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50 VIERNES 26 5 2006 ABC Sociedad El Papa sella en Polonia la reconciliación con Alemania emprendida por Juan Pablo II Acudirá este domingo a Auschwitz como católico, pues la nacionalidad es una cosa relativa b Benedicto XVI afirma que irá al campo de Auschwitz para reflexionar cómo ha sido posible que el hombre haya caído tan bajo en su dignidad JUAN VICENTE BOO. ENVIADO ESPECIAL VARSOVIA. Benedicto XVI culminó ayer en Polonia la reconciliación con Alemania iniciada por Karol Wojtyla y los obispos polacos en 1965 con la carta titulada Perdonamos y pedimos perdón destinada a cauterizar las heridas de una guerra que costó la vida a seis millones de polacos, de los cuales la mitad eran judíos. El Papa terminará su viaje el domingo en el campo de exterminio de AuschwitzBirkenau, donde será recibido por supervivientes y autoridades religiosas judías. El Santo Padre manifestó su amor a Polonia recitando casi todas sus oraciones en polaco e iniciando en ese idioma todos sus discursos, que continuaba en italiano. Utilizará el alemán sólo para la plegaria en Auschwitz. El destino escogido por Benedicto XVI para el primer viaje que responde enteramente a sus planes y prioridades es precisamente la patria de su predecesor, de quien había heredado la cita con los jóvenes del pasado verano en Colonia. Escoger Polonia tiene un doble objetivo: subrayar el valor permanente del inmenso magisterio de Juan Pablo II y terminar una importante tarea de reconciliación, la de Alemania con Polonia, y la de los cristianos con los judíos. Papa sino como simple católico, precisamente para corregir el error del culto a la nacionalidad, una idolatría que llevó a su país a provocar el mayor desastre en la historia de Europa y la guerra más cruenta de la historia del mundo. Como tantos millones de personas- -no sólo los muertos sino también los supervivientes- Joseph Ratzinger fue una víctima del nazismo, un régimen que lo arrancó del seminario a los 16 años para enviarlo en 1943 a la artillería antiaérea, donde presenció, desde su puesto de servicio logístico, la destrucción sistemática de Munich por los bombardeos aliados. En esas mismas fechas, un joven polaco de 23 años, arrancado de la Universidad Jagellónica de Cracovia por la invasión alemana, trabajaba como obrero en una fábrica de sosa cáustica y se preparaba en un seminario clandestino para el sacerdocio. Primer paso hacia el entendimiento La historia de Karol Wojtyla se entrecruzó con la de Joseph Ratzinger en 1965, cuando el obispo alemán promovió en su país una respuesta positiva a la asombrosa carta del episcopado polaco al episcopado alemán Perdonamos y pedimos perdón redactada en parte por el joven arzobispo de Cracovia, quien repetiría como Papa esas mismas palabras en el Año Jubilar. La iniciativa de dar un primer paso hacia la reconciliación cristiana con Alemania provocó la ira del Gobierno comunista de Polonia, pues la carta pedía perdón por el daño que los polacos hubiesen causado a los alemanes, sobre todo en la limpieza étnica después de anexionar Silesia. Aquella carta dio vida a un proceso de reconciliación menos conocido que el de Alemania con Francia y también más tardío, pues el régimen comunista polaco continuó apoyando su escasa legitimidad en la explotación propagandística del antigermanismo. El encuentro con Auschwitz Ayer, nada más subir al avión que le llevaría a Varsovia, Benedicto XVI se acercó a la zona de los periodistas para comentar que este viaje lo terminaremos precisamente en el campo de exterminio de Auschwitz, pensando en tantos muertos, para reflexionar cómo ha sido posible que el hombre haya caído tan bajo en su dignidad pisoteando la de los demás El Papa espera que precisamente de Auschwitz nazca un nuevo sentido de humanismo y una visión del hombre como imagen de Dios. Esperemos que esto sirva para evitar en el futuro cosas similares Juan Pablo II visitó como Papa ese campo en 1979 durante su primer viaje a Polonia. Pero la presencia de un Papa alemán tiene una fuerza mucho mayor, al provenir del país de origen del sistema político que construyó Auschwitz- Birkenau como matadero de personas, en su gran mayoría judíos deportados de casi toda Europa. Benedicto XVI lo sabe, pero aun Benedicto XVI, ayer en la catedral de San Juan, de Varsovia EPA Supervivientes del terror Igual que Juan Pablo II, Benedicto XVI es un reconciliador, y ya en su discurso de saludo en el aeropuerto de Varsovia se refirió a su visita a Auschwitz sobre todo para reunirme con los supervivientes del terror nazi. Recemos todos juntos para que las heridas del siglo pasado se curen mediante la medicina que Dios nos indica llamándonos al perdón recíproco y ofreciéndonos el misterio de su misericordia El Papa dedicó su primer encuentro en Varsovia a los sacerdotes de la diócesis, ante quienes clarificó la esencia de su misión, pues los fieles esperan Terminó la jornada con un encuentro ecuménico de plegaria con las siete principales confesiones cristianas Al sacerdote no se le pide que sea experto en economía o en política sino en la vida espiritual así, cuando un periodista compatriota suyo le preguntó en el avión por su estado de ánimo como un Papa alemán que acude a rezar a Auschwitz el Santo Padre asintió con la cabeza a su condición germánica pero precisó que soy sobre todo un católico, y esto es muy importante. Tenemos que darnos cuenta siempre de que somos católicos, y que la nacionalidad es siempre una cosa relativa, que se inserta correctamente de ese modo (secundario) en el conjunto de la comunidad católica Benedicto XVI no respondió como