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ABC LUNES 29 5 2006 61 Toros La movilidad de los toros de Dolores SAN ISIDRO Monumental de las Ventas. Domingo, 28 de mayo de 2006. Decimoctava corrida de feria. Lleno de no hay billetes Toros de Dolores Aguirre, muy serios, mansos y de enorme movilidad, de cero en los caballos; destacó el 6 2 y 5 se dejaron. José Ignacio Ramos, de azul pálido y plata. Estocada (saludos) En el cuarto, dos pinchazos y estocada (silencio) Fernando Robleño, de rosa y oro. Pinchazo y estocada desprendida (saludos) En el quinto, estocada atravesada y descabello (saludos) Sergio Martínez, de azul marino y oro. Estocada corta atravesada (silencio) En el sexto, pinchazo y estocada (aplausos) ZABALA DE LA SERNA MADRID. Los toros de Dolores Aguirre se movieron sin parar. En manso pero incansables. Movilidad espectacular para el espectador más que para ponerse delante. Aunque no en todos los casos. Porque el sexto, por ejemplo, debía haber sido toro de triunfo, el mejor de todos con diferencia en la muleta, el más entregado y el más templado, templado para templarse algo más que Sergio Martínez, que pronto se plantó en los medios en la larga distancia y pronto, tras dos series o así, se desinfló. De primeras los derechazos sí que fueron pantalla de las condiciones de Voluntario un nombre de malos recuerdos: voluntario fui a la mili antes de que Aznar la eliminase, y dos meses de campamento en pleno agosto en Plasencia (cuarenta grados a la sombra y cincuenta con el cetme al hombro) no son fáciles de olvidar. Todo por España. Y al que de verdad casi le cuesta todo, y todo es la vida, es a Carlos Hombrados. Terrible la cogida en la salida de un par. El toro, el segundo, lo prendió por el pecho con una violencia de delincuente rumano de chalés. La imagen de Montoliu en Sevilla en el 92 se apareció como una pesadilla por un momento, que se alargó con el torero de plata inerte en el ruedo, boca abajo. Si le mete el pitón en esa zona, lo revienta. Afortunadamente, de la enfermería salieron noticias tranquilizadoras: magulladuras, contusiones y una posible rotura de clavícula pendiente de estudio radiológico Fernando Robleño dio la cara toda la tarde con su valerosa disposición BOTÁN Robleño, a golpe de corazón Fernando Robleño con este toro funcionó a golpe de corazón. Robleño se entendió más cuando le ganaba la acción a aquellos andares gazapones benignos, cuando le ganaba la cara. Los golpes del corazón no siempre son iguales, y las tandas, generadas por el cuore, latieron con desigualdad, unidas por la valerosa disposición, que fue la constante de su actuación. La imponente escala del quinto, un autobús, autobús londinense de dos pisos al lado de Robleño, no le arredró. El toro, como el anterior, tuvo la virtud de humillar, y otras características moldeables. Pero por cuestión de física parecía imposible que entre la longitud del brazo de Fernando y su cuerpo cupiese toda aquella mole. La batalla fue de derechas, que a izquierdas el bruto se fue a por él sin recato, directamente. F. R. no volvió nunca la cara. Arreó, quiso y pudo. Pudo ser una oreja. A golpe de corazón. Pero la espada se hundió con excesivo defecto- -demasiado atravesada y un tanto desprendida- y aunque descabelló con atronadora decisión ya los pañuelos no se asomaron por los bolsillos del respetable dominical. La ovación estalló tras el arrastre, con fuerza. Robleño debió dar la vuelta al ruedo sin ni siquiera pensárselo. Reivindico aquí y ahora la vuelta al ruedo como premio de reconocimiento sin necesidad de que haya petición. Las vueltas al ruedo se han perdido en Madrid. O es oreja o saludo, ¿por qué? Hubiera sido un paseo de ley ante la aclamación popular. Robleño volvió a ser el Robleño de Madrid. Su esfuerzo no cae en saco roto. Descritos los tres toros de mayores opciones, entramos en el tramo peor. Tramo de movilidad también. Pero más cabrón. La estocada de José Ignacio Ramos al primero despertó, aun perdiendo la muleta, los parabienes. Ramos tiene una actitud de fe en su tizona y una ejecución peculiar. Voluntad no le faltó ni con las banderillas ni con la muleta con un enemigo arisco y descompuesto, peligroso por el izquierdo. Tomó nota y asó al cuarto en el caballo, que para más inri sufrió, y acusó, los efectos de una banderilla que se clavó en el hoyo de las agujas como una cuarta. O más Martínez se topó con el más manso y rajado, el tercero, que marcó los terrenos de principio a fin de lidia (sic) y allí fue el albaceteño, a toriles, tras sujetarle fugazmente en los medios. Y fugaz se pasó la corrida entre tanta movilidad.