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24 LUNES 29 5 2006 ABC Internacional Un sanitario mide el cadáver de un niño en la morgue de Yogyakarta, para proceder a su rápido entierro con el fin de evitar la propagación de epidemias REUTERS Las 470 réplicas registradas del terremoto de Java aterrorizan a la población El Gobierno indonesio estima por el momento la cifra de 4.611 fallecidos por el movimiento sísmico ayuda extranjera pero continúa el pánico en la maltrecha Yogyakarta, alimentado por la erupción del cercano volcán Merapi y por la gripe aviar PABLO M. DÍEZ. ENVIADO ESPECIAL YAKARTA. Aunque sea un país de mayoría musulmana, parece que una auténtica maldición bíblica haya caído sobre Indonesia, castigada estos días no sólo por terremotos y volcanes, sino también por la amenazadora propagación de la gripe aviar, que podría haber empezado a transmitirse entre humanos. Y es que, cuando este archipiélago de 18.000 islas aún no se había repuesto del tsunami que se cobró más de 216.000 vidas durante la Navidad de 2004, la Naturaleza ha enviado otro desastre natural cuyas catastróficas consecuencias se van revelando trágicamente. Según reconocía anoche el Gobierno, la cifra provisional de fallecidos ascendía ya a 4.611 personas y todo hacía b Llega la primera indicar que podría elevarse, ya que se sospecha que aún quedan numerosas víctimas entre los escombros. Entre ellas, es probable que también haya bastantes supervivientes, por lo que los equipos de emergencia se lanzaron durante todo el día de ayer a una frenética carrera para rescatarlos. Junto con los grupos de voluntarios y las unidades del Ejército desplazadas a la zona, en la mitad de la isla de Java y a unos 400 kilómetros de Yakarta, ya han empezado a llegar los primeros equipos de ayuda internacionales. Médicos y bomberos surcoreanos Sin ir más lejos, en el mismo avión que este corresponsal viajaba una expedición de una veintena de médicos y bomberos surcoreanos que tenían previsto comenzar de inmediato sus labores de búsqueda en Yogyakarta, una de las poblaciones que han resultado más dañada por hallarse a sólo 25 kilómetros del epicentro del seísmo. La vecina localidad de Bantul, en la costa del Océano Indico, quedó también tan arrasada que no ha permane- cido ni un edificio en pie. Debido a la fragilidad de las viviendas y a la violencia de la sacudida, que alcanzó los 6,2 grados de magnitud en la escala Richter, más de la mitad de los fallecidos se han registrado en Bantul, donde se han contabilizado ya 2.400 cadáveres. Mientras los muertos son enterrados cuanto antes para evitar epidemias y cumplir con la tradición funeraria islámica, los vivos deambulan aterrorizados entre las ruinas de lo que antes fueron sus casas. No en vano, ya se han producido 470 réplicas del gran terremoto, mientras que el volcán Merapi- -a 25 kilómetros del epicentro- -sigue humeando amenazadoramente y podría multiplicar su actual erupción en cualquier momento. Por este motivo, las 200.000 personas que se han quedado sin hogar rehuyen los escasos edificios que aún se mantienen en pie y permanecen a la intemperie en previsión de nuevos temblores. Refugiados en torno a los cinco hospitales de Yogyakarta y los tres de Bantul, miles de desplazados se disponían ayer a pasar su segunda noche al aire libre bajo la tormenta que comenzó a descargar a última hora de la tarde. Dieciocho millones de euros Pero los damnificados esperan otra lluvia bien distinta: la de las ayudas prometidas por el Gobierno indonesio, que ha anunciado una partida inicial de 4,3 millones de euros, y por la comunidad internacional, las ONG y asociaciones humanitarias que se están movilizando para paliar la tragedia. Así, la Cruz Roja ha puesto en marcha un crédito especial de 7,8 millones de euros, la Unión Europea destinará tres, Estados Unidos ha comprometido 1,9 millones y Australia otros 1,8. De igual modo, tanto los países vecinos como naciones de todo el mundo y orga- Los equipos de rescate albergan aún la esperanza de encontrar muchos supervivientes entre los escombros