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58 Cultura SÁBADO 27 5 2006 ABC Los trabajadores del Teatro Albéniz, preocupados por sus puestos de trabajo ABC MADRID. Los trabajadores del Teatro Albéniz se adhieren a la propuesta, realizada por una gran diversidad de grupos sociales de la ciudad, en la que se pide que la sala sea declarada Bien de Interés Cultural y se muestran, a través de un comunicado, preocupados por sus puestos de trabajo. Tras la manifestación convocada el jueves por la Plataforma de Amigos del Albéniz, respaldada por más de trescientas personas en protesta por el posible cierre de este espacio escénico, los trabajadores de esta sala madrileña, sede teatral de la Comunidad de Madrid, recuerdan que llevan más de 20 años en el equipo profesional que ha contribuido a presentar en Madrid los más acreditados espectáculos escénicos. El Teatro Albéniz, durante estas dos décadas, ha sido un espacio cultural que se ha ganado, programación a programación, el prestigio entre la ciudadanía por la variedad de su oferta, por la calidad de los espectáculos ofrecidos, por la diversidad ideológica de los artistas con los que ha contado, y el respeto y afecto de los profesionales por la calidad humana con que el personal del teatro los ha acogido y ayudado convirtiéndolo en una institución Los trabajadores aseguran que éstas son las señas de identidad del Albéniz que imprimió Teresa Vico -directora de la sala hasta 2003, fecha de su fallecimiento- -y que perviven hasta hoy informa Efe. Por eso, apoyan la propuestas de declararlo Bien de Interés Cultural y de Utilidad Pública, lo que impediría su demolición y muestran su preocupación por su situación laboral, por lo que piden que la Comunidad de Madrid les garantice los puestos de trabajo como ha venido haciendo hasta ahora FESTIVAL DE CINE DE CANNES De los pasajeros que no quisieron estrellar su avión contra la Casa Blanca Paul Greengrass hace una tremenda recreación del 11- S en United 93 b Todo el mundo estaba pendien- te de un avión, pero a pesar de ello el que voló más alto fue Gerard Depardieu con su personaje de cantante antiguo en Quand j etais chanteur película a concurso de Xavier Gainnoli E. RODRÍGUEZ MARCHANTE ENVIADO ESPECIAL CANNES. De los cuatro aviones que se estrellaron el 11 de septiembre de 2001 en lo que ha sido el mayor atentado terrorista de la historia, uno de ellos no hizo diana: los pasajeros pudieron en el último momento desbaratar los planes de los cuatro terroristas que pretendían hacerlo estallar contra la Casa Blanca; hubo una violenta y desesperada rebelión comandada por unos cuantos, redujeron a tres de ellos y llegaron a entrar a la cabina donde el otro pilotaba ya como un demente para estrellarlo donde fuera... El director británico Paul Greengrass (director de Domingo sangriento y guionista de la memorable Omagh hace una recreación en presente de indicativo de aquellos momentos y el resultado es sumamente impactante. United 93 que participa en el festival fuera de concurso, reparte su tiempo y sus intenciones entre el interior de ese vuelo trágico y entre el caos y el embotamiento de la central de control de vuelos, en realidad un símbolo de lo que fueron los Estados Unidos, desde su presidente hasta el último ciudadano, durante unos aturdidos minutos. Tal vez resulte una película prevista y descompensada, pues se sabe el desenlace y que fue en una operación rápida e improvisada... Lo cual no le quita al espectador dos sensaciones: la de confusión, un inmenso lío general en un país con dos torres ardiendo, el Pentágono destrozado, más de cuatro mil Gerard Depardieu besa a Cecile de France, ayer en Cannes aviones en vuelo, todos desorientados y algunos perdidos, y la sensación de estar sufriendo un ataque de medidas insospechadas. La segunda sensación era más personal: sólo congoja. Paul Greengrass no fuerza la presión emocional más allá de lo justo, es decir, está hecha con sobriedad, ni tampoco exprime limones en los credos, idearios o radicalismos que podrían relacionarse con ese y otros atentados terroristas. Confusión y congoja, además de una lectura inequívoca de fortaleza frente al terrorismo. Lo cual, o tal vez por ello, no le impedirá a Greengrass verse acorralado por no darle salida a otras versiones extraoficiales, como la de que unos cazas invisibles, pero vis- AFP tos, derribaron el avión cuando se dirigía a la Casa Blanca. Y con esta película conmocionante y conmovedora, casi se nos escapa vivo Gerard Depardieu, que hace uno de esos papelones cargados de peso dramático en Quand j etais chanteur película a concurso cuya única arma para ganar algo es precisamente ese personaje, un cantante de bailongo de hotel, entrado en años y en carnes, que lleva uno de esos bolsos mariconeritas colgados de la muñeca, que es un viejo seductor y un pronto seducido... Ideal para que Depardieu se luzca y le dé algo de chance al director, Xavier Giannoli. Cine francés y el palmarés El cine francés (francés, francés, porque medio francesas son casi por ley todas las películas que vienen aquí, incluida la de Almodóvar, coproducida por Francia) no parece que este año pueda tener mucho sitio en el palmarés; o sea que tal vez se decida que repita premio Depardieu, quien ya lo ganó por su Cyrano, para el cual, si recuerdan, tuvieron que quitarle algo de nariz. Y también se proyectó dentro de la competición una película portuguesa titulada Juventude em marcha de Pedro Costa. La gente salía a borbotones, como si alguien hubiera dado un aviso de bomba. Dos horas y media de planos largos y que se repiten de cuando en cuando, con uno o dos personajes dentro de él que dicen un texto que no lo puede haber escrito nadie en su sano juicio. Aunque parecía una broma de mal gusto, no lo era.