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ABC LUNES 29 5 2006 49 Una treintena de pacientes con daño cerebral concluyen su recorrido por el Camino de Santiago Mil españoles han recibido una vacuna experimental contra la gripe aviar El Papa, durante el homenaje a las víctimas de Auschwitz minar a un pueblo, intentaban matar al Dios que llamó a Abraham, pues este pueblo, simplemente con su existencia, es un testimonio de aquel Dios que habló al hombre Desde Auschwitz, el Papa recorrió los tres kilómetros hasta el campo de Birkenau, sobrecogedor por su inmensa desolación y por la matanza a escala industrial evocada por las vías férreas que cruzan la puerta de entrada. En este lugar angustioso, donde trabajaban sin descanso cámaras de gas y hornos crematorios, el Papa se paró a rezar ante cada una de las veintidós lápidas conmemorativas en diversos idiomas, bajo un fuerte aguacero. Cuando llegaba al final, cesó la lluvia y surgió sobre el campo un bellísimo arco iris. A continuación, escuchó la lectura del Salmo 22, las plegarias en los idiomas de las víctimas, y el canto del Kaddish, antes de pronunciar su largo discurso en italiano. Aparte de invitar al mundo contemporáneo a resistir decididamente al mal y de suplicar la gracia de la reconciliación el Papa desgranó el significado de cinco de las 22 lápidas en diversos idiomas que recuerdan a más de un millón de judíos, 150.000 polacos que constituían la élite intelectual y política del país, 23.000 judíos, 15.000 prisioneros de guerra soviéticos y dece- AP REUTERS paz, sino que sólo provoca otra violencia, en una espiral de destrucción en la que, al final, sólo hay perdedores Luego de cruzar la puerta de Auschwitz- -que había sido un cuartel del ejército polaco- el Papa caminó hasta el pabellón número 11, llamado Pabellón de la Muerte por el muro en que fueron fusilados decenas de miles de prisioneros y por las celdas del sótano donde se ejecutaba lentamente a otros dejándolos morir de hambre, como al franciscano polaco Maximiliam Kolbe, declarado mártir por haberse ofrecido voluntario para cumplir esa condena en lugar de otro prisionero pa- dre de familia, que vivió hasta verlo en los altares. El Papa encendió una llama conmemorativa y oró ante el muro de las ejecuciones y bajó a rezar a la celda donde murió san Maximiliam Kolbe, en la que estaba ya encendido un cirio en el candelabro regalado por Juan Pablo II en su visita de 1979. Las máximas autoridades de Polonia evitaron cuidadosamente robar el protagonismo a quienes les pertenecía: los 200 supervivientes que saludaron al Papa y los representantes de comunidades judías del mundo entero, pues, según Benedicto XVI, aquellos criminales violentos intentaban exter- nas de miles de personas de otros países europeos. Con el exterminio de los judíos, el Tercer Reich intentaba, además, arrancar también las raíces sobre las que se apoya la fe cristiana, para sustituirla por la fe que ellos habían fabricado: la fe en el dominio del hombre, en el dominio del más fuerte A su vez, el asesinato en masa de la élite cultural polaca pretendía borrar a un pueblo como sujeto autónomo de la historia para rebajarlo, en la medida en que continuaba existiendo, a un pueblo de esclavos El Papa comentó también las lápidas que recuerdan el asesinato masivo de gitanos, de soviéticos, y asimismo alemanes como la profesora de filosofía y después carmelita Edith Stein, judía y alemana, desaparecida, junto con su hermana, en el horror de la noche de los campos de concentración germano- nazis Según Benedicto XVI, los alemanes deportados a Auschwitz- Birkenau y muertos aquí eran considerados las heces de la nación. Ahora los recordamos como testigos de la verdad y del bien que, incluso en nuestro país, no llegó a eclipsarse del todo. Quienes se negaron a someterse al poder del mal son hoy, ante nosotros, como luces en una noche oscura. Y les damos las gracias