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12- 13 S 6 LOS SÁBADOS DE Lecturas Pequeños dictadores Buen conocedor de niños y adolescentes, Javier Urra ha escrito un best- seller para auxiliar a los padres en la tarea de educar a sus hijos, a menudo a contracorriente POR PILAR QUIJADA tiempo una lectura política y pesimista o cautivadoras representaciones estéticas. De sus imágenes de minas, refinerías, embalses o canteras el fotógrafo ha dicho que funcionan como metáforas de nuestra existencia actual. Buscan un diálogo entre atracción y repulsión, seducción y miedo En China, el artista ha encontrado un filón y sobrecoge la serie que ha puesto su punto de mira en la construcción del gigantesco embalse de las Tres Gargantas, una brecha en la naturaleza que ha dejado irreconocible hasta el rastro del cauce primigenio de los ríos. En estas indagaciones, como apunta el comisario Horacio Fernández, el espectador percibe el agradable horror con el que los románticos describían la experiencia de lo sublime Lo fugaz en lo oriental Y del todo a lo minúsculo, del paisaje al retrato que capta lo fugaz, la aparición de una hoja, el nacimiento de un animal, el rompimiento de una ola o el movimiento del viento. Toda una exhibición del detalle como motivo principal de la propuesta de la japonesa Rinko Kawauchi, en su primera visita a España. Javier Aguado, director de la Fundación Santander Central Hispano, destaca la oportunidad que se nos presenta con Madre Tierra de ver fundidos el arte y el cuidado y recuperación del entorno natural a través del desarrollo sostenible. Detenernos en las imágenes captadas por estos tres artistas- -apunta- -nos enseña cómo hemos transformado el paisaje, y nos hace reflexionar sobre la necesidad de respetar en lo posible la naturaleza que compartimos Madre Tierra Centro Cultural de la Villa. Del 1 de julio al 23 de julio. a educación de los hijos preocupa cada vez más a los padres. No hay más que ver la aceptación de la primera temporada de Supernnany programa en el que una psicóloga llega como llovida del cielo para poner orden en hogares donde los pequeños traen de cabeza a sus progenitores. O comprobar cómo entre los libros más vendidos está El pequeño dictador de Javier Urra. En tres meses escasos lo han adquirido ya más de 30.000 padres ávidos de consejos para meter en cintura a sus rebeldes vástagos ante el temor de que se conviertan en pequeños déspotas o, como indica el subtítulo del libro, pasen de ser niños consentidos a adolescentes agresivos. Temor acrecentado por los recientes casos de quinceañeros que apalean a indigentes o a sus propios compañeros mientras lo graban en sus móviles para luego difundirlo como diversión. Quizá también por eso las escuelas de padres están adquiriendo un nuevo auge. Urra, que fue el primer Defensor del Menor y tuvo una experiencia de veinticinco años en la Fiscalía de Menores, constata a diario este interés en las charlas que da en colegios y asociaciones. Para consuelo de los padres, hay que decir que encauzar a los pequeños siempre ha tenido sus dificultades. Si no, lean esta curiosa cita recogida en el libro: Ahora los niños aman el lujo. Tienen malas maneras, desprecian la autoridad, no muestran respeto por sus mayores y les encanta molestar. Ya no se levantan cuando entran personas mayores. Contradicen a sus padres, engullen golosinas en la mesa y son tiranos con sus maestros Una queja escrita hace 24 siglos por Sócrates. A pesar de todo, Urra está convencido de que educar hoy a los hijos plantea mayores retos. Entre otras razones, porque en las últimas décadas se ha transmitido a la sociedad la idea de que hay que dejar hacer a los chavales, y ése es el peor sistema educativo. Lo explica de forma muy gráfica con un ejemplo tomado del filósofo José L El autor, Javier Urra RAFA ALCAIDE Pautas claras Para que las instrucciones a nuestros hijos sean eficaces Urra recomienda: Buscar el momento oportuno. Especificar de forma breve y clara lo que esperamos de ellos. Dar una sola instrucción cada vez. Que lo que pedimos se adapte a la edad del niño. Hablar sin amenazas y sin gritar, pero con voz firme. Utilizar frases del tipo: si terminas tus deberes podrás ir al parque. No conviene repetir constantemente las órdenes, pero sí dar oportunidades de obedecer mediante avisos. Alabar la obediencia y establecer consecuencias para la desobediencia. Si el niño sabe que una actitud implica sanción, hay que aplicarla. No desautorizar nunca al otro progenitor en presencia del niño. Y paciencia. Según las estadísticas, los niños obedecen dos veces de cada tres. Y si necesita ayuda, consulte a un psicólogo para que le oriente. Antonio Marina: Un sistema educativo que deja hacer es como un reglamento de tráfico que dijera en su artículo primero y único: vaya usted por donde quiera Puestos a elegir, explica, se puede educar a los hijos de forma democrática, dándoles responsabilidades, o de forma más autoritaria, poniendo unas normas de obligado cumplimiento. Ambos procedimientos son válidos, a diferencia del que se basa en no poner límites. Y es que es la falta de marcos de referencia lo que neurotiza y convierte en caprichosos y egocéntricos a los niños. Urra aclara que imponer disciplina no es recurrir constantemente al castigo, sino educar en la comprensión y en el razonamiento, para transmitir seguridad, motivación y estímulo a los hijos. Amor, humor y respeto son tres ingredientes que no deben faltar para conseguir un clima de confianza, responsabilidad y libertad dentro de unos límites razonados. Aunque no se trata de ser colegas de los hijos, sino padres, matiza. Un equilibrio nada fácil, sobre todo teniendo en cuenta que los niños no vienen con el manual de instrucciones debajo del brazo. Por eso considera importante facilitar técnicas educativas que permitan a los progenitores hacer frente a los retos de una sociedad en permanente cambio. Una sociedad que, por otra parte, tampoco facilita esta tarea: horarios de trabajo interminables, medios de comunicación que lanzan mensajes confusos o publicidad que intenta convencernos de que las cosas se consiguen sin esfuerzo. Y frente a esto, niños que llegan a casa, se sientan delante del televisor o se conectan a internet y se tragan una gran cantidad de información que no pasa por el filtro de los adultos, que tienen poco tiempo para estar con ellos. Y el poco que pasan lo ocupan, en muchos casos, en organizar y dar órdenes, tal vez olvidando lo más gratificante: disfrutar de la compañía de los hijos. O algo tan importante, según Urra, como escucharles y saber cómo piensan.