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4- 5 D 7 LOS DOMINGOS DE ¿Qué diría Jovellanos de todo esto? ALBERTO SOTILLO Los hombres parecen sentirse felices en los eclipses colectivos de la razón. Antes los llamaban saturnales, juegos en el circo Máximo, aquelarres. Ahora son los Mundiales de Fútbol. Dos cosas agradecían los antiguos romanos a sus emperadores: que mantuviesen a raya a los bárbaros que intentaban emigrar a la capital del Imperio y que les organizasen unos espectaculares juegos circenses en los que gladiadores germanos, tracios, francos, hispanos y africanos se rompieran unos a otros los huesos. Como se ve, no han cambiado mucho las cosas desde entonces. Lo insólito es que ahora se exija un cambio en los horarios laborales para solazarse en estos mundiales eclipses de la razón. Puede ser una costumbre muy peligrosa. Recuérdese el famoso caso Schröder El ex canciller alemán vino a la cumbre europea de Sevilla, que con tanto esmero le había preparado Aznar, con el objetivo prioritario de no perderse el partido que jugaba su selección nacional en Corea del Sur a la misma hora que el ex presidente del Gobierno español había convocado a los líderes. Schröder cumplió su objetivo: pasó soberanamente de la cumbre. Se salió con la suya. Pero tengo la convicción de que ése fue uno de los principales motivos del distanciamiento de Aznar de la política de Berlín, y de su desencanto general con Europa. Un ejemplo más de las insospechadas consecuencias de las pasiones. Es muy justificable la flexibilidad laboral para estudiar con los hijos, para aprender a bailar la polca o para leer las églogas de Garcilaso. Pero ¿qué diría el ilustrado Jovellanos de tamaña indulgencia con uno de los mayores eclipses de la razón colectiva? Jovellanos, que quería prohibir hasta los autos sacramentales de Calderón porque no le parecían lo bastante edificantes. Claro que es excesivo el celo de don Melchor. Pero tal vez convenga cierta exageración de las luces y de la razón, ahora que se nos avecina una de las celebraciones más desaforadas de las pasiones de masas, de los lisérgicos efectos de los colores nacionales, de estos renovados juegos circenses en la edad contemporánea. 638 millones de euros por culpa del absentismo costó a las empresas cada partido del Mundial 2002, según un informe del Barclays cuando la gente diga las verdaderas razones por las que sale antes de la oficina (ir a un evento de importancia personal, estar con nuestros hijos o con nuestros padres) Este tipo de peticiones cada vez se van legitimando más, sobre todo porque para ir al médico tienes derechos legales que no hay para ir a ver fútbol. Sólo veremos la luz cuando en las empresas haya cada vez más directivos padres y madres que ejerzan de ello, y cambie la legislación para que España tenga horario europeo y a partir de las seis sea nocturnidad pleados puedan ver los partidos de la selección, en lugar de permanecer en sus puestos. Y eso ocurrirá en una España que es el país de Europa que peor equilibra su vida personal y la profesional, con Lituania; donde viven los europeos que más horas echan (una media de 39,6 horas semanales frente a las 37,9 del resto de la UE) cuyos platos rotos pagan los hijos (tenemos la mayor tasa de fracaso escolar de la Unión) y las parejas (126.000 separaciones al año) España es el país 26 en calidad directiva y el 29 en competitividad, bajando seis puestos en 2005, según el Foro Económico Mundial de Davos. Sin embargo, bajamos los brazos ante esta realidad como si fuera imposible transformarla... Pero llega el Mundial y entonces sí se permite, de manera informal, por supuesto, dejar el puesto de trabajo. ¿Por qué? El pasado martes tuve la ocasión de preguntar al director de la Ciudad del Fútbol de Las Rozas y seleccionador nacional de fútbol sala, Javier Lozano, si tiene sentido que retransmitir el campeonato sea de interés general y evitar el fracaso escolar, las separaciones conyugales o el agotamiento laboral no lo sean. Evidentemente, coincidió en que, por emocional que pueda ser el balompié, hay cosas más importantes, pero que exigen más esfuerzo y más responsabilidad Mientras, el tiempo corre en nuestra contra. Como explica Eva Levy, presidenta de la Federación Española de Mujeres Directivas, Ejecutivas, Profesionales y Empresarias (FEDEPE) una cosa empieza a ser importante cuando se convierte en un problema económico, y la falta de conciliación y flexibilidad lo es, a la vista de los números escalofriantes de pérdidas por bajas y rotaciones. Son las cifras del descontento que al fin y al cabo determinan la buena marcha de las empresas. Por eso es tan hiriente que, frente a argumentos de peso, triunfe como causa más que justificada para ser flexibles algo tan banal como un partido de fútbol. Pero eso ocurre porque las empresas están dirigidas por hombres, que conocen cómo el fútbol les quema las venas y que lo van a ver de todas formas. El que dirige, el primero. Las empresas y la vida en ellas no son más que el reflejo de esta sociedad, muy enferma en muchas cosas Horarios machistas En lo que abunda Ignacio Buqueras y Bach, presidente de la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios, que, aunque reconoce que esto del fútbol ocurre- -cuando ocurre- -en contadas ocasiones, sería deseable que ese entusiasmo puesto en el cambio de nuestras costumbres habituales, en romper nuestros esquemas aunque sólo sea por un día, tuviera reflejo en nuestra sociedad, tan remisa a alterar sus machistas y singulares horarios para conciliar mejor vida personal y vida laboral; para disfrutar de una mejor calidad de vida; luchar contra el estrés; mejorar su productividad; para que exista más diálogo en la pareja y con los hijos... Hay que reflexionar sobre nuestra escala de valores y prioridades Y es que España no está para tirar cohetes, ni con el Mundial. Juan Carlos Cubeiro, director de Eurotalent, afirma que por ser de interés general la gran mayoría de las empresas españolas harán la vista gorda y dejarán que sus em- La frivolidad y el desaguisado Por eso Carlos Martín, de CC. OO. no puede sino manifestar que conceder estas gracias para ver fútbol es una frivolidad de tamaño mayúsculo. Especialmente en un país como el nuestro, donde uno de los principales problemas que nos encontramos es el incumplimiento generalizado de la jornada laboral (lo padecen el 44,7 por ciento de los empleados) que se prolonga indefinidamente sin compensación alguna de dinero, ni de reducción de horas ni de vacaciones Un desaguisado frente al que el profesor Javier Fernández Aguado, presidente de MindValue y conferenciante en EE. UU. sobre modelos de gestión, recuerda: La conciliación de vida familiar y vida profesional no es opcional: se trata de una necesidad muy sentida. Los últimos mensajes de quienes pudieron llamar desde las Torres Gemelas el 11- S eran te quiero te deseo lo mejor cuida a nuestros hijos Pero nadie lamentó cómo siento no haber dedicado más tiempo a la oficina