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6 Opinión VIERNES 26 5 2006 ABC AD LIBITUM POR OTRA PARTE TRES PREMIOS Y UN MENSAJE AMÓN Serrano Suñer, Manuel Aznar Zubigaray, Melchor Fernández Almagro, Manuel Pombo Angulo y Luis Calvo integraron el jurado que otorgó a Julio Camba el premio Mariano de Cavia de 1951. En el texto premiado decía mi admirable paisano que, en África del Sur, para criar avestruces y alimentar la industria de sus plumas, los granjeros cogían unos cuantos cientos de huevos y, al tiempo, contrataban a cientos de bellezas indígenas para que los empollasen. Las pobres debían permanecer sentadas sobre ellos, inmóviles, durante días y más días. Los escritores de periódico, como las negritas de Camba, también han M. MARTÍN de permanecer inmóviFERRAND les muchos días- -meses, años- -para empollar adecuadamente las ideas que, como buenos animales de pluma, le deben a sus lectores. Es el caso de Juan Manuel de Prada y de Oriana Fallaci, premios Cavia y Luca de Tena, recién fallados en un jurado presidido por Gregorio Salvador y correspondientes a 2005. Quizás no sea casualidad el que los dos, como cogidos de la mano, protagonicen en esta ocasión los dos galardones de mayor prestigio de cuantos forman el muestrario del reconocimiento de la prensa en España. Son dos casos claros, diáfanos, de ejercicio responsable y brillante al servicio de unos valores éticos y en defensa de lo que, para resumir, podemos encerrar en el cliché de la cultura y la civilización cristianas. Los dos viven la esquizofrenia de elegir constantemente entre producir una obra para siempre y ahí están los frutos encuadernados de su gloria literaria, o, más sencilla y comprometidamente, optar por una tarea para mañana En mi opinión es en esto, en lo efímero, en donde más luce su garbo y mayor y más cabal resulta su servicio a la sociedad. Nuestro Prada es un testimonio constante de valores que, desgraciadamente en decadencia, son los que dignifican al hombre, protegen a la familia y engrandecen al conjunto social. La Fallaci, la mejor reportero de hace tres o cuatro décadas, ha cuajado en una pensadora de urgencia que ve venir el peligro invasor de otras civilizaciones y culturas y, ya de retirada, enferma, nos previene de ello con palabras que asustan a la progresía e inquietan a los espíritus más conservadores. A mayor abundamiento, en unidad de acto, el jurado de Prensa Española le ha otorgado el premio Mingote a Ignacio Gil, capaz de contar con un solo clic lo que los demás hacemos, y peor, con cuatrocientas o quinientas palabras. Vistos en conjunto los tres premios, puede decirse que, en ejemplar pirueta, también el jurado responsable ha sabido- -sin palabras, sin imágenes- -incubar la mejor expresión del problema de nuestro tiempo. Las luces y las sombras de la fotografía de Gil, los desplantes de Prada y los avisos de Fallaci son el mensaje que exigen las circunstancias. Una receta de difícil dispensación. SALVEMOS LAS LIBRERÍAS Pero, una vez que el Ministerio de Cultura ya no es ÁS allá de los tópicos que la consagran como responsable inmediato de la vergonzosa precariedad fiesta del libro o privilegiado lugar de enpresupuestaria de las bibliotecas públicas, hoy transcuentro de lectores y escritores la Feria del feridas, quizás el mayor reproche que pueda hacerse a Libro de Madrid sigue siendo un popular acontecisu gestión sea la falta de apoyo eficaz a las librerías miento cultural cuya celebración marca cada tempoindependientes como canal indispensable en la comerrada el final aproximado del curso libresco. Fundada cialización del libro. En nuestro país las librerías reen 1933, establecida con carácter oficial a partir de presentan algo más del 34 por ciento de la cuota 1936, e interrumpida en diversas ocasiones dudel mercado. Lejos- -por ahora- -de ese escaso rante la guerra y la posguerra, la Feria inaugu 19 por ciento de las de Francia, donde los procera hoy su 65 edición con un programa repleto sos de concentración- -mucho más intensos y de actividades y unas perspectivas de negocio devastadores que en España- -han podado dracercanas a los 11 millones de euros. Su celebramáticamente la antaño tupida red de librerías ción es, como cada año, pretexto para algunas independientes en beneficio de los cada vez consideraciones acerca de la política del libro. más poderosos hipermercados y de las grandes Con la totalidad de sus antiguas competenMANUEL cadenas de librerías, dos imponentes competicias transferidas a las Comunidades AutónoRODRÍGUEZ dores que representan cuotas de mercado equiRIVERO mas, lo más que se le puede pedir a la Adminisvalentes. Y eso a pesar de que en Francia sigue vigente tración central es que ejerza eficazmente su papel de el precio fijo; si desapareciera no es improbable que la árbitro y moderador de un sector que, pese a su madulibrería, tal como hoy la entendemos, se convirtiera rez y salud financiera, presenta algunas disfunciones, en pintoresca arqueología cultural. no siempre atribuibles a causas exógenas. En lo que La desaparición de las librerías no es sólo, como respecta al Ministerio de Cultura, resultan todavía inproclaman ciertos liberales doctrinarios, un asunto suficientes o incompletas las estadísticas y bases de de adecuación de viejas estructuras a las exigencias datos globales acerca de los hábitos de consumo de los del mercado global. Con cada librería que desapareproductos culturales, una contextualización impresce- -y en nuestro país lo hacen muchas cada año- -se cindible si se quiere facilitar la labor de todos los agenpone en peligro la necesaria diversidad de un mercates implicados. Y también es insatisfactoria, tímida o do de ideas en el que lo que más se vende no tiene por excesivamente lenta la tramitación y puesta en marqué ser lo mejor en términos de calidad. El auténtico cha de los instrumentos jurídicos necesarios para el librero, a diferencia del que vende libros como un establecimiento de un marco eficaz de funcionamienproducto más de una extensa gama o, incluso, como to para la cadena del libro: me refiero básicamente a la gancho para atraer al cliente hacia mercancías más reforma de la ley de Propiedad Intelectual- -más allá rentables, lo suele tener presente. Por eso en sus mede meros ajustes para adecuar la existente a la normasas de novedades- -o, al menos, en sus estanterías- -tiva comunitaria- y a la promulgación de una nueva todavía queda espacio para esos otros libros que los Ley del Libro que enfrente con audacia los problemas hipermercados ignoran en beneficio casi exclusivo más acuciantes; incluyo, entre ellos, la clarificación de los superventas. Proteger la librería no es una de la nebulosa situación del llamado precio fijo en cuestión de nostalgia, sino de pura y simple salud tierra de nadie desde que el gobierno del Partido Popucultural. Y democrática. lar decidiera excluir de la norma el libro de texto. R M