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30 Internacional MARTES 30 5 2006 ABC LA OTAN Y SU RETO AFGANO N o hubo duda. Desde el primer momento los Estados europeos brindaron su colaboración a Estados Unidos para combatir en Afganistán contra los responsables del 11- S. El tiempo ha pasado y, tras los rifirrafes por la guerra de Irak, Afganistán continúa siendo el ejemplo de la solidaridad atlántica contra el terrorismo islamista y de la guerra justa. La Alianza Atlántica está asumiendo mayores responsabilidades en la seguridad de Afganistán. Estados Unidos hizo la guerra y, con Naciones Unidas y la propia Alianza, la reconstrucción política. Mucho es el camino que queda por delante para estabiFLORENTINO lizar el país, pues nunPORTERO ca hubo democracia ni economía desarrollada ni un Estado realmente integrado. Afganistán fue un ejemplo más de taifas y señores de la guerra, de droga y violencia. Los talibanes sufrieron una humillante derrota, pero no se han rendido. Les mantienen en pie un ideario islamista y un objetivo nacional. Muchos sólo han conocido la guerra, primero contra los rusos, luego contra la Alianza del Norte. Lo que están viviendo ahora no representa más que otro capítulo en una obra que sólo puede concluir con el triunfo definitivo del Islam sobre los no creyentes. Su margen de maniobra hasta la fecha era muy reducido. Tenían que esperar a la primavera para salir de sus refugios y preparar emboscadas. Pero la capacidad militar norteamericana y su disposición al combate les mantenían a raya. Sus bajas han sido cuantiosas. Ahora viven con la esperanza de que se acerca su momento. El contingente norteamericano va a disminuir, siendo sustituido por tropas de Estados aliados bajo un mando común OTAN. La propaganda islamista les ha convencido de que su llegada es resultado de la derrota norteamericana en Irak. Más aún, de que las nuevas unidades no están dispuestas al combate, por presión de sus propias opiniones públicas, el talón de Aquiles de Occidente. Mientras la OTAN se debate sobre su futuro, sus tropas pueden encontrarse de inmediato ante un escenario peor que el actual. Los talibanes los van a poner a prueba y si manifiestan indecisión o debilidad se encontrarán pronto en serias dificultades. En Afganistán no cabe acuartelar unidades y tratar de capear el temporal. Allí hay que proyectar seguridad y eso supone patrullar y, llegado el caso, combatir ¿Cómo casa esto con el discurso antinorteamericano, con la idea de que la amenaza islamista no va con nosotros y con la Alianza de Civilizaciones? Mal. Si el conflicto afgano es una guerra justa, si contamos con el apoyo de Naciones Unidas y del Gobierno de Kabul ya no caben excusas. O la OTAN impone desde un primer momento su autoridad o los talibanes resurgirán de entre las piedras poniendo aún más en evidencia la crisis de la Alianza y la irrelevancia europea. Manifestantes enfurecidos convirtieron ayer en un campo de batalla las calles céntricas de la capital afgana EPA Revuelta popular en Kabul contra las tropas de EE. UU. y el Gobierno de Karzai Al menos 14 muertos tras un accidente provocado por un convoy militar a una decena de vehículos, la respuesta de la población tornó la capital afgana en un caos mortal hasta el impuesto toque de queda ABC KABUL. Cualquier carretera de Afganistán, y más las caóticas calles de Kabul, son un escenario muy propicio para los accidentes de tráfico. Pero ayer fue un camión militar estadounidense, integrante de uno de esos convoyes que suelen moverse a la mayor velocidad posible por motivos de seguridad, el que, al parecer con un problema mecánico en sus frenos, impactó contra una decena de vehículos civiles. Eran las ocho de la mañana, en pleno centro de la capital. Un afgano murió en el accidente y al menos diez resultaron heridos. La versión estadounidense asegura que los vehículos del convoy se detuvieron con el fin de auxiliar a los heridos, pero una muchedumbre de civiles lo impidió atacando con piedras a los soldados, que tuvieron que disparar al aire para contenerla y poder retirarse. El caso es que varios cientos de afganos encolerizados rodearon a la columna militar, lanzando todo tipo de objetos a los soldados. Aseguraban que los camiones y los vehículos acorazados habían embestido a los coches para abrirse paso, en medio de un embotellamiento. b Un camión arrolló Bombardeo de una mezquita Mueren medio centenar de guerrilleros talibanes Las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos alcanzaron ayer, con dos bombas de 270 kilos cada una, una mezquita en la provincia sureña de Helmand, después de que los servicios de Inteligencia avisaran de la celebración en ella de una reunión de líderes de la resistencia talibán. Medio centenar de jefes y guerrilleros murieron en el bombardeo, informó Amir Mohammad Akhundzada, vice gobernador de la provincia. Un portavoz de los talibanes, por su parte, aseguró después que todas las víctimas eran civiles, no combatientes. Los militares, al ver el cariz que tomaba la situación, empezaron a disparar, pero no debían apuntar al aire a juzgar por los cuatro muertos y varias docenas de heridos por arma de fuego que recogieron más tarde los sanitarios, según pudo constatar un fotógrafo de Afp que presenció el tiroteo. El pretexto perfecto estaba servido. La animosidad, si no el odio, contra las fuerzas extranjeras y el hastío contra el Gobierno afgano hicieron el resto. De varios cientos, los exaltados pasaron a ser algunos miles. Los estadounidenses ya se habían retirado gracias a la llegada de refuerzos y a la intervención de las fuerzas de seguridad afganas, que continuaron disparando al aire por todo el centro de la capital durante horas. Fuentes sanitarias aseguraron que los hospitales de Kabul recibieron al menos 14 muertos por balazos y más de 150 heridos durante toda la jornada. ¡Muerte a los americanos! La multitud enfurecida, a los gritos de ¡Muerte a los americanos! ¡Muerte a Karzai! empezó a recorrer la ciudad en todas direcciones, asaltando tiendas, quemando automóviles, destrozando garitas de policía y apedreando los edificios de instituciones o empresas internacionales. El Gobierno y el funcionariado afganos se concentraron en la zona protegida por el Ejército, a modo de búnker, mientras el personal de la Embajada de EE. UU. se atrincheraba en el corazón de su inmensa fortaleza, protegido por los marines. Era la jornada más violenta en Kabul desde la caída del régimen talibán, en el otoño de 2001. Después de varias horas de desmanes y de ira desatada, el Ejército afgano y las fuerzas de seguridad lograron controlar a tiros la situación. Una calma tensa volvía a reinar en las calles de Kabul y el presidente, Hamid Karzai, decretaba el toque de queda y enviaba un mensaje a sus conciudadanos a través de la televisión: Las personas que hacen estas cosas son enemigos de Afganistán. Debéis levantaros contra estos agitadores y no dejarles destruir nuestro país otra vez