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27 5 06 VIAJES GASTRONOMÍA El Cairo De ayer a hoy Antonio Cabanas, autor de La conjura del faraón en las Pirámides. Su novela fue presentada en El Cairo y él nos sirvió de cicerón (Viene de la página anterior) bolsos de Gucci, Prada o Chanel. Las mujeres ricas, pese a su peculiar y ortodoxa indumentaria son tan fashion vivtims como las de la Quinta Avenida neoyorquina o la Avenue Montagne de París, pues llevan debajo de los velos una ropa de lujo. Y no hablemos de joyas y relojes. En los grandes hoteles, que es donde compra, se aloja o come esa elite, el espectáculo está servido y causa risa observar las peripecias que pasan a la hora del té para llevarse a la boca, bajo el yabrahs, la taza a través de un laberinto de velos y telas negras. Las jóvenes, más modernizadas, no tienen reparos en alternar el pañuelo con un top sobre el vaquero a la cadera que deja ver su redondo ombligo. Son fervientes partidarias de los piercing De semejante guisa se las ve pasar delante del Café de los espejos (lugar donde escribía sus novelas Naguib Mahfuz) en el popular mercado Khan El Khalily, un lugar espectacular en ese bazar, que desde el siglo XIV ya era de los caravaneros. Es parada obligatoria. El egipcio es amable y hospitalario, y los vendedores ambulantes no molestan tanto como en otros países. el Antiguo Egipto siempre vivió con el pensamiento puesto en el más allá. Es un lugar peligroso, pero interesante: puede verse hasta dónde llega el ser humano viviendo... y viendo la televisión en familia, entre cadáveres. El Nilo es una leyenda y es la vida para este país, pues sólo el 5 por ciento del territorio es fértil. Se la da el río. Ahora está controlado con la presa de Asuán, pero hasta hace 50 años se desbordaba y su kemet (la famosa tierra negra) el don del río, daba vida en sus dos orillas a una tierra fértil con varias cosechas al año. Lo malo ha sido que al controlar el Nilo ha cambiado el ecosistema. Un experto en el mundo de los faraones Empezó hace veinte años a interesarse por el Egipto faraónico y hoy es un experto que ha recorrido montones de veces las tumbas, las pirámides y los museos. Cual rata de biblioteca se ha empapado de la cultura y al final se ha decidido por la literatura porque le apasiona la novela. En La conjura del faraón hay personajes curiosos, porque a Cabanas le gustan los diálogos y le interesan las relaciones humanas y sus antagonismos. Me gusta escribir, tenía una historia que contar y tiempo. Hoy no queda nada de ciudades como Menfis y comparar personajes como Ramsés III con cualquier político de hoy es difícil. Ni Bussh ni nadie son comparables, porque Ramsés no fue un faraón conquistador ni subyugó a nadie con los poderes imperialistas de hoy en día. Sólo Luis XIV, el rey Sol, se le podría asemejar. Aquel Egipto era un país organizado, pues estos monumentos que vemos hoy no se hubieran podido hacer sin una infraestructura y unos mecanismos precisos. Fueron muy inteligentes, tuvieron literatura, los mejores cirujanos de la antigüedad, excelentes matemáticos... Me fascinó su mundo de la medicina pues hay enfermedades que hoy son endémicas aquí y ellos ya las conocían y trataban. Tenían un dominio asombroso sobre cómo hacer drogas vegetales y, sin saberlo, fueron los que inventaron la aspirina, pues sacaban el ácido acetilsalicílico de la corteza del sauce para utilizarlo como anticoagulante Pirámides y museo La historia cristiana de El Cairo está en el barrio Copto (vigilado por temor a los atentados) con sus callejuelas e iglesias. Pero los verdaderos monumentos de interés son los de los faraones del Egipto clásico. Las pirámides son algo sublime y, a diferencia de las de otras culturas, son tumbas en las que el faraón se enterraba para viajar hacia las estrellas y unirse con los dioses. La sensación al sobrevolarlas, al verlas, y al penetrarlas es sobrecogedora, sobre todo la primera vez. A su alrededor, un shopping al más puro estilo top manta con recuerdos de un gusto atroz, en manos de vendedores políglotas que vocean mira, mira, aquí más barato que en Carrefour o cómprame a mí, engaño menos recuerda que cada uno se gana la vida como puede. Nadie debe perderse el Museo Egipcio con el tesoro de Tutankhamon y la sala de las momias, ni privarse de la visita de cientos de mezquitas, como las de Hassan, Al Hakim, Ibu Tulun, Al Rafai o El Azhar. Todo en El Cairo es magia. La ciudad de los muertos Lugar aparte merece la Ciudad de los Muertos, donde un millón de seres paupérrimos viven en las tumbas de los antepasados de otras familias. No hay nada en el mundo, ni siquiera la Cité Soleil de Haití, comparable con este peligroso gueto convertido hoy en centro de distribución de drogas. Desde lo alto de una colina puede observarse la cotidiana vida (por decir algo) de esas gentes que no tienen, ni nunca tuvieron, respeto a los muertos, pese a que