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16 Nacional DOMINGO 28 5 2006 ABC Piqué descubre las virtudes del Estatuto: Se ha cargado el tripartito y a Maragall La Generalitat retira el vota de la publicidad del reférendum y recurre la resolución de la JEC b El presidente de los populares catalanes cree que votar no en el referéndum del Estatuto es también votar no a la amenaza sociovergente de Zapatero y Mas ABC BARCELONA. Llegados a este punto, mejor quedarse con lo bueno. En contra de lo manifestado hasta ahora, el presidente del PP de Cataluña sí ve virtudes en el nuevo Estatuto. Las cualidades, aseguró ayer, no hay que buscarlas en el articulado sino en los efectos que está teniendo su tramitación: Se ha cargado el tripartito, se ha cargado esta legislatura, que no es poco, y se ha cargado, ahora lo estamos viendo, al presidente de la Generalitat Durante el acto de presentación de Alberto Fernández como candidato del PP a la alcaldía de Barcelona- -a falta de un año exacto para la celebración de las municipales- Piqué insistió en que la crisis provocada por el debate estatutario tendrá prolongación más allá del referéndum de junio y de las autonómicas de otoño: Ahora tenemos que conseguir que el Estatut acabe con su labor: cargarse una clase política frívola e irresponsable a la que ahora se cuestiona abiertamente ÁLVARO DELGADO- GAL PRIMEROS PLANOS stá aumentando la delincuencia, al tiempo que repunta con enorme vigor, a despecho de la regularización reciente de Caldera, la inmigración ilegal. ¿Se trata de desarrollos mutuamente relacionados? Probablemente, sí. Es más, es casi seguro que sí. Las estadísticas conocidas hasta la fecha abonan esta conjetura. Y el recrudecimiento de técnicas delictivas típicas del crimen organizado convierten la conjetura en una certeza. ¿Qué ha hecho el Gobierno? Responder con una estratagema macluhanita, esto es, más orientada a cultivar una imagen de eficiencia, que a obtener resultados prácticos. Suena bien, bien sobre el papel, la creación de un Centro Nacional de Inteligencia cuya misión consistiría en coordinar a los diversos cuerpos policiales. Pero el proyecto equivale a postular un esparadrapo como remedio contra la herida provocada por un arma de fuego. El proceso de descentralización, muy acusado hasta ahora, entrará pronto en una fase más radical. Y se hará cada vez más difícil la armonización eficaz de fuerzas de orden no sujetas a una instancia común. No es posible, todavía, anticipar los ritmos a que se irá deteriorando la gestión de los asuntos públicos. Que la orientación es mala, está, por desgracia, fuera de toda duda. Permítanme a continuación saltar, del frangente nacional, a consideraciones más generales. ¿Qué define a las democracias europeas del momento? Sería extemporáneo redactar aquí una lista completa de los valores que nuestras democracias coinciden en defender. Ahora bien, pocos negarán que la cohesión social, la libertad, y una estructura de representación política gestionada por los partidos, forman parte del menaje moral y mental de la Europa de poniente. Todos estos elementos son preciosos. El caso, sin embargo, es que precisan, para echar raíces, suelos de una determinada composición. En los cincuenta y sesenta del pasado siglo, el rápido crecimiento económico y un porcentaje notable de población joven abrió espacios enormes a un régimen colectivo que cabría calificar, acudiendo a una sinécdoque, como socialdemócrata La obsolescencia del Estado Benefactor, y el progresivo envejecimiento de los europeos, fruto de tasas de natalidad persistentemente bajas, han puesto en entredicho el equilibrio feliz. Este es el contexto en que debe evaluarse el fenómeno migratorio. Los flujos han servido para paliar una serie de carencias, sin duda alguna. Pero introducen factores inéditos cuando se hacen demasiados intensos o crecen a un ritmo no controlado. En el caso de España, nos hemos puesto en un 11 de población inmigrante en pocos años. Esta cifra se dilatará fatalmente por el efecto combinado de la E Piqué, ayer en Barcelona YOLANDA CARDO Intereses personales Para el presidente de los populares catalanes, el resultado del reférendum tiene lecturas políticas más allá del propio Estatuto, ya que un no es también un no a la amenaza sociovergente fruto de los intereses personales José Luís Rodríguez Zapatero y de Artur Mas. Por otra parte, el conseller de Relaciones Institucionales de la Generalitat, Joan Saura, reiteró ayer que se retirará la palabra vota de la campaña institucional para el referéndum del Estatuto después de la resolución de la Junta Electoral Central (JEC) que consideró que llamar al voto rompe con la neutralidad que debe mantener un gobierno. La Generalitat recurrirá la decisión ante el Tribunal Supremo. concentración familiar, las necesidades de la economía, la resistencia de los autóctonos a realizar ciertos trabajos, y la aparente incapacidad de las administraciones para ejercer la vigilancia de las fronteras o repatriar a los ilegales. Ello traerá consigo inconvenientes de índole práctica. Por ejemplo, pueden experimentar una sobrecarga enojosa, en el medio plazo, los servicios públicos. Estos peligros, en absoluto despreciables, son, con todo, de orden menor. El riesgo más grave, el que ya apunta de modo evidente en Europa, es de naturaleza político moral. Las democracias liberales de signo igualitario, es decir, las que reducen las diferencias en las condiciones de vida gracias a un gran esfuerzo redistributivo, funcionan mal allí donde el demos se fractura en etnias o sufre alteraciones bruscas. Cabe entender el fenómeno en términos fiscales: la proporción entre los impuestos que se pagan, y lo que se recibe a cambio, será tanto menos equilibrada cuanto mayor la distancia entre los gustos y costumbres de un contribuyente tomado al azar, y el uso que se hace de su dinero. Cabe también expresar la situación en términos políticos: el acuerdo básico entre los partidos, clave para que la política no asuma formas violentas, será tanto más probable cuanto menos difieran los intereses de sus representados. Y no estaría de más, tampoco, hacer un ejercicio de memoria histórica. El orden europeo actual, el que, por extensión, he denominado socialdemócrata se levanta sobre la superación de la lucha de clases, lucha que deriva, a su vez, de los abusos inherentes al viejo sistema estamental y oligárquico. La instrucción universal y obligatoria, y las transferencias masivas de renta, se superpusieron al sistema político liberal del XIX y dieron lugar al tipo de sociedad de que ahora disfrutamos. El proceso, además, no se verificó en el vacío sino en el marco de la nación, es decir, de un territorio jurídicamente homogéneo y sujeto a la supervisión de una autoridad central no discutida, o sólo discutida marginalmente. La excesiva diversificación demográfica conduce, en parte, a desandar lo andado. Lo demuestra el caso de Francia. Lo que ha permitido a Lepen, un voyou de la política, convertirse en un pez gordo de la vida nacional, no son sus programas anacrónicos e inviables, sino la aparición de una masa crítica de disidencia provocada por la asimilación imperfecta de la enorme afluencia migratoria. Se adivina, igualmente, mar gruesa en Holanda, Bélgica, y otros países del entorno. Nosotros estamos empatando con ellos en un tiempo récord. Y no es impensable que pasemos, del optimismo ignorante, a la xenofobia, vergonzante primero y abierta más tarde. El humanitarismo es panorámico. Pero aguanta mal los primeros planos.