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56 Cultura SÁBADO 27 5 2006 ABC LA HISTORIA DE ESPAÑA, NOVELA A NOVELA Mañana, con ABC, cuarta entrega de la colección de novela histórica, Una conjura en Hispania de Lindsey Davis, por tan sólo 1,99 euros más Gastroespionaje a la romana TEXTO: LUIS CONDE- SALAZAR INFIESTA Dekker, durante un concierto EPA Adiós al jamaicano Desmond Dekker, primer nombre propio del reggae b Precursor del reggae y del ska e introductor del estilo en el mercado anglosajón, el artista murió el pasado jueves en Inglaterra a consecuencia de un infarto M. DE LA FUENTE MADRID. Huérfano desde crío, nacido Desmond Dacres en 1942 en Kingston, la capital de Jamaica, Dekker se ganaba la vida como soldador, mientras con bastante chispa se dedicaba a cantar (Harry Belafonte y el dúo de soul Sam and Dave, sobre todo) Tras varios intentos frustrados, un productor de éxito, Leslie Kong, accedió a que grabara para él, como ya lo hacía Jimmy Cliff. A partir de entonces, primeros sesenta, Desmond Dekker se convirtió en una factoría de grandes éxitos. Primero en su isla y luego en el mercado anglosajón, muy especialmente con su canción de 1969 The Israelites Precursor del ska y del reggae, antes incluso que Marley, Desmond era un tipo de voz de falsete que se convertiría en su credencial. Un tipo en el que se inspiró McCartney para su Ob- La- Di Ob- LaDa Tras la muerte de Kong, Desmond se trasladó a Inglaterra (luciendo ya su boina de paraca) y se convirtió en el héroe musical de las muchachadas jamaicanas de los barrios de Portobello y Brixton. Durante los primeros setenta su estrella se eclipsó, pero, curiosamente, la explosión punk le sacaría de ese callejón al grabar con el sello independiente Stiff. La escena británica se revitalizó y gente de la nueva ola como Graham Parker y Robert Gordon fijó su vista en Dekker. Y, por supuesto, los Specials, sus herederos naturales. Su influencia llegó hasta los Clash, que admiraban al jamaicano. Desmond ha sido uno de esos secundarios imprescindibles en la historia del pop. Secundario, pero con intenso y bello papel. MADRID. Por todos son conocidas las cualidades gustativas, antioxidantes y cardiosaludables de esa maravillosa joya llamada aceite de oliva. Su elaboración se pierde en la memoria histórica, pero para la romanizada España de comienzos de nuestra era, y en especial para la provincia Bética, tenía además una importancia económica enorme. Sus usos eran múlltiples, desde los gastronómicos a los estéticos, además de ser remedio sanitario de mil males. Constituía, pues, un fundamental recurso agrícola, por encima del trigo, y era industria proveedora principal de la Roma imperial; tanto así, que cuentan que las escombreras de ánforas con las que se portaba crearon el Monte Testaccio. No es de extrañar que cualquier conjura para alterar su precio pudiera también dinamitar los cimientos del mismísimo y carísimo Imperio. Con estas se fabricó Lindsey Davis (Birmingham, 1950) Una conjura en Hispania titulada originalmente Dying Light in Corduba (algo así como Crepúsculo en Córdoba Tras una cena en Roma de la Sociedad de Productores de Aceite de Oliva de la Bética (que fingen amar todo lo hispano, pero sólo si se puede servir en un plato dos hombres que habían asistido al ágape son atacados de regreso a sus casas: uno, que resulta gravemente herido, es Anácrites, jefe de los servicios secretos del emperador Vespasiano; el otro, un cualificado agente, muere en el lance. Todas las pistas apuntan a Córdoba (la Corduba romana donde nacieron Séneca y Lucano) y a una conspiración para el fraude en los precios del aceite. El encargado de llevar a cabo la investigación es el detective Marco Didio Falco, una mezcla agitada pero no removida del Philip Marlowe de Raymond Chandler (para que se hagan una idea, Humphrey Bogart lo interpretó en El sueño eterno y del genuino Sam Spade de Dashiell Hammett, pero con toga, espada y esposa. Un mosaico romano de la época que data esta novela ABC Cínico y mordaz Falco es el protagonista de más de una quincena de novelas (esta es la octava entrega) publicadas hasta el momento por la escritora británica. Una serie que se inició con La plata de Britannia y que cuenta con títulos memorables como Un cadáver en los baños o Ver Delfos y morir entre otros. Falco, algo cínico, mordaz, buen comedor y no peor bebedor (es un buen gourmand tiene en su sonrisa embaucadora y su fina sagacidad burlesca las mejores armas para enfrentarse a eso que él mismo llama ignorancia políti- ca, estafa comercial y mentiras flagrantes Sobre su personaje, dice la autora: Mi mayor inspiración para escribir de un detective romano vino de la investigación que hice sobre la ciudad de Roma en The course of honour La carrera del honor novela que se editó en España por primera vez en 1997) El carácter de un informador se basó de manera deliberada en el estilo de un informante privado de los años cuarenta, como Philip Marlowe, aunque Falco tuvo siempre su propio carácter y se impuso a los estereotipos. En general, prefiero crear mis propios personajes, no basarme en otros, pues me importa la originalidad y espero ser reconocida por ello En el desarrollo de la novela, negra, humorística e histórica a la vez, Davis hace notar sus conocimientos sobre la sociedad romana y sobre la del sur de la Hispania de entonces, y en particular de esa Córdoba sobre la que uno de los dramatis personae llamado Momo, dice que es toda sol y salsa para pescado Al preguntarle si pueden reconocerse algunos tópicos comunes entre aquellos hispanos y estos españoles, responde Davis: Como inglesa no estoy cualificada para decir cómo son los españoles actuales. A través de mi escritura he creado sólidos contactos con España y es un país y una gente por los que tengo un gran afecto. Pero el ánimo de los libros es establecer suavemente comparaciones entre los tiempos antiguos y los actuales mostrando en qué aspecto la gente de los tiempos de Roma era distinta y en qué se nos parecía, porque en mi opinión la naturaleza humana nunca cambia. La sociedad y sus fallos son los mismos siempre. Encuentro el tiempo de Vespasiano muy contemporáneo Aceite y petróleo Davis, especialista en el mundo romano, considera que, en una época actual, otro aceite sustituye a aquel de su novela de ficción: El petróleo es un equivalente muy adecuado. Hay otros productos que se podrían evocar, hace solo una semana los periódicos británicos hablaban de la fuerte subida del precio del cobre, y algunos pequeños empresarios estaban recogiendo pequeñas monedas de cobre y vendiéndolas porque el precio del cobre que contenían era mayor que el de su valor facial Vivir para ver.