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ABC MARTES 30 5 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA LA BICICLETA D CÓMO SEDUCIR SIENDO EL PP E L paulatino incremento de dislates políticos por parte de Zapatero tiende a aumentar las posibilidades del PP, aunque carecer de aliados inmediatos obligaría al centro- derecha a requerir de una mayoría prácticamente absoluta. No pierde actualidad una vieja máxima: Los generales no ganan nunca más que por los errores de sus adversarios En el caso hipotético de que la concatenación de errores de Zapatero llegue a saturar las más amplias capas del electorado, el cambio en la tendencia de votos irá emergiendo como en un mapa en relieve. Que tanto dependa de las exigencias inicuas de Otegui y de ETA hace al Gobierno socialista todavía más vulnerable. No será por otra cosa que José Blanco incita a la fractura del PP con la estrafalaria consecuencia de que algunos parezcan darle eco desde el propio centro- derecha. Si alguien en el PP se dejase llevar por prioridades espurias o picase en VALENTÍ el anzuelo del PSOE, habría motivos PUIG de orden histórico para instalar una picota en el vestíbulo de la calle Génova. Entre otras cosas, sabemos que el electorado español castiga la desunión en los partidos, y, en segundo lugar, la pérdida de capacidad seductiva que pueda tener Zapatero requiere como alternativa el frente unido de una derecha que no se deje llevar por su centrifuguismo tradicional y que acierte en sus mensajes- clave cargándose de razón. Más aún: esa razón debe ser seductora. En la Residencia de Estudiantes, la exposición El Madrid de Ortega tiene el don de la claridad y de la sutileza. Al final, en la pequeña sala en penumbra, uno se sienta a ver el montaje fotográfico sobre la vida de Ortega y para escuchar grabaciones de su voz. El momento no es anodino: oímos como una forma de intemporalidad la voz del gran maestro, la voz llena, de barítono granado- -según la describió Pla- de una admirable precisión de matices, de una vocalización perfecta, sólida y suave, afrutada, delicada, de superficies que incitan al tacto. Ahí repite Ortega una de sus intuiciones: En España para persuadir es menester antes seducir En el caso del PP, no se trata de que Rajoy este verano se fotografíe en tanga. Lo que está en el alero es la remodelación de un discurso político, su encauzamiento sin discordancias y que ese irse cargando de razón que Rajoy consigue en sus mejores intervenciones tenga cierto aliño de seducción, si es que pretende persuadir a un mayor número de ciudadanos que un Zapatero que fuese a la baja. Lo que nos dice Ortega es que los argumentos de razón, la experiencia aquilatada de gobierno o cierto sentido de Estado no son suficientes. Falta pasión seductora. Por descontado, transmitir seducción mejoraría en la medida en que el PP optase por asimilar estrategias de comunicación más afinadas. Ahí todo es manifiestamente mejorable, si no es que el PP carece por completo de una estrategia de comunicación definida. La técnica del spin doctor está hoy muy desarrollada y fue uno de los secretos de la implantación de Tony Blair: noticias propias que eclipsan noticias ajenas, fina diversidad de mensajes en la unidad, filtraciones que anulan un evento destacado del adversario, territorialización tácita de algunos mensajes, sistemas de eco que propagan una idea subliminal, redes de complicidad mediática. En fin, algo que requiere una aplicación tan intensa como imaginativa. Indudablemente, esos estrategas también engendran sus propios monstruos. Esa es una polémica muy actual en los Estados Unidos, donde por el momento Karl Rove pasa por ser el gurú explícito de George W. Bush. Otegi, Estatut Afinsa, inmigración, Evo Morales, inseguridad ciudadana: Zapatero no está en su mejor momento, pero a Rajoy, para su provecho electoral, no le bastaría con hacer la gran pieza oratoria en el debate del estado de la Nación. La política es una pasión y la seducción puede ser un modo de razón política. Tampoco basta con que el PP cambie de corbatas. vpuig abc. es ICEN los ciudadanos (en las encuestas) paz a cualquier precio, no. Dicen los batasunos (y ETA) paz sin salida política, tampoco. Dice la oposición (esto es, el PP) paz con concesiones, de ningún modo. Dice (en las actas) el Congreso: paz sin desarme, ni hablar. ¿Y el Gobierno? ¿Qué dice el Gobierno? Pues que no, pero que sí, aunque tal vez, pero tampoco... y que adelante. No se sabe hacia adónde, pero adelante. En este tira y afloja de las partes, la tregua se tambalea como una bicicleta con viento de perfil. Zapatero confía en mantener el equilibrio a base de no cesar en el pedaleo, pero crece la sensación de que no acaba de conocer el destino de su ruta, o que empieza a intuir que se dirige a un despeñadero. El problema consiste IGNACIO en que, tras pedalear un CAMACHO trecho, es menester definir el rumbo, salvo que pretenda continuar en círculos. ETA- Batasuna quiere un precio político para no meterle palos en las ruedas al presidente. Ibarretxe y el nacionalismo están de acuerdo, porque esperan sacar tajada. La gente se muestra desconfiada y escéptica, y al Gobierno le empiezan a vencer los plazos y le entra la angustia ante un posible colapso Eufemismo al canto: colapso quiere decir que en cualquier momento alguien puede recibir un tiro o un bombazo que colapse su andadura vital. En estos casos, los manuales aconsejan buscar de inmediato un culpable, un chivo expiatorio a quien cargar con el muerto (expresión que puede cobrar un siniestro sentido literal) Naturalmente, todas las papeletas las tiene el PP. Si se produce un desastre, el Gobierno necesitará encontrar una víctima sobre la que exonerarse de responsabilidades y minimizar las consecuencias del fracaso. He ahí el desafío de Rajoy: tiene que hilar muy fino para mostrar que no está en contra de la paz, sino de que ésta se logre a través de un precio que la mayoría de los españoles no desea asumir. Su baza principal es el límite fijado por el propio Congreso, aunque el PP no lo votase. Ese límite se llama desarme, entrega, rendición; eso que Batasuna denomina (otro eufemismo estupefaciente) negociación técnica Y tiene que hallar el modo de colocar su mensaje a través de una espesa malla mediática y política que sólo deja pasar los discursos a medida. Hoy tendrá una oportunidad de intentarlo en el debate del estado de la Nación, pese al extraño bucle de sordina impuesto en el orden del día. Pero la burbuja de cristal que ya de por sí es el Parlamento quedaría demasiado en evidencia si se blindara en una ocasión así del eco del principal problema del momento. La cuestión es sumamente delicada porque Zapatero lo ha fiado todo a su salto al vacío y si se estrella va a intentar arrastrar en su caída a todo aquél que pueda amortiguarle el impacto. El presidente quiere ir a negociar con ETA subido a un tándem en el que la oposición pedalea mientras él sujeta el manillar. Pero Rajoy no puede seguirle hasta una barranca. Y menos, lejos de ese sensato pelotón que, pese a todo, compone el criterio de la mayoría ciudadana.