Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
50 Sociedad LUNES 29 5 2006 ABC Una treintena de pacientes con daño cerebral han recorrido tres etapas del Camino de Santiago. Algunos andaban por primera vez, la mayoría salían de sus encierros. Su objetivo: concienciar de que con rehabilitación especializada se puede salir adelante El camino de la vida TEXTO: GONZALO ZANZA FOTOS: MIGUEL MUÑIZ SANTIAGO. En la Catedral de Santiago de Compostela, en el Pórtico de la Gloria, 24 ancianos esculpidos alrededor de Cristo y el Apóstol simbolizan el triunfo de los elegidos. Bajo ellos, 31 personas, afectadas por lesiones cerebrales, comienzan la última etapa que les ha llevado desde Carrión de los Condes (Palencia) hasta las piedras más santas de la Península. Tres decenas (más una) aprovechan los chorros de luz de las últimas horas de la tarde del sábado pasado, que logran que el granito sea incorpóreo. Algunos dejan la silla de ruedas por primera vez. La luz les baña mientras avanzan, paso a paso, talón sobre punta, hacia uno de los altares más magnificados. Estamos en Santiago de Compostela, fin del Camino y principio de la verdad. En la nave central de la Catedral hay una historia de amor y treinta desesperadas que buscan la salvación: la conquista de volver a ser lo más parecido a antes del accidente cerebrovascular (ictus) o del tumor o el accidente de tráfico que llevó a lesionar las células del cerebro y, por ende, a atarles a una silla de ruedas o a unas muletas. No son lesionados medulares, son pacientes con daño cerebral adquirido. El peregrino busca encontrarse como individuo, las tres decenas (más una) quieren que su problema se conozca. Porque no sólo les afecta a ellos, sino, al menos, según el Defensor del Pueblo, a 150.000 españoles condenados por el éxito de la medicina: salvarles la vida para llegar a casa inmóviles o mudos y preguntarse ¿y ahora, qué? Más del 95 no tiene medios económicos para poderse pagar una rehabilitación física y neurológica que cuesta, anualmente, unos 27.000 euros. La oferta pública no llega ni a mil españoles. Y el problema es que con rehabilitación integral pueden reintegrarse, aunque no curarse por completo. Virginia, 30 años, tres en silla de ruedas por una hemorragia cerebral, en estado de mínima alerta, quiada por su madre y su novio rior al coma, según se mire; estado de mínima alerta. Con la cabeza gacha, siempre alerta de su madre, dependiente al cien por cien, movimientos compulsivos... Tres años agazapada en una silla de ruedas tras una hemorragia cerebral. Proyectos de vida que se derrumban; una profesión, fisioterapeuta; un novio, José; planes de boda, una hipoteca... Ahora le pido un beso y me lo da, le pregunto si quiere algo más y contesta con un gesto, le indico que diga su nombre y escribe las tres primeras letras Minusválida al 95 la rechazaron del único centro público de Madrid porque no cooperaba y no es el único caso. Desde entonces, enormes gastos para una madre que percibe una pensión de viudedad más la de minusvalía. El resto, a cuenta del patrimonio, hasta que se agote y del esfuerzo de su novio. ¿Y después? Ya veremos, confío en que las administraciones sean conscientes, que vean en estos pacientes personas. Necesitamos ayuda De momento sólo ha conseguido dos horas diarias de ayuda social del Ayuntamiento de Madrid. Durante dos días ha recorrido el Camino, por Palencia y León. En Lugo ha llegado su prometido, José. No ha podido andar (ni puede) en ninguna de las dos etapas. Ni en la tercera, pese a la presencia de José. Nunca ha vuelto a levantarse. Pero sí yergue la cabeza junto a él. Y eso es un logro. Le da la mano. Se la atra- Rehabilitación tras la UCI Son las gentes de la Fundación Lescer y de la asociación Amigos del Camino de Santiago que ha creado el empresario José María Entrecanales. Individuos con nombre que quieren cantarle a su historia clínica que tras el infierno hay salvación, que tras la parálisis puede haber movimiento, que la única voz que quieren escuchar es la que dice levántate y anda, y que es posible siempre que se les trate nada más salir de cuidados intensivos. Y para eso hace falta compromiso público. Uno de ellos, Ernesto, de 68 años, rememoraba por Tierra de Campos sus seis años en silla de ruedas desde que un ictus le provocase una hemiplejia en el lado izquierdo. A este farmacéutico de tercera generación la vida le había tratado bien, hasta que problemas en sus negocios le llevaron a Urgencias. Y el periodista le preguntaba, a él, en su potro de tortura del que ya se levanta para andar hasta cien pasos seguidos, si es verdad eso de levántate y anda Y el decía que El grupo de discapacitados por lesión cerebral de la Fundación Lescer, el sábado sí. Que tras la Guerra Civil conoció a alguién que tras rodar muchos años atado a cuatro ruedas llegó a un hospital de Betanzos, que un cirujano le extirpó la bala de la columna que le había forzado a la inmovilidad. Y que sí, que tras despertar, el médico le dijo levántate y anda, y si no te doy un puñetazo. Y se levantó y... anduvo El periodista no le cree. Pero sí que cree una historia, a pies juntillas. La de Virginia, 30 años. La cuenta su madre, María. Su hija no habla, está en una situación previa o poste- Más de 150.000 sufren las secuelas del daño cerebral. Muy pocos acceden a rehabilitación Accidentes de tráfico y cerebrovasculares pueden condenar a la discapacidad