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ABC MARTES 30 5 2006 Madrid 39 El doctor Senderowicz culpa al 061 de la muerte de una paciente suya en 2002 Sostiene que no le practicó una liposucción pese a anestesiarla y que estaba viva al llegar los sanitarios b Acudió, según él, a un tratamiento menor para reducir grasa y le suministró anestesia en dosis correctas para evitar dolores Déborah Catalán falleció poco después SARAH ALLER MADRID. Todas las anotaciones de la agenda del doctor Senderowicz apuntan a que Deborah Catalán iba a pasar por quirófano el 25 de enero de 2002. El objetivo, hacerse una liposucción por láser. La clínica tenía ya una analítica de la joven- -incluidas pruebas de coagulación- -y en la agenda quedaron impresas las palabras consentimiento informado, que se firma Sin embargo, más de cuatro años después de aquella tarde, el médico que la atendió niega que existiera operación alguna. Gerardo Raúl Senderowicz se sentó ayer en el banquillo de los acusados junto a la doctora- -y ayudante suya- -María Victoria Bonne para ser juzga- dos por un delito de homicidio por imprudencia grave y profesional. El fiscal, la acusación popular- -ejercida por la asociación de pacientes Adepa- -y la particular piden para ambos penas de 4 años de prisión y 6 de inhabilitación profesional. Sin licencia para su clínica Ellos, por su parte, lo niegan prácticamente todo. No hubo liposucción, ni dosis elevadas de anestesia, ni negligencia al reanimar a la paciente. Si alguien hizo algo mal fue, en todo caso, el 061, que atendió a Déborah cuando ya nada se podía hacer por ella. En las tres horas largas que duró su declaración, el médico argentino tuvo tiempo de culpar a los servicios de urgencia de desidia por no desfibrilar a la joven cuando llegaron en su auxilio, de quejarse por el acoso al que- -dice- -ha sido sometido, de reseñar que en su primera declaración dijo cosas que no quería decir porque estaba dopado y de asegurar que no hizo una Senderowicz, durante su declaración de ayer liposucción en su clínica- -para lo que no está autorizado- -sino un tratamiento menor para reducir grasa. De paso, tuvo que reconocer que ni tiene título de especialista en cirugía plástica homologado ni licencia definitiva de funcionamiento para su clínica. Todas sus chinas cayeron sobre los sanitarios del 061 que acudieron al aviso de urgencia. Cuando llegaron, dice, la paciente estaba viva -pese al cuadro de convulsiones que sufrió- -y podía haber sido recuperada. La acusación, sin embargo, asegura que sin pulso, en parada y con cianosis era imposi- POOL ble. La doctora Bonne, colaboradora del argentino, también negó que hubiera una intervención programada esa tarde. Su presencia en el quirófano, dijo, fue casual Entró a saludar a Déborah, también paciente suya, y en cuestión de minutos la joven estaba ya con un hilo de vida. De la mezcla de sustancias anestésicas que ella y la auxiliar de clínica habían hecho minutos antes, Bonne dio su versión: vio a la auxiliar agobiada la ayudó a mezclar las soluciones siguiendo unas instrucciones y, en ningún momento, relacionó esos fármacos con Déborah.