cuadrado del batallón de una sola compañía y del regimiento de un solo batallón. Cencerros tapados de la comentada ausencia de Zapatero, que, ya saben, mandó parte facultativo, porque igual que a otros les da alergia el polen del olivo, a él se le hinchan las narices cuando ve al carnero de la Legión y pasa con todo honor y gloria la bandera de España. Y hubo muchas más significativas ausencias. Entre otras, la ausencia sonadísima de todas las altas instituciones del Estado. Aparte del Gobierno en pleno, otras veces, en La Castellana, estaban en el desfile los representantes de la soberanía nacional, cual los presidentes del Congreso y del Senado; los del Constitucional y del Supremo. Los tres poderes del Estado que defienden las Fuerzas Armadas. Y los partidos de la oposición, por descontado. Vamos, hasta el Cuerpo Diplomático estaba otras veces. En Sevilla, nada ni nadie. Todo mini y light. Es como si la que fue una gran ceremonia de Estado antes de este Gobierno radicalizado y chantajeado por los separatistas se la hubieran llevado intencionadamente a un pueblo, rebajándola (de rancho) hasta dejarla poco menos que en una primera comunión medio regularcita, con tambores y cornetas. Donde por cierto se dio el mejor mentís a esa calumnia de la realidad nacional que le han levantado a Andalucía. En Sevilla no había otra realidad nacional que España y el desprecio del presidente del Gobierno a sus máximos símbolos.