Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
4 Opinión LUNES 29 5 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. López Jaraba (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil EL PAPA EN LOS CAMPOS DE EXTERMINIO L MERKEL Y LA CONSTITUCIÓN EUROPEA A Constitución europea se resiste a morir. Ángela Merkel está decidida a que durante el semestre de presidencia alemana que comienza el 1 de enero de 2007 la UE tenga que discutir una propuesta al respecto. Así lo anunció el ministro de asuntos exteriores alemán, Franz Walter Steinmaier, al concluir la reunión informal de ministros de Exteriores celebrada en Klosterneuberg. De este modo Alemania asume sobre sus espaldas la tarea de reconducir el proceso constitucional europeo un año después de que fuese torpedeado por los referendos francés y holandés. Con esta decisión, la canciller Merkel asume una apuesta de alto nivel que no sólo compromete el prestigio de Alemania sino el éxito del gobierno de gran coalición y su propia continuidad al frente del mismo. La importancia de la iniciativa no puede ser pasada por alto. Por primera vez desde la posguerra, Alemania parece decidida a poner sobre la mesa su voluntad de ejercer un liderazgo sobre el conjunto del continente europeo. Para ello ha hecho lo que nadie estaba dispuesto a asumir: la tarea de reavivar la causa del desfalleciente europeísmo después del varapalo sufrido hace un año con la derrota de la Constitución europea en dos de los países fundacionales de la UE, Francia y Holanda. Con esta decisión, Alemania da el paso de hacer suya la causa de la nueva Europa que surja del proceso de reflexión que, según José Manuel Durao Barroso, vivirá de aquí a 2007. Una decisión incómoda pero imprescindible. Sobre todo, a la luz de la infinidad de problemas que pueden ir surgiendo si se deja pasar el tiempo sin que nadie aborde una solución institucional que dé respuesta a la necesidad de gestionar políticamente la compleja fisonomía de la Europa nacida de la ampliación a Veinticinco. Con este gesto de responsabilidad y compromiso, Alemania levanta la bandera de un liderazgo flexible y sensato que tiene como horizonte la viabilidad y pujanza de la Europa de los Veinticinco. En este sentido, la oportunidad de la decisión de Merkel es evidente. Europa ha de levantar el vuelo y debe hacerlo vigorosamente. Para conseguirlo tiene que concitar a su alrededor ilusión y entusiasmo, algo que en estos momentos la vieja Europa tecnocrática es incapaz de estimular, debido al fuerte contenido burocrático en el que ha desem- L bocado el proyecto que diseñaron los padres fundadores en los años 50. Hoy, Europa tiene que representar una oportunidad de esperanza para más de cuatrocientos cincuenta millones de ciudadanos que contemplan el futuro bajo el peso de la incertidumbre y el pesimismo que transmite el horizonte del siglo XXI. El diseño alemán para esa nueva Europa parece cada vez más claro. Sus coordenadas las vienen marcando desde hace meses no sólo la agenda política sino las manifestaciones de la propia canciller Merkel. Sus viajes a los EE. UU. Rusia y China, su implicación en la crisis iraní y sus constantes apelaciones a una nueva fundamentación de Europa evidencian que el diseño que está en su cabeza pasa por convertir a la UE en una potencia global que concilie su compromiso con la defensa de los valores de una sociedad abierta con la eficacia y la capacidad de crecimiento económico, competitividad y visibilidad internacional que exigen los retos del siglo XXI. En este sentido, la Constitución europea tendrá que alojar el marco institucional que esté al servicio del éxito de estos objetivos. De ahí su insistencia en que Europa dé un giro liberal que devuelva al ciudadano su protagonismo frente al excesivo peso de la burocracia y los estados. Para lo cual es imprescindible no sólo estimular el dinamismo de la sociedad civil europea a través de la Agenda de Lisboa, sino fortalecer su conciencia cívica combatiendo de raíz los rebrotes xenófobos y populistas que cuestionan sus fundamentos de la mano de un materialismo nihilista que mina su vigor moral y su vocación tolerante. Su insistencia en recuperar la dimensión cristiana que alimenta la memoria de sus raíces culturales es un factor a tener en cuenta. No sólo porque es perfectamente compatible con la dimensión laica del Estado de Derecho, sino porque supone un respaldo a los valores humanistas e ilustrados que sustentan el proyecto de sociedad abierta que Europa trata de construir desde la Segunda Guerra Mundial. Como afirmó la propia Merkel, durante su asistencia a las jornadas católicas celebradas la pasada semana en Saarbrucken, para entender y comunicarse con otras culturas los europeos necesitan conocer sus propias raíces y ser conscientes de ellas LEY DEL SUELO DE BAJO VUELO L Consejo de Ministros ha dado el visto bueno a un primer borrador para la reforma de la ley del Suelo de 1998, que será sometido a debate público para su transformación en proyecto de ley, que pueda ser enviado a las cámaras. El borrador es cualquier cosa menos prometedor, destila recelo al mercado y pasión por la intervención, apuesta por la vivienda de protección oficial (VPO) como panacea contra el encarecimiento del suelo y de la vivienda y achaca los problemas del sector a la especulación, confundiendo las causas con las consecuencias. La ley de 1998 promovida por el Gobierno del PP tropezó con las competencias de los Ejecutivos autonómicos, que la dejaron descafeinada y poco útil. El nuevo borrador, elaboradopor el Ministerio de la Vivienda, vuelve a políticas fracasadas que otorgan al sector público el protagonismo en las políticas de vivienda. Así que propone ampliar las facultades de las administraciones públicas para gestionar el suelo y la promoción inmobiliaria, para fijar precios en las expropiaciones y para ampliar la cesión obligatoria de suelo por parte de los promotores. E Habrá que confiar que en la fase de información y debate público se pongan en valor argumentos a favor de un modelo más abierto y liberal que concrete las facultades de las administraciones públicas, que ponga fin al modelo actual de financiación de los ayuntamientos a través de la especulación del suelo y que proponga un sistema más ágil de licencias y de calificaciones urbanísticas. Dar más protagonismo al fértil juego del mercado y reforzar la intervención pública en la vigilancia de las reglas de lealtad y simetría de información a los agentes. La nueva ley parece de bajo vuelo, antigua y, seguramente, inútil para el fin que persigue: reducir los costes de la vivienda y facilitar los procedimientos para el desarrollo de iniciativas que asumen el riesgo de la promoción inmobiliaria sin el agobio de burócratas codiciosos y poco competentes. No será la intervención pública la que ajuste el desmesurado precio de la vivienda. Al Estado hay que dotarlo de capacidad para garantizar la neutralidad, propiciar la competencia, y no meterlo a gestionar lo que no sabe, a ser juez y parte en un sector tan complejo como el inmobiliario. A visita apostólica de Benedicto XVI a Polonia, culminada en los campos de Auschwitz y Birkenau, ofrece un balance muy positivo. El carácter universal del mensaje evangélico se ha impuesto sobre cualquier localismo de vía estrecha. Ciertos sectores expresaban sus dudas sobre la recepción popular, en un país martirizado por la barbarie a un Papa de origen alemán y cuya juventud transcurrió en pleno periodo nazi. Los datos, sin embargo, son concluyentes: así, una multitud de casi dos millones de personas ha seguido con entusiasmo la ceremonia celebrada en Cracovia. Ratzinger fue el principal colaborador de Juan Pablo II y ha rendido a su antecesor el homenaje de admiración que merece aquel gigante de la historia universal, invitando a cultivar su herencia de pensamiento y acción y reiterando su deseo de que concluya cuanto antes el proceso de canonización y sea elevado a los altares. El Papa actual ha peregrinado a los pueblos y ciudades que marcan la biografía de su antecesor, cuya personalidad excepcional tiene una importancia decisiva para la derrota del totalitarismo en todas sus dimensiones. Es muy significativo que la plaza mayor de su ciudad natal se llame ahora Plaza de Juan Pablo II, después de haber sido sucesivamente Plaza de Adolfo Hitler y del Ejército Rojo. En Auschwitz fueron aniquilados más de un millón de judíos, unos 150.000 polacos y miles de personas de otras nacionalidades y creencias. El Papa ha expresado rotundamente la condena de la Iglesia a las atrocidades cometidas por el régimen nacional socialista, poniendo de relieve su condición neopagana y el carácter inhumano de una ideología basada en la superioridad racial. Su entrada solitaria y silenciosa en el campo de exterminio, la visita al tristemente célebre bloque 11 el recuerdo a san Maximiliano Kolbe y el encuentro con una delegación de supervivientes constituyen hitos simbólicos de esta visita histórica. La reconciliación entre alemanes y polacos, más allá de la trágica reiteración de enfrentamientos seculares, apunta a un hecho decisivo: la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría han dado paso a un tiempo nuevo en el que las dos grandes naciones comparten un proyecto común en la Unión Europea. Hay que insistir, no obstante, en el carácter universal de la Iglesia, que se sitúa muy por encima de elementos coyunturales como la procedencia geográfica de su cabeza visible. En este sentido, el Papa ha reclamado una recuperación del espíritu cristiano para una Europa sumida en un proceso de secularización que, no obstante, no debería ser exagerado si consideramos la enorme cantidad de personas que se movilizan para seguir el mensaje papal. Quienes auguraban un pontificado marcado por el dogmatismo y la intransigencia se han encontrado- -una vez más- -con un Papa que combina el rigor intelectual con la cercanía personal y que sabe buscar el punto de encuentro entre la razón y la fe según la mejor tradición de la historia de la Iglesia.